Jessica Isla, escritora y feminista, comentó a Criterio.hn que, “está bien la penalización, pero si sigue el pacto entre caballeros y los culpables siguen libres las 24 horas a falta de pruebas, no habrá impacto, tiene que pasar por la voluntad política de los operadores de justicia”.
Al respecto, Cristina Alvarado, coordinadora del Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, expresó a Criterio.hn que muchos gobiernos de la región se apegan a un populismo punitivo y anuncian con bombos y platillos reformas a la ley, incrementando penas que justamente ese mismo Congreso Nacional, en otro momento y otro escenario, redujo las penas en el Código Penal que hoy está vigente.
Tegucigalpa, Honduras. – Las penas contra los femicidios fueron incrementadas, pero los femicidas siguen quitando la vida a las mujeres con mayor odio y ensañamiento, cargan con un historial de acoso, hostigamiento, violencia doméstica, maltrato familiar y delitos sexuales y, aun así, solo se convierten en otro número más para la tasa de impunidad, quedando las mujeres como otra noticia mediática colgada en las portadas y portales web de noticias.
Un clamor de justicia por parte de la madre de una de las víctimas es el caso impactante de la adolescente Michelle Argueta de 16 años, quien recibió 16 disparos de un hombre reportado por las investigaciones policiales como integrante de una mara. El femicida la acosó y hostigó sexualmente hasta que cometió el femicidio.
El 13 de junio la Policía encontró a la joven atada de pies y manos, con signos evidentes de tortura, en el sector B, una calle empedrada con bastante vegetación de la colonia Los pinos, esa zona es denominada “La Frontera” porque divide el control de la Mara Salvatrucha (MS-13) y la Pandilla 18.
Según reportes de la Policía, los vecinos escucharon una balacera a las 2:00 de la madrugada del 3 de junio y llamaron al 911, la joven habría sido secuestrada desde otra zona del Distrito Central y llevada hasta el lugar donde se encontró su cuerpo. Posteriormente el lugar fue acordonado por la Policía y se le trasladó por Medicina Forense a la morgue de Tegucigalpa.
Otro femicidio que ha dejado indignación y todavía se espera justicia es el de la enfermera que también laboraba en una farmacia, Elvia Mercedes Gómez López de 32 años, a quien el femicida Daniel Antonio Meraz Cáceres, antes de asesinarla amenazó de muerte por videollamada.
La víctima fue encontrada por su propia madre dentro de su vivienda. La autopsia legal confirmó que el femicida la estranguló. Luego de ser reportado como prófugo de la justicia, se entregó a la Policía.
“Me volvés a faltar el respeto, te voy a pelar, te voy a levantar a pija, me seguís sacando la fiera, te voy a pelar de una vez, ¿me entendiste?, aquí no le vas a meter miedo a nadie, ¿me entendiste?, me volvés a hacer otro cuadro, ¿querés comprobarlo?, volvé a responder hoy, ¿te digo algo o te hago una pregunta…?, te voy a levantar a pija hoy para que mirés qué pedos, comprobalo. Te voy a masacrar a pija. Yo no le tengo miedo a nadie, a nadie, ¿me entendiste?”, amenazó por videollamada a la víctima el femicida Daniel Antonio Meraz Cáceres.
El 15 de junio, el Juzgado de Letras Seccional de Villanueva dictó un auto de formal procesamiento con la medida de prisión preventiva contra Daniel Meraz. Actualmente, permanece recluido en el centro penal de El Progreso, Yoro, y sus audiencias posteriores se gestionaron de manera virtual vía Zoom.
Cabe destacar que, Los hijos de la víctima estaban en la casa cuando se encontró el cadáver, en la colonia Santa Fe del municipio de San Manuel, Cortés.
Este caso, así como el de otras mujeres, incluyendo a una que también fue asesinada este año, la víctima realizó 6 denuncias y la Policía Nacional y el Ministerio Público llamaron el caso como violencia doméstica todas esas veces, es decir, no hacen uso correcto de la ley, cuando dice que la primera denuncia es violencia doméstica, pero la segunda vez se aborda bajo el Código Penal como maltrato familiar.

Por esa razón, no sirve de nada tener innumerables castigos si la ley no se aplica, los operadores de justicia apuntan que, a pesar de que la pena está en el Código Penal, no pueden poner el caso como femicidio y la judicialización lleva un proceso bastante largo, un ejemplo es el de Keyla Martínez, cinco años después todavía no hay justicia y se realizará un nuevo juicio.
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NO EXISTE PREVENCIÓN
Más que la penalización, debe hacerse una estrategia de prevención contundente, porque se falla en la prevención y la reparación, no solo es la judicialización de los casos, se deben proteger las vidas, pero las casas refugio todavía no están funcionando.
