Las teorías conspiratorias como signo del siglo

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle                                      

Por supuesto tienen antecedentes. Desde siempre hay quien se alucina y quien falsifica. En tanto se busca desvelizar una trama encubierta, desde que el taumaturgo inventó la supremacía divina de una casta reinante, y nació quien lo cuestionara, enfrentamos una conjura.

De repente, hay un arquetipo de conjetura que se corresponde con una estructura profunda de la mente. ¿Acaso la religión no es una cábala? que ya tiene unos 30 mil años en su núcleo, y que revolucionada -hace tres mil- comportó un avance ético, aunque todavía se usa contra sus principios. Con todo respeto, digo, porque cada uno -mientras no pretenda autoridad sobre los otros- tiene derecho a sus creencias, y yo a mis dudas. Y no sé si ¿sería ofensiva la idea de un dios concernido con lo humano y aún con lo cotidiano, fuera una co-inspiración? ¿La ciencia también se origina en un teorema de gran conspiración? El primer científico es un místico

Por siglos, tanto científicos y matemáticos pensaban que podrían descifrar el misterio de la divinidad. Pitágoras aseguraba escuchar en sus números la música de las estrellas. Isaac Newton descubridor, de la Gravedad, hizo laboriosos cálculos para precisar la duración del milenio cristiano. En todo caso, las teorías conspiratorias de hoy podrían ser el equivalente en nuestro tiempo de lo que -en la Era de Fe- fueron las mitologías del Diablo, conspirador por excelencia, y su aquelarre, de quienes fueron víctimas los más excelsos pensadores religiosos hasta el s. XVII.

Pero hay un consenso amplio y rigoroso. En el s. XX las teorías conspiratorias modernas han surgido con y a la sombra de los medios masivos. Quizás necesitan esa transmisión caliente para reproducirse en escala. Con la radio de los 1920s, brotó la teoría de la conspiración sionista, a la que se imputaba una traición contra Alemania en la guerra, que más tarde inspiró la paranoica persecución nazi del judío. Con la TV floreció luego la conspiración comunista, que dio pie a la guerra fría entre 1954-1985 y al anticomunismo delirante, que perseguía a todo liberal sospechoso. No es simple, ni inocua la cuestión. Tengo amigos brillantes que caen en todas las teorías.

Muchas especulaciones parecen más inteligentes que las versiones oficiales. Y a todos nos gusta sentirnos más perspicaces o astutos que otros mortales, aunque eso se fundamente en un jeroglífico. Sobre la base de poca información, fragmentaria, es muy fácil inventar una quimera. Mi padre se burlaba de la conspiración narvática, decía, todas y ninguna.

Nunca hay que olvidar que igualmente los paranoicos, pueden tener enemigos verdaderos. Y que hay conspiraciones genuinas, la de JOH. Por supuesto que existe un estado profundo en varios países, no solo en EUA, aunque no haga todo lo que se le atribuye. ¡Que la CIA ha matado a mucha gente, muchos más aún que los conocidos, aunque no a todos cuyas muertes le atribuyen, porque sí! Los narcos civiles de verdad conspiraron con la clase política, desde fines los 1990s para copar al Estado hondureño. Ese no es ningún cuento. Está documentado.

Atrás de los hechos llanos, suele haber un relato, y un hilo conductor que junta y conduce y se concierta a una explicación. Pero ese hilo no se induce. Mucho menos aparece revelado. Hay que descubrirlo. (Lo dijo primero Sócrates. Que lo esencial está y -si no lo cuestionas y averiguas- permanece oculto.) La gente inteligente -a saber, la gente crítica- no cree en verdades reveladas, es humilde, entiende que sabe poco o nada. Y solo lo que saca a su luz.

Atar cabos, para juntar los puntos con que se comunican las líneas, para -con toda la cautela del caso- deducir una conclusión es un ejercicio indispensable. La inteligencia genera, si no es ella misma una capacidad para conectar los datos, los que no puede relacionar su contrario, la torpeza mental. Cuando se ejerce entonces sobre un conglomerado empírico, la teoría asciende a hipótesis de trabajo, instrumento de ciencia. Porque la investigación discrimina, valora la contrainstancia, descarta lo inútil.

Otra cosa distinta es incontinentemente desvariar en líneas paralelas a lo real. Inventan la poesía para fabricar belleza, y la técnica para aprovechar en forma práctica un conocimiento, No la ciencia. Fantasea el arte, no el análisis.

Ojalá me equivoque al pensar que se vuelven sintomáticas de nuestro tiempo. ¿Síndromes? En parte también -hoy- por esta tecnología del Internet que, pese a ventajas de velocidad y diversidad, también tiene peligros, deslizaderos.

La actual proliferación de teorías conspiratorias ¿es la indómita irracionalidad del subconsciente colectivo, que vuelve por sus fueros atávicos, contra un barniz de razón, ciencia y civilización? Valga en todo caso la alerta. ¿Será que la post modernidad también es una era post científica? ¿Ha caducado el paradigma del sentido común y razón llana? Tomen nota. ¿Peligra un nuevo ocultismo, de razonamiento circular y sinrazón y por lo mismo irrefutable?

