Reflexiones incomodas sobre Covid-19 no aptas para ingenuos (1a parte)

Por: Tomas Andino Mencía

 

INTRODUCCIÓN

Desde marzo de 2020, el mundo se ha paralizado. La alarma sobre el COVID19 ha establecido tal estado de pánico planetario, que podríamos decir que hay un “estado de shock” o incertidumbre en la mayor parte de la población mundial, del cual gobiernos, grandes empresarios, narcos y oportunistas de todo tipo se están aprovechando.

Como me propongo demostrar, esta historia de la pandemia tiene verdades a medias. Una parte de su narrativa es razonable, pero otra es una total manipulación. Existen también áreas oscuras que ameritan esclarecimiento. Es necesario ponerle pensamiento crítico a este tema para darle al fenómeno que nos ocupa su justa dimensión a fin de no ser presa de agendas inconfesas, cualquiera que sea su origen. En este ensayo me hago preguntas y externo reflexiones basadas en la información disponible para aportar un granito de arena al necesario debate de este tema.

En este esfuerzo, que publicaré en varias partes debido a su extensión, me baso en fuentes de entidades o profesionales especializadas o lo más confiable posibles, alejándome de los especuladores y alarmistas. Por supuesto, cualquier opinión contraria o cuestionamiento será bienvenido siempre y cuando tenga el debido sustento profesional. En cuanto a las fuentes en materia de salud, salvo que precise otra fuente, la información se sustenta en portales oficiales de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Empecemos.

  1. ¿QUIÉN ES EL PELIGROSO, EL VIRUS O EL SISTEMA?

De acuerdo con las estadísticas oficiales, desde la primera persona contagiada en China, ya superamos los 4 millones de infectados de COVID19 en el mundo y la cifra de muertes está por llegar a las 300 mil personas. Estas cuentas reflejan principalmente la realidad del mundo industrializado (Europa, Norteamérica y países asiáticos más desarrollados); pero aún falta evaluar los estragos que ocasionará en los países más pobres del mundo. Algo terrible.

A la luz de estas estadísticas fatídicas, pareciera ociosa la pregunta sobre la peligrosidad de la enfermedad. Pero en este mundo no todo es lo que parece, especialmente cuando hay cosas que no cuadran ¿Cómo es posible que, en plena época de Inteligencia Artificial, viajes a Marte y 5G, una microscópica proteína que se desintegra con lavarse las manos y que puede prevenirse con medidas de higiene y guardando prudencial distancia, tenga de cabeza al mundo? Los números por sí solos no explican las cosas; es necesario interpretarlos, y para eso está el pensamiento analítico.

Empecemos por lo básico. ¿Es realmente tan peligrosa la enfermedad como se la pinta?

En base a la experiencia de China, la OMS supo que no estaba ante un virus asesino, como el ébola o la viruela. Su estadística indica que más del 80% de los infectados de COVID-19, en promedio, no sufre ninguna complicación, dentro de estos entre el 25% y 50% ni tendrá síntomas, y alrededor del 20% requerirá algún tipo de atención sanitaria incluida hospitalización; de estos últimos entre el 3% al 4%, podría morir, variando según los países. El Imperial College, una de las más reputadas autoridades internacionales en esta materia, ha actualizado el porcentaje de letalidad en base al estudio de más de 77 mil casos de decesos en China, con números corregidos, ubicándolo entre 0.66% y 1.38%.  (1)

La reacción de la OMS declarando pandemia el COVID-19 no se hizo creyendo que estábamos ante un monstruo en sí. Se fundó en dos aspectos, según lo explicó su Director, Tedros Aedhanom Ghebreyesus, en su alocución del 11 de marzo (2): 1) la propagación del virus tenía lugar en forma muy veloz; a tal grado que en un mes el número de casos se multiplicó 13 veces desde el primer infectado y se triplicó el número de países desde el primer día, algo que preveía una tragedia en una humanidad que no cuenta con anticuerpos para defenderse ni vacunas para prevenirlo biológicamente; y, 2) la necesidad de ser oportunos, llamando con anticipación a los países a prepararse para enfrentarla, ya que se sabe que los sistemas de salud pública son muy débiles, especialmente en los continentes y subcontinentes menos desarrollados como África, América Latina y Asia.

Tomando en cuenta estos factores, la OMS no tuvo que esperar una gran masividad ni mortalidad de casos para definirla como pandemia; se declaró con 118,000 contagiados y 4291 muertes que es relativamente poco. Y lo recomendado fue: “Primero, prepararse y estar a punto. Segundo, detectar, proteger y tratar. Tercero, reducir la transmisión. Y cuarto, innovar y aprender” (Discurso del director de la OMS, 11 de marzo 2020). No dijo ¡Hagan pánico!