“Por ejemplo, en el periodo pasado, se dio L 30 millones para hacer la casa refugio en Tegucigalpa, y lo que hicieron fue un cascarón que lo dejaron en obra gris, con L 30 millones hubiéramos hecho una súper casa, es importante también que no haya corrupción ni desvíos de fondos”, apuntó Jessica Isla.
En cuanto a la reparación tras el femicidio, se debe tomar en cuenta qué pasa con los niños y niñas que quedan huérfanos, qué sucede con los padres a quienes les asesinaron a su hija y, por otro lado, qué pasa con las mujeres que sobreviven a un intento de femicidio.
Aparte de la falta de justicia, las mujeres que sobreviven quedan mutiladas de por vida, ante esto, tendrían que llevarse a cabo otros proyectos para proporcionar prótesis, tratamiento psicosocial, mental e integral para devolverles un poco de su dignidad física.
Hay mujeres que sobreviven, pero quedan con daños luego de haber recibido un golpe en la cabeza, heridas y mutilaciones por ataque con machete o arma blanca, por lo que necesita recuperación, terapias constantes y eso con la carga y el miedo de que el agresor puede volver a intentar consumar el femicidio.
La ruta del femicidio, inicia con el ciclo de la violencia doméstica si viene de la pareja, y por el ciclo del acoso sexual en las demás mujeres. La cultura hondureña está permeada por la Pedagogía de la Crueldad, los hombres no solo matan a las mujeres lo hacen con saña y odio, se nota en cada caso, con el número de disparos, la forma en que las dejan en la calle, en un lugar público, como un tipo de humillación y desprecio.
“Como dice Rita Segato (en su libro Pedagogía de la Crueldad) este no es un problema solo de las mujeres, es un problema de la sociedad”, subrayó Jessica Isla.
Al respecto, Cristina Alvarado, coordinadora del Movimiento de Mujeres por la Paz “Visitación Padilla”, expresó a Criterio.hn que muchos gobiernos de la región se apegan a un populismo punitivo y anuncian con bombos y platillos reformas a la ley, incrementando penas que justamente ese mismo Congreso Nacional, en otro momento y otro escenario, redujo las penas en el Código Penal que hoy está vigente.

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UN TESTIMONIO DESGARRADOR
“Majo” Gutiérrez compartió un testimonio escalofriante que sufrió en colonia Los Pinos de Tegucigalpa. Por redes sociales, contó que por necesidad trabajó en una panadería y junto a su jefa en dos ocasiones se encontraron a dos pandilleros.
En una ocasión que se dirigía a su trabajo, confiada y contenta porque no iba a caminar por esa zona peligrosa ese día se subió a un taxi, pero el terror se apoderó de ella cuando el hombre no se detuvo donde le tocaba bajarse, en su lugar puso seguro a las puertas, allí entendió que la había raptado, siguió conduciendo y la llevó hasta un lugar muy solitario, yendo hacia El Tablón.
“Yo le suplicaba que por favor no me hiciera daño, que tenía a mi niño, que yo solo iba a trabajar, cuando de repente Dios puso valor en mí, abrí la puerta, me tiré del taxi y corrí mucho, él no pudo alcanzarme porque fui por un pequeño camino lleno de maleza, entonces cuando llegué a cierto punto de la nada salieron dos señores que andaban buscando leña y yo solo abracé al señor y le dije ayúdeme que me traían secuestrada”, relató la mujer.
Los dos señores se pararon frente a ella y el hombre del taxi pasó como si nada, la miró y la amenazó con la cabeza, entonces recordó que le dio gracias a Dios por haberla librado de las manos de la muerte.
Los señores que la ayudaron la llevaron hasta la panadería, y decidió irse hasta que su jefa terminó su turno, al día siguiente no volvió a su trabajo, dos días después escuchó la noticia de que habían raptado a una muchacha en un mototaxi y la mataron en esa misma zona.
Lo que hemos vivido en materia de violencia contra las mujeres y femicidios son respuestas reactivas, sin analizar profundamente las diferentes aristas y dimensiones de la violencia, de la respuesta institucional, de la necesidad de crear toda una cultura preventiva, apuntar a la prevención a través de políticas públicas, transformar los imaginarios colectivos de esta cultura machista que normaliza y legitima la violencia en la vida de las mujeres.
Cristina Alvarado compartió que el Instituto de Justicia y Paz presentó un informe, en el cual señala que del 2019 al 2025 ocurrieron 2,278 femicidios, de los cuales apenas 150 han sido judicializados y, de esos, solo 67 recibieron sentencia condenatoria.
El presupuesto nacional de la República del 2026 presenta una inversión de recursos en materia de seguridad para la Policías y los militares estrepitosos, mientras va en detrimento la inversión hacia el Ministerio Público y del Poder Judicial. Por tal razón, esa terrible violencia contra las mujeres se sostiene por la respuesta ineficiente del Estado de Honduras.





