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Juan Orlando Hernández el 91441-054 en el Centro Metropolitano de Brooklyn

Juan Orlando Hernández el 91441-054

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Por: Viena Hernández

Tegucigalpa. – El expresidente de Honduras, extraditado por cargos de narcotráfico a Estados Unidos, Juan Orlando Hernández, ahora es identificado con el número 91441-054. por la Oficina Federal de Prisiones (BOP, por sus siglas en inglés), como cualquier otro recluso.

Dentro de los registros de la BOP aparece identificado como Juan Hernández Alvarado, un hombre blanco de 53 años y recluido en el Centro Correccional Metropolitano de Brooklyn (MDC Brooklyn), ubicado al sur de Manhattan, en la ciudad de New York, Estados Unidos.

Esta cárcel federal es considerada una de las más grandes del país del norte. En el centro de detención administrativo federal, hay hombres y mujeres bajo todos los niveles de seguridad y es una división del Departamento de Justicia de Estados Unidos.

Según un reportaje de The New York Times, en conversación con algunos de sus exreclusos, abogados y revisión de declaraciones escritas, este centro es considerado como menos habitable que la Bahía de Guantánamo, ubicada al extremo suroriental de Cuba.

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TRATO SEVERO PARA LOS MÁS PELIGROSOS

En esta fortaleza hay cientos de reclusos, muchos categorizados como de “alto riesgo”, como ser, narcotraficantes, terroristas, estafadores, quienes son los condenados por los cargos más severos, sufren de las condiciones de aislamiento más duras, tanto así que entre ellos se han detectado la pérdida ligera de la vista o hipermetropía.

Este fue el lugar que recibió al líder mexicano del Cártel de Sinaloa después de ser extraditado, Joaquín “El Chapo” Guzmán Loera. Otro recluso “de alta peligrosidad” -como también denominó Estados Unidos a Hernández-, que pasó por este Centro Correccional, fue Ramzi Ahmed Yousef, el autor intelectual del bombardeo de 1993 contra el World Trade Center de New York, edificios conocidos como las Torres Gemelas.

El director ejecutivo de la Oficina de los Defensores Federales de New York, David Patton, mencionó en una entrevista para el periódico neoyorkino, en referencia a el trato de la cárcel y sus medidas contra los reclusos: “Las unidades segregadas son horripilantes e inhumanas. Si quieres diseñar un lugar para volver loca a la gente de manera intencional, sería difícil hacerlo mejor”.

El trato para los encarcelados más peligrosos es distinto a los que tienen cargos menos severos, mientras sus compañeros cuentan con algunos beneficios de recreación como jugar al baloncesto, estos son ubicados en una media decena de celdas, en una sección llamada 10 South.

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En esa parte de la prisión, tienen prohibido hablar entre ellos, se mantienen solitarios, con las luces encendidas de 23 a las 24 horas del día. Algunos reclusos han escrito libros sobre su experiencia y la de otros, uno de ellos, Hell is a Very Small Place: Voices from Solitary Confinement (El infierno es un lugar muy pequeño: Voces del confinamiento solitario), publicado en 2014, reúne varias de estas experiencias.

No hay radios, mucho menos televisores, tienen acceso a algunos escritos como periódicos o revistas, pero estos llegan con muchos meses de tardanza, desfasados e, incluso, con hojas recortadas, siendo estas reglas parte de las medidas administrativas especiales. Así pasan sus días y noches, en pequeños espacios con ventanas opacas, para evitar ver hacia afuera, además, la única parte que se abre está en la puerta y solo sirve para introducir los alimentos, pero está permanece cerrada casi todo el día.

En 2019, más de mil de sus recluidos sufrieron la falta de electricidad a causa de una fuerte ola de frío, razón por la que varios reportaron problemas de salud. Abogados señalaron que, debido a las protestas de los reclusos, luego hubo represalias, algunos fueron rociados con gas pimienta y otros aislados, esto fue parte de un informe de la revista electrónica The Intercept.

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EL TRATO PARA JOH EN HONDURAS

Antes de ser extraditado, Hernández tenía varios beneficios en Honduras, los que no tuvieron otros extraditados. Hernández Alvarado, fue captado más de una vez haciendo ejercicio en el plantel de la Dirección Nacional de Fuerzas Especiales (DNFE) conocido como escuadrón Cobras.

A lo largo de su proceso de extradición recibió visitas de su esposa Ana García Carías, incluso, tuvo la posibilidad de escribir cartas dirigidas a la población mediante las que mantenía su discurso de víctima de narcotraficantes confesos y que trascendieron a través de los medios de comunicación y redes sociales.

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Además, el 16 de marzo, luego de su segunda audiencia, cuando los magistrados de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) anunciaron el fallo a favor de su extradición, Hernández pudo grabar varios videos. Uno de estos, fue un mensaje para quejarse del trato de la Policía Nacional, que aprovechó para solicitar más beneficios desde la silla del titular del Poder Judicial, Rolando Argueta, acción que fue fuertemente cuestionada por diversos sectores.

Entre tanto, también gozó de una cama matrimonial y de estar en un plantel espacioso con revisiones médicas constantes, así como de la posibilidad de divagarse cuando salía a la terraza del edificio, donde hacia sus ejercicios matutinos y podía ver la luz del sol.

La realidad de Hernández dio un giro de 360 grados, pasó de tener el poder a estar encarcelado en Estados Unidos, país que una vez le dio su apoyo, pero que ahora definirá su futuro en prisión.

El Departamento de Justicia en Washington D.C. reafirmó que utilizó a Honduras como un narcoestado, fuerte y contundente señalamiento que, aunque Hernández desestimó durante su arresto en Tegucigalpa superponiéndose con un semblante de seguridad y confianza,  lo hizo cambiar su expresión al llegar al país del norte, de hecho, medios de comunicación lo captaron viendo a través de una ventana con la mirada perdida.

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