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Congreso Nacional trasfiguró cultura política autoritaria que impuso régimen del Partido Nacional

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Tegucigalpa.- Diversos analistas políticos entrevistados por Criterio.hn, concuerdan que el Congreso Nacional, con la nueva conformación de fuerzas políticas, transfiguró una política autoritaria y dictatorial por una cultura un poco más democrática, con diputados beligerantes contra pretensiones oscuras.

Durante los últimos tres periodos legislativos (2010-2014, 2014-2018, 2018-2022), el Congreso Nacional estuvo al mando del Partido Nacional instaurando una estructura autoritaria que promovió la aprobación arbitraria e ilegal de leyes y promovió el régimen criminal que erigió el exgobernante Juan Orlando Hernández, extraditado a Estados Unidos por delitos de narcotráfico.

Tras las elecciones de noviembre de 2021, el Partido Libertad y Refundación (Libre) se volvió la fuerza política mayoritaria con 50 diputados seguido por el Partido Nacional con 44, el Partido Liberal con 22, el Partido Salvador de Honduras (PSH) con 10 y la Democracia Cristiana (DC) con el Partido Anti Corrupción (PAC) con 1 diputado.

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Aunque la integración de la Junta Directiva del Congreso Nacional se revistió de una crisis política al instaurarse un Poder Legislativo con dos bandos como autoridades, al final se solventó con acuerdos políticos al interno del Partido Libre siendo Luis Redondo quien asumiera la titularidad que aún opositores siguen cuestionando.

Para el sociólogo Armando Orellana, los avances democráticos en el Congreso Nacional, deben ser valorados como un nuevo escenario político que “no hubiese sido posible en las condiciones anteriores de los doce años de autoritarismos donde la cultura política fue totalmente vertical”.

“Recordemos esas dinámicas que prevaleció el fraude, elementos de manipulación con las famosas fe de erratas y otras acciones que se realizaban con el propósito de salirse con la suya los grupos de poder y la élite política compuestas por los partidos políticos tradicionales Partido Nacional y Partido Liberal”, añadió.

Considera que ahora no solo se plantean centros de debate y deliberación con el propósito de estructurar la legislación, la normativa y fundamentar las políticas públicas que remite el Poder Ejecutivo, también los diputados han tomando un papel preponderante y beligerante no maniatados directamente a la política partidaria.

“Antes los diputados no eran representantes del pueblo, eran representantes de intereses oscuros, grupos fácticos, fundamentalmente seguían una línea trazada en el cual no cabía discusión, sino que incluso había en los debates, eliminarle los famosos tres debates y quedarse solo con uno porque decían que ya estaba amarrado o, detrás de la misa negra, realizados los acuerdos para favorecer esos grupos de poder”, cuestionó.

Orellana valora que “se está tratando de desmontar esa estructura durante 12 años, con una oposición reaccionando, otros diputados que asumen posturas independientes”.

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Para el caso, el Partido Nacional expulsó al diputado Rolando Barahona por no mantener la línea del partido, este declara que no será parte de las arbitrariedades que cometió el Partido Nacional en el pasado reciente.

También, dentro de las filas del Partido Liberal unos cinco diputados se han desvinculado de las posturas partidarias que emanan desde el Consejo Central Ejecutivo del Partido Liberal (CCEPL) dirigido por el exconvicto Yani Rosenthal.

Asimismo, dentro del partido de gobierno varios diputados mantienen posturas disidentes e incluso instan a la propia presidenta Xiomara Castro esperar aprobar leyes respetando someterlas al debate necesario.

El propio PSH que mantiene una alianza política con el Partido Libre, en varias ocasiones no ha acompañado proyectos de ley demandando mayor sociabilización y consenso entre todas las fuerzas políticas.

“Hay una exigencia mayor de la ciudadanía para que el diputado tenga ese carácter de beligerante, de un actor protagónico, no simplemente un agente sobre la acción propiamente de asumir una línea de carácter ideológico que muchas veces hay intereses de grupos”, señaló Orellana.

Agregó que existe un cambio de cultura política por un mando horizontal y no como en los últimos años que se caracterizó por un manto vertical.

Similar criterio tiene Luis de León, director del Instituto Holandés para la Democracia Multipartidaria (NIMD por sus siglas en inglés), quien resalta que, si bien hay avances democráticos, falta un mecanismo interno que promueva más diálogos partidarios.

“Al Congreso Nacional lo que le ha faltado es un mecanismo interno de diálogo y eso es evidente, no hay un gran acuerdo una gran metodología para dialogar y eso ha dificultado muchas cosas, sin embargo, hemos visto algunas bancadas beligerantes, especialmente tratando de pedir mayor discusión de lo que se aprueba, deroga o reforma y eso es bueno porque en una democracia todos deben opinar, tener criterios y plantearnos. Vemos un mover interesante en el Congreso”, declaró.

De León, concuerda que “el Congreso Nacional anterior fue impositivo, la cuarentena sirvió para aprobar muchas leyes sin tener los votos mínimos necesarios eso se prestó a mucho conflicto partidario eso no se puede ocultar, en el actual congreso en algunos momentos parece que fluye la oportunidad de hablar en otro momento parece que se restringe”.

Por lo tanto, reitera que se requiere la consolidación de un mecanismo interno de diálogo.

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DIVERSOS FACTORES

La investigadora y socióloga, Leticia Salomón señala que en este cambio de cultura política intervienen varios factores, que se cambió de una cultura política autoritaria a una cultura democrática que facilita el debate y procura el consenso.

“Entre una y otra hay un abismo de diferencia, es evidente que en el gobierno anterior había una cultura política autoritaria expandida desde el Poder Ejecutivo al Poder Legislativo y dentro del Legislativo al Partido Nacional que controlaba los hilos de poder”, detalló.

Otro elemento que manifiesta es que “no tenemos una clase política acostumbrada al debate, a la tolerancia y el respeto a las diferencias”, en ese sentido, expresa que, por lo general, se concibe el debate como posiciones contrapuestas en que “gana el que grita más o el que es más vivo para imponer su criterio”.

“Tenemos un déficit grave de debate, de tolerancia y respeto en general en el país y muy específicamente en el Congreso Nacional”, apreció.

No obstante, considera positivo debatir respetando lo contemplado las normas orgánicas del Poder Legislativo, pero critica que hay posiciones de diputados en las cuales algunos se oponen solo por oponerse a aprobar leyes de trascendencia, otros por atajar cualquier iniciativa que venga del Poder Ejecutivo y favorezca a este pretendiendo boicotear al gobierno y otros que por desconfiados o por no estudiar y revisar los proyectos de ley asumen, sin fundamentos, que existen intereses perversos.

Salomón instó a los congresistas que, para promover un debate democrático “se necesita leer y estudiar”, porque “no se puede ir a un debate si no se basa sustantivamente”.

“No se preparan para leer las propuestas, con debates de escaza altura, con vicios de politización, destruyendo la cultura política democrática”, concluyó.

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