Opinion

Jorgito Canahuati, Steven Olarte y el Diario de Las Américas

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 Violencia, propaganda y elecciones

 

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

         a Paco Gaitán, a los muchos mártires de LIBRE y a Randy

¡Se puede hacer también campaña política positiva, claro! Para destacar a figuras valiosas, campaña de alegría por el prospecto de un triunfo. Se van. ¡Y la perspectiva que abre! Depende un poco de ti, y más de la posición en que estas frente a la opinión publica, de si tienes una visión para plantear, y cuantos puntos de desventaja tienes que remontar. En teoría en un país civilizado, frente a la elección, se deben dirimir argumentos, intercambiar planteamientos, documentar criticas a las ejecutorias del otro. No calumniar, descalificar. Y como con sus aliados en los medios, la clase política es primaria y criminal, no puede haber la decencia, de la mutua lealtad mínima.

¡Son delincuentes! Y hay muchas clases de delitos electorales que se cometen desde posiciones de impunidad, porque si la firma tiene que responder, será mas cauta y el dueño de medios también. La ley es buena. Veda que se publicite nadie como candidato con las obras publicas, que se hacen con el dinero de todos, prohíbe que se recurra a la ayuda asistencial en el contexto electoral