La noticia del asesinato de Félix Vásquez y el algoritmo del miedo

Alianza

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Ecce homo dirá el Comisionado. A mucho orgullo, Félix Vásquez -septuagenario- era hombre de fe y era llamado representante indígena, como tantos otros que han caído en los últimos años, Pech, Tolupanes y Lencas como él. Sin contradicción, también tenía una conciencia de clase social. Fungió como alto dignatario, no se si como Secretario General de la Unión de Trabajadores del Campo, una central campesina nacional. También por ser poblador del campo, tenía una aguda conciencia ambiental.

Y era un incansable luchador social, defensor de los bosques y los ríos vecinos, vitales para el bienestar de su comunidad de Santiago Puringla. En donde desde fines de 2015, las comunidades recuperaron sus bosques, se organizaron para hacerse cargo y empezaron a reforestar las microcuencas de sus ríos, resembrando, cultivando especies amigables (con apoyo por cierto internacional) en asocio. De tal forma que en Agosto del 2019 un cabildo abierto convocado por la red de juntas de aguas, los patronatos, la Unión de Trabajadores del Campo y las agrupaciones indígenas declaró al municipio de Puringla libre de minería y de concesiones eléctricas, cuyos beneficiarios se resentirían agraviados. Han hecho eso docenas de municipios de Occidente a Oriente.

Hasta las siete de la tarde del sábado pasado había estado Félix en una larga reunión con el Fondo Cafetero Nacional, como dirigente del gremio campesino que, en esa área de la Sierra Lenca, produce uno de los mejores granos de altura, con excelente precio internacional. (Compre cuando pueda, lector, café de Puringla y aprenda a tostar y molerlo.) Y por esa misma razón, por su compromiso y liderazgo social, como Berta y Salvador, como Olivia Zúñiga y sus hermanas se había abocado al Partido LIBRE, del que fueron fundadores, y cobijado en una corriente progresista llamada Somos Mas, y se aprestaba a disputar una candidatura al próximo Congreso Nacional. En eso también creía, en ser ciudadano.

Descansaba Félix a las 830 PM en su casa de la aldea El Ocotal. Nadie tocó. Una patada certera y profesional abrió la puerta de la cocina de un solo golpe. Y entraron cuatro hombres con sus cabezas cubiertas de pasamontañas, con camisas negras, pantalones de uniforme camuflado, en moteado -muy caras y muy reguladas- pistolas de nueve milímetros en las manos de quienes se distribuyeron por la habitación para controlar a los otros presentes.

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Son igualitos. Se trata de los mismos que mataron a Berta, los mismos que secuestraron a los líderes garífunas de La Ensenada, los escuadrones paramilitares secretos, de la muerte, que el régimen niega existan, y cuya presencia y actividad criminal, protegida o perseguida es una afrenta para todos. ¿Y la ley entonces? A Félix no le pidieron dinero ni quisieron raptarlo. Con esa sangre fría que solo el entrenamiento le da a un hombre para matar, le dispararon en el rostro, sin perder los segundos que el campesino pedía para su ultima oración. ¿Para qué? No se porqué, intuyo que él sabia que vendrían, y los estaba esperando.

En ese momento del relato El Heraldo y La Prensa que, como siempre, sin mayores antecedentes sobre la larga lucha del ensangrentado, presentan la información en la página de la nota roja… en vez de cómo noticia política, introducen llamados a otras notas sobre el asesinato de dos asaltantes en un bus, la detención de violador, la tortura y muerte de un adolescente desconocido. Aseguran que la policía esta investigado si el occiso tenia algún enemigo en su comunidad o había solicitado protección? En su caso, acaso por su edad, no nos conocen no insinúan que pudo ser un lío de faldas. Y retoman el cuento de Félix con la hipocresía de que se desconocen los motivos del lamentable crimen y el paradero de los responsables. ¿Para que iban a aclarar que los asesinos están por todas partes y que su clara intención es aterrar y controlar al movimiento. Para seguir siendo más eficaz, la guerra social continuada, la antigua krypteia debe seguir siendo secreta, innombrable, casual. La nota con retrato ocupa una octava parte de la página.

Es difícil conocer los arbitrios secretos del alma humana, mas complicados que la simetría de su tejido cerebral. ¿Quién puede imaginarse el alma de los dueños de los medios? No se nada de ellos en realidad. ¿Cuántos son? ¿Quién los dirige? ¿Dónde entrenan? A veces los asesinos desabrigados esconden los cadáveres de quienes han sido sus socios o testigos. No siempre. Y de repente, ostentar su faena sangrienta mas bien le conviene a su fin, poniendo o dejando en escena los despojos de insumisos. Antigua estratagema, que por un tiempo, funciona.

Será difícil en todo caso que -como suelen- los medios de comunicación escondan del todo el crimen contra de Felix Vásquez. Era un líder destacado, cuya ejecución mortal esta ya en todas las redes y todas partes. Se acaba de elegir a una nueva defensora de derechos humanos de peso, decidida indubitablemente a hacer su marca, ¿verdad? Diligente. Y los organismos internacionales y hasta la embajada en Viera se han declarado observantes. Reaccionaron consternados la Diputada por La Paz, Olivia Zúñiga C y las autoridades del Partido. Igual se han pronunciado en duelo líderes políticos del PINU. (Otros al parecer no se dan cuenta del nuevo peligro que ahora comporta participar en elecciones) No han dicho nada el liberalísimo Partido Liberal, el Salvador de Honduras.

Aunque era igual de valiente y claridoso al enfrentar a los enemigos de su gente, Félix era un líder nacional y local, no tenia la proyección o reconocimiento internacional que tuviera justamente Berta Cáceres. Pero en el contexto del recién anunciado paquete fiscal, y la Lista Engel, el crimen en su contra también va a incidir en la cooperación estadounidense, que tanto se necesita en la crisis actual. Aunque eso nunca le ha importado a los escuadrones de la muerte que han protagonizado tantas de estas ejecuciones no judiciales. Porque, como ya se sabe, no pasa nada. Incluso si se les atrapa y procesa criminalmente, el sistema estará protegiéndolos, los gatilleros seguirán bien calladitos y quienes dan las ordenes quedaran impunes. Y seguirán jugando a la gota de sangre que derrama el cáliz. Esperemos pues, gota a gota. QDP Félix Vázquez.

 

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