Por: Efraín Bu Figueroa
Es una figura mediática, nada rara en nuestro medio. Impulsada fuertemente por los medios corporativos en los últimos años, que se ha popularizado, ya sea por la pandemia o por las recientes campañas electorales.
Estos personajes protagónicos llaman mucho la atención, y convencen a colectividades, impresionan, incluso a los mas educados. En general son muy “sobrados”, dentro de su campo de actividad. En muchas ocasiones no son exitosos dentro de sus propias profesiones u oficios, pero demuestran capacidades de comunicación y persuasión; son muy aceptados en poblaciones de escasa o ninguna escolaridad.
Muchos de ellos se mantienen profesionalmente dentro del campo gris de la medianía, pero incursionan fuertemente en sus temas. Tratan de ser sabios en su propia opinión y llegan a convencer a incautos y versados.
Durante la pandemia y el periodo electoral y poselectoral han surgido en abundancia, como opinadores y “científicos” hasta debajo de las piedras, con opiniones atrevidas, especulativas y agoreras.
Algunos tienen objetivos de alcanzar posiciones, ya sea reconocimiento social o posiciones publicas, y si, que lo logran; como en los tiempos de nuestra educación primaria o secundaria: el que hablaba primero resultaba ser el presidente del grado o del curso.
Así, hoy tenemos muchos de estos que traspasan el Rubicón, la frontera de la prudencia y se auto proponen en privado o en publico, como los redentores de las crisis institucionales, y convencen lo suficiente para impresionar a sus pares. Ya lo estamos viendo en las vísperas del inicio de un nuevo gobierno.
Ello obliga a la nueva líder a ser objetiva y afinar sus capacidades selectivas de los colaboradores en su administración.
Si el propósito es generar un gobierno exitoso, capaz de batallar con los poderes facticos y satisfacer las urgentes necesidades del pueblo, la sabiduría del estadista se impone, entre saber diferenciar entre los locuaces y protagonistas mediáticos y los profesionales éticos, prudentes y reflexivos, de probada capacidad y experiencia en las complejidades de la administración publica.
Los resultados de la votación del 28 de noviembre, sin precedentes históricos, no le dan margen a la presidenta electa para fallar.
Más de un millón y medio de votantes, con grandes expectativas, no se lo permitirán, ni la disculparán, por lo que, deberá despojarse de los compromisos vernáculos, el amiguismo coyuntural y el clientelismo de siempre para conformar un equipo ganador, de probada honestidad, capacidad y pensamiento constructivo estratégico, para impulsar los cambios estructurales que la nación esta exigiendo a estas alturas del nuevo siglo. Que la sabiduría la ilumine.