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Un fraude en las elecciones generales puede traer graves consecuencias para el país: Edmundo Orellana

Un fraude en las elecciones generales

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Tegucigalpa.- La incertidumbre de los resultados en las elecciones generales se puede traducir en un problema de graves consecuencias para el país, dijo el ex fiscal general Edmundo Orellana.

La razón es porque Honduras se encuentra inserta en una crisis “que creo que no ha vivido el país nunca”, que vuelve más complejo el ambiente electoral, agregó el abogado y catedrático universitario durante su participación este lunes en el «Foro con Criterio» de Criterio.hn. 

“Ya hemos visto en 2017 cómo reaccionó el pueblo hondureño ante el fraude perpetrado por el actual gobernante para continuar en el gobierno y si eso se repite en estas elecciones que vienen no sé en qué proporción va a ser la reacción, pero va a ser mucho mayor” a la de los pasados comicios generales, consideró el profesional del derecho y catedrático universitario.

Orellana lamentó que “desafortunadamente” los políticos no están viendo con claridad ese “elemento de peligrosidad”, por las decisiones que se están tomando en torno al financiamiento y a los intentos de transparentar el proceso electoral.

“Vemos cómo hay un grupo que se resiste”, señaló en alusión a la tardanza del Congreso Nacional en aprobar el presupuesto para que el CNE adquiera un sistema para la transmisión electrónica de los resultados electorales de cara a las elecciones generales del próximo 28 de noviembre.

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Para el ex fiscal general, la lucha que está haciendo el CNE por ofrecer un proceso medianamente transparente debe ser apoyada, “si ellos piden presupuesto es porque lo necesitan y debe dársele”.

Uno de los principales escollos para la transparencia de los resultados en las elecciones de noviembre tiene que ver con las mesas electorales que “siguen estando en manos de los partidos políticos y de los activistas políticos”.

En el caso particular del Partido Nacional, los miembros de las mesas electorales muy poco han cambiado y tienen una experiencia “gigantesca” que aplican con el propósito de distorsionar el voto porque están allí para pelear el voto de los candidatos que los han puesto allí y no para defender el voto de los electores ni para proteger la democracia.

“¿Cómo lo hacen, pues llenado espacios, convalidando votos nulos o llenando votos blancos y, finalmente, poniéndose de acuerdo en la confección del acta” porque “aun cuando el acta sea digital el problema es en la confección de los resultados, del escrutinio, allí es donde se produce el fraude”.

De allí que a su juicio el elemento innovador que pretende implementar el CNE con la Transmisión Electrónica de Resultados Electorales (TREP) “al menos sustrae del proceso la participación de los activistas que trabajan en el CNE y que en las respectivas bodegas hacen y deshacen con el material electoral que llega allí”.

Al respecto, el analista política Rafael Jerez opinó que sin presupuesto no es posible garantizar unas elecciones transparentes, aunque “para muchos políticos es rentable decir solamente que hubo elecciones y que por sostener elecciones ya hay legitimidad democrática”.

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Las innovaciones como las que propone el CNE pueden ayudar “siempre y cuando exista supervisión ciudadana” y ese es un componente que no tiene que proceder necesariamente de las instituciones, “pero que sí depende de los ciudadanos acompañar el proceso como observadores y que sean los ciudadanos que no solo ejerzan el sufragio sino que puedan presenciar cómo funciona la mesa, cómo se da el escrutinio y contribuir a mitigar el riesgo”, opinó Jerez.

Clientelismo electoral

Finalmente, para el director del Centro de Documentación de Honduras (Cedoh), Víctor Meza el proceso electoral se resume en dos palabras, incertidumbre y preocupación.

“No hay cultura democrática sin cultura electoral, pero sí puede haber cultura electoral sin cultura democrática, y eso es lo que nos sucede en Honduras, que hemos construido ese conjunto de hábitos que supone la elección y la votación pero no hemos construido paralelamente ni diseñado modelos de cultura política democrática”.

Ese déficit en cultura democrática “más temprano que tarde se traduce en debilidad, en vulnerabilidad y en corrupción de los procesos electorales”, lo que lleva a desembocar en la incertidumbre y falta de certeza en que se encuentra el país en la actualidad.

 

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