Reflexiones sobre la pandemia (32)

 Por: Rodil Rivera Rodil

Para los que siguen creyendo de buena fe que el presidente ha demostrado alguna capacidad en el manejo de la pandemia, que podría justificar que hubiera rechazado las innumerables sugerencias que se le hicieron para que tomara en cuenta a los especialistas en el tema, quizás sea bueno refrescarles la memoria. Desde el pasado febrero, en que se declaró la emergencia nacional por la Covid-19, el gobierno de JOH ha decretado una buena cantidad de paquetes económicos de miles de millones de lempiras. Uno de ellos fue la ley emitida el 13 de marzo que, igual que siempre, lleva uno de esos pomposos nombres que le encantan al mandatario: “Ley especial de aceleración económica y protección social frente a los efectos del coronavirus”.

JOH convocó a una conferencia ese mismo día en la que, después de anunciar el tercer caso de coronavirus y agradecer a la “amplia mayoría” de diputados que estuvieron a favor de esta, la que, dicho de paso, fue de cinco congresistas nada más, puesto que del total de 128 solo 69 votaron por ella, procedió a enumerar las bondades de la ley. Leámoslo:

« Con esto se van a generar alrededor de 10.000 empleos directos de personal médico y aproximadamente 100.000 empleos directos e indirectos en el área de construcción para los próximos cinco años, esta red contempla la construcción de 11 hospitales, 17 policlínicos, 27 centros de salud y 40 unidades de atención primaria de salud en todo el país». Curiosa, o significativamente, el presidente omitió decir que el dinero para este fin se administraría por el mecanismo de compra directa.

Pero he aquí que diez meses después, de los más de noventa centros de salud que ofreció, solo adquirió, por casi 48 millones de dólares pagados por adelantado y con “movida” incluida de ¡800 millones de lempiras!, apenas siete hospitales móviles, de los cuales ninguno está funcionando. En palabras del cardenal Rodríguez, se trata de una gran estafa para el pueblo hondureño. Y en lo que respecta a la economía, en lugar de los 100.000 nuevos empleos ofrecidos, lo que hoy tenemos son más de 500 mil desempleados. De acuerdo con los empresarios, la única medida relevante que ha tomado en este campo ha sido ponerle fin a la cuarentena, con todas sus consecuencias.

JOH, además, aseguró al personal de la salud pública que contaba con recursos suficientes para enfrentar la emergencia sanitaria. Se habla de cerca de 100 mil millones de lempiras. Sin embargo, a pesar de que los expertos se lo pidieron infinidad de veces, y de que el propio gobierno lo prometió otras tantas, nunca ha podido -o no ha querido, que es lo más probable- efectuar ni siquiera la tercera parte de las 3.000 pruebas mínimas diarias que son indispensables para llevar el control de la propagación del virus, sin lo cual es imposible tomar decisiones correctas para contenerlo.

La ministra de salud pretendió explicar a la prensa que no lo han hecho porque las pruebas ¡son muy caras! Cada una -afirmó- cuesta 8 mil lempiras. Y de los 8 laboratorios para practicarlas que hace varios meses se comprometió a instalar en todo el país solamente ha puesto en funcionamiento dos, uno en Tegucigalpa y otro en San Pedro Sula, y este último desde hace muy poco tiempo. Es pertinente, por tanto, recordar la interrogante que se convirtió en una histórica consigna: ¿Dónde está el dinero?

Pero en lo quizás sea la caída del telón de esta tragicomedia, JOH montó otro de sus acostumbrados shows para publicitar que había suscrito el programa de la OMS de donación de vacunas para países pobres. Seguramente pensó que esta vez se ganaría el agradecimiento eterno del pueblo hondureño y le pondría fin a la protesta contra su “extraordinaria” gestión de la pandemia, reconocida -debe pensar-  hasta por el mismísimo Trump. Y a lo mejor, no faltaba más, también creyó que Honduras sería la primera en recibirla.

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Y mientras JOH se frotaba las manos de satisfacción y la ministra de salud daba a conocer la gran noticia de que a fines de enero del próximo año la OMS le dirá cuándo vendrán las primeras vacunas, pero que aproximadamente sería en abril (lo que está en duda porque ha trascendido que todavía no ha podido recoger el dinero para financiarlas), Costa Rica anunció que había comprado la vacuna Pfizer. Y, de hecho, comenzó a aplicarla el mismo 24 de diciembre.

De otro lado, es de sobra conocido que Guatemala, El Salvador y Nicaragua han estado negociando una vacuna desde hace algún tiempo, por lo que es muy posible que la obtengan antes que nosotros. Tómese nota de que, según el presidente del COHEP, cada mes de retraso en el acceso a la vacuna significa una pérdida de más de medio punto del Producto Interno Bruto.

Y, como para no perder el inveterado hábito de mentir de los funcionarios de JOH, la jefa del Programa de Inmunizaciones de la Secretaría de Salud aclaró que la única razón por la que Honduras no había adquirido la vacuna era puramente “técnica porque demandan que se guarden en una cadena de frío que el Estado no tiene la capacidad para hacerlo, porque ni el sector público, seguridad social, ni en el sector privado existe cadena de frío de ultra bajas temperaturas para la conservación adecuada”. ¡Bah! Es decir que si no fuera por este inconveniente hace tiempo que Honduras la tuviera. Mucho antes que Costa Rica.

¿Dónde, entonces, está la supuesta capacidad de este señor? Quiero decir, para otra cosa que no sea corrupción, engaño y para escalar y mantenerse en el poder a punta de fraude y sobornos. Ni siquiera se le pudo ocurrir que para asegurarnos la vacuna no era sensato depender de la caridad de los países ricos y que lo más prudente era seguir el ejemplo de Costa Rica y de otras naciones de la región. Por lo visto, la esperanza, o más bien, el destino de los hondureños, precisamente por su ineptitud e irresponsabilidad, se halla más en la inmunidad de rebaño, o lo que es igual, en decenas de miles de muertos, que en la tan ansiada vacuna.

Y pareciera que nuestros compatriotas, sin proponérselo, están ayudando a Juan Orlando. Cual si quisieran hacer de rebaño. Ya que son pocos los que, en verdad, observan las medidas de bioseguridad. En pleno agravamiento de la pandemia se lanzan a la calle, ya por necesidad, por desesperación o solo para divertirse. A disfrutar de la vida como si mañana se fuera a terminar. En lo cual, después de todo, no deja de haber cierto fatalismo. “Carpe diem, quam minimun credula postero”, le recomienda Horacio a Liconoe en la onceava de sus célebres odas. O sea, en una libre traducción, “Goza del presente, confía muy poco en el futuro”.

Y JOH. ¿Qué vamos a hacer con él? Pues, lo primero es lo primero. Porque no se podrá hacer absolutamente nada para enderezar este desbarajuste si antes no lo sacamos del poder. Así es que, sin vacilar, nos tenemos que unir. Formar otra alianza, sin que en esta oportunidad nadie se quede afuera, para lograrlo en las próximas elecciones.

Tegucigalpa, 29 de diciembre de 2020.

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