Aunque amenazan con eso, no pienso que sean del todo inevitables o vayan a prevalecer sin más, esa clase de especulaciones fantasiosas contra el pensamiento sistemático, y el espíritu crítico de las ciencias. Que hoy avanzan en todos sus campos, a pasos agigantados, en la genética, la biología molecular, la geo y la astrofísica.  Incluidas las ciencias sociales y las humanidades. En el derecho internacional que afianza una nueva comunidad de las naciones, la defensa global de los derechos universales, la sociología práctica y la nueva política de construcción democrática desde abajo.

Veo a mí alrededor y escucho voces de lucidez, incluso deslumbrante. Nunca hubo una izquierda progresista como hoy en EUA, ni para el caso en Honduras. Había comunistas claro, que no tenían ni remotas posibilidades de poder. Que los liderazgos políticos no estén a la altura es otra cosa. Parece claro que doquier hay un despertar cívico de los pueblos. Y también hay liderazgos nacionales genuinos, modernos, limpios, incuestionables. Me consuela la claridad de los colegas, la visión que tienen mis amigos jóvenes, mis hijos. Su comprensión del mundo real, a pesar de prejuicios y disensos.

Las teorías conspiratorias en todo caso son una distracción. Circula hoy un panfleto asegurando que hay una guerra mundial secreta y que Trump es la única defensa, de modo que si no es reelecto, el Comunismo internacional habrá prevalecido, ¡incluso cuando eso ya no existe! Porque ya no hay, desde que cayó el muro y llegó Deng al poder, una constelación del signo.

Ciertamente sorprende la proliferación de nuevos tipos de teorías conspiratorias, a cual más descabellada, y su propagación y popularidad, en las redes. De distintos signos ideológicos, aunque ¿acaso por mi perspectiva? destacan más las de derecha, Desde las más inanes hasta las casi trascendentes. Una confusión que relaciono con el extravagante gusto por lo fantasioso en el entretenimiento.

El Covi 19 ha engendrado una era dorada de teorías que postulan enemigos ocultos, internos y externos. En EUA nació la teoría que Trump reclama del origen del virus en un laboratorio de armas biológicas en Wu Han. Otra aseguraba que el Covi 19 había sido inoculado en la vecindad precisamente, por agentes de inteligencia militar de EUA que habrían participado ahí en un conclave. ¡Que no es un virus natural, sino una criatura, un frankestein fabricado para aterrar al mundo! Decía otra, para controlar la población mundial, un genocidio ¡en que supuestamente estaba empeñado Bill Gates! Lo cual contradice todo lo que sabemos de la evolución, de la historia milenaria del tema y de B. Gates, filántropo. En ningún caso tienen pies ni cabeza esas fantasmagorías Y sin embargo dieron vueltas infinitas y tuvieron eco, las encontrabas en cualquier lado, y después en otro, ¡hasta que concluías que no podías filtrarlas!

QAnon se llama la última que también suscribe ¡quien más si no contradictoriamente Trump! y que asegura que el covid es una farsa cuyo propósito es desviar la atención de un círculo demócrata de pedófilos cultores de Satanás que así trabaja para robarse las elecciones. Y ahora que Trump finge tenerlo, para atrapar a Clinton. ¡Veinte candidatos republicanos al Congreso suscriben esa estupidez, en público!

En los últimos días, he visto a mis amigos de un medio local defendiendo la necesidad de recurrir a esas teorías y de defenderse contra quienes los ponen sobre aviso, al respecto, alegando que solo recurriendo a esa clase de artificio se puede hacer sentido de la dictadura, en realidad fincada en el apoyo externo, la corrupción y el poder de fuego mercenario. Y están perdidos pues. Porque la teoría útil debe basarse en datos empíricos corroborables y la necesidad de su explicación lógica.

Juan O. inventa que un movimiento político de oposición impulsa las caravanas, sin proveer una sola prueba, y ahora me pregunta un colega mexicano si las ¿caravanas migrantes indican a una conspiración de iglesias fundamentalistas ligadas a Donald Trump, que tienen la intención de provocar un escándalo que refuerce la xenofobia racista? Lo que equivale a no entender nada, porque ese es un recurso agotado en EU. Y finalmente, y ese es el problema fundamental de estas teorías, porque no hace falta en absoluto para entender

Para explicar, cómo hace el experto Guadalupe Ruelas que las caravanas responden a la falta de oportunidades, a la pobreza sin expectativa, a la violencia endémica, se organizan para escapar de un infierno real y tomar por asalto lo que han dicho a la gente que es el paraíso.

Al final, me queda claro que, más que con otra cosa, la teoría conspiratoria se corresponde con una ansiedad neurótica, una ignorancia supina y con nuestra novel desconfianza generalizada en nuestro rumbo. Surte de la paranoia, del oscuro miedo indiscriminado y de la mala conciencia. Pues evade la propia agencia y o busca obviar la obligación ética de la solidaridad. O será ¿por alguna contaminación indetectable? ¿En el agua condensada que se dispersa -desde el rastro de estela del jet- que asperja tóxicos? ¡En guardia lector amigo! ¡Atchus! ¡Alerta! ¡No te dejes!

Un comentario en “Las teorías conspiratorias como signo del siglo

  • el octubre 10, 2020 a las 8:48 am
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    Este si sufre agudamente de Trump Derrangement Síndrome (trastorno hacia todo Trump. Que lastima.

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