Por tanto, el problema no es la letalidad del virus en sí, la cual es baja, sino las deficiencias humanas, tanto biológicas como sociales y políticas. La deficiencia biológica es la ausencia de inmunidad para esta cepa de coronavirus, sobre lo cual nada se pudo hacer en el principio, y la deficiencia social tiene un nombre: neoliberalismo o capitalismo salvaje. Esto último se expresa en el estado deplorable de los sistemas de salud pública en el mundo donde tras cuarenta años de neoliberalismo se han vuelto incapaces de resistir el embate de una enfermedad por poco virulenta que sea, al menos para la mayoría de la población.

El resultado del impacto del COVID19 ha sido diferenciado según el tipo de organización social y económica imperante. Los países que aún conservan trazos de sistemas de salud pública heredados de los “Estados de Bienestar” como el norte de Europa y los países escandinavos, o Irán, Venezuela y Nicaragua; los que tienen matrices socialistas de economía y aquellos que aún conservan legados de los Estados socialistas del pasado reciente, como Rusia, Vietnam, Cuba o China; y los países que aun siendo neoliberales tuvieron que contradecir esta doctrina para improvisar una práctica “populista” de preocuparse por la población nacional, como Taiwán, Corea del Sur, Singapur, México, entre otros, todos fueron afectados más o menos duramente, pero tuvieron mucho menores tasas de mortalidad y se están recuperando exitosamente en poco tiempo.

En cambio, los países cuyos sistemas de salud pública están absolutamente privatizados, como Estados Unidos, o aquellos que estaban demasiado debilitados por décadas de neoliberalismo como Italia, España, o los que se empecinaron en priorizar prácticas de neoliberalismo o capitalismo salvaje bajo gobiernos de ultraderecha como Ecuador, Bolivia, Perú y Brasil, están pagado carísimo con decenas o centenares de miles de muertos la privatización absoluta o el rápido desmantelamiento de los sistemas de salud públicas del pasado.

En el caso de Honduras, donde el neoliberalismo prácticamente ha desmantelado el sistema de salud pública, la enfermedad no ha mostrado todavía su mortífero efecto porque el virus llego tardíamente a nuestras tierras. Afortunadamente, el transporte aéreo intercontinental se paralizó temprano y por eso el primer caso de infección se detectó en el país el 11 de marzo; y además porque funcionó parcialmente la decisión de declarar la cuarentena exigida por el gremio médico para frenar los contagios. Gracias a eso, en un inicio hubo relativamente pocos casos.

Sin embargo, la práctica incompetente, corrupta y negligente del régimen en estos dos meses y medio, que no solo ha excluido de la toma de decisiones a los profesionales de la salud más competentes, sino que succionó todos los recursos destinados a la emergencia para sus grandes negocios, nos tiene listos y servidos para un paso devastador de la enfermedad. De hecho, oficialmente la pandemia ya sobrepasó el límite de los mil casos y es de esperar un auge exponencial en el próximo mes. Lo peor es que el desastre parece convenirle al régimen para sus propósitos económicos, políticos y criminales.

En suma, no es el virus en si el gran problema. El gran problema es la infinita estupidez humana materializada en el capitalismo salvaje que algunos todavía se empecinan en mantener, y en regímenes barbáricos que se nos imponen a los pueblos.

COMENTARIOS A PIE DE PÁGINA Y REFERENCIAS BIBLIGRÁFICAS

(1)  EL reportaje de la Agencia EFE explica: “Un estudio, elaborado por universidades británicas a partir de datos de la expansión de la COVID-19 en China, estima que la tasa de mortalidad de la enfermedad es del 0,66 %, si se tiene en cuenta que una parte de las infecciones no llega a confirmarse. Si se analizan únicamente los casos confirmados, la tasa de mortalidad del nuevo coronavirus SARS-CoV-2 sería del 1,38 %, según el trabajo publicado hoy lunes en la revista «The Lancet Infectious Diseases», desarrollado en base 70 117 casos clínicos diagnosticados en China.” Ver:  Un estudio sitúa la tasa de mortalidad del COVID-19 en el 0,66 %, disponible en: https://www.efe.com/efe/america/sociedad/un-estudio-situa-la-tasa-de-mortalidad-del-covid-19-en-el-0-66/20000013-4209130

 

(2)  El discurso del director de la OMS está disponible en

https://www.who.int/es/dg/speeches/detail/who-director-general-s-opening-remarks-at-the-media-briefing-on-covid-19—11-march-2020 

(Espere la parte 2)

2 comentarios en “Reflexiones incomodas sobre Covid-19 no aptas para ingenuos (1a parte)

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