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Libertad de expresión sin libertad de pensamiento

Por:  Glenn Flores

Hoy Honduras celebra el Día del Periodista. Habrá reconocimientos, discursos sobre la valentía del gremio, declaraciones de funcionarios que el resto del año ignoran a los periodistas y otras de empresarios que en el fondo desprecian al cuarto poder, además de que persiguen a la prensa de manera sutil. El ritual se repite con puntualidad admirable. Y en medio de todo ese ruido, una pregunta incómoda sigue sin responderse.

¿Para qué sirve la libertad de expresión si los periodistas no tienen libertad de pensamiento?

No es una pregunta retórica. Es una descripción del ecosistema mediático hondureño. En este país hay periodistas que saben perfectamente qué está pasando y no lo dicen. Que identifican al corrupto, conocen el expediente, tienen las fuentes, tienen los testigos y en múltiples ocasiones guardan silencio. No porque tengan miedo al Estado, ya que muchas veces el verdadero miedo lo tienen hacia el dueño del medio donde trabajan, y a quienes pagan la pauta publicitaria, ya sea esta de fondos públicos o privados.

La libertad de expresión protege el derecho a hablar. Pero no garantiza que haya algo genuino detrás de las palabras.

Honduras tiene una prensa que en muchos casos no informa; en muchos casos lo que administra es una aparente realidad. Que decide qué existe y qué no existe según criterios que tienen poco que ver con el interés público y mucho que ver con intereses privados o del gobierno de turno. Un escándalo que involucra a un anunciante importante desaparece del noticiero. Una fuente incómoda para el propietario del canal nunca aparece en pantalla. Una investigación que toca al partido aliado del medio se archiva sin publicarse. Una denuncia de un grupo históricamente marginado es invisibilizada.

Eso no es censura externa. Es autocensura interna. Y es más difícil de combatir porque no tiene un rostro claro, no produce víctimas visibles, no genera titulares internacionales, no cierra medios.

El periodista que se autocensura no está siendo obligado con una pistola en la cabeza. Está haciendo un cálculo. Sabe que si publica cierta historia puede perder el trabajo, quedarse sin fuentes oficiales, ser excluido de las ruedas de prensa, ser marginado por el gremio. El sistema no necesita amenazar directamente. Basta con que las consecuencias sean suficientemente predecibles.

En ese contexto, exigir libertad de expresión sin antes preguntarse si existe libertad de pensamiento es como exigir el derecho a caminar en una ciudad donde todas las calles llevan al mismo lugar.

El periodismo hondureño tiene figuras valientes, medios independientes que operan con recursos mínimos, presiones máximas, y periodistas que publican bajo amenaza real. Ese periodismo merece el reconocimiento de hoy. Pero también merece una conversación honesta sobre todo lo demás. Sobre los que tienen micrófono y lo usan para repetir el guion que les escribieron. Sobre los que llevan credencial de prensa y hacen relaciones públicas disfrazadas de noticias.

La libertad de expresión es una conquista. La libertad de pensamiento es una decisión.

Y en Honduras, todavía hay demasiados periodistas que tienen la primera y han renunciado a la segunda

  • Periodismo Amplio e Incluyente, nace el 1 de mayo del 2015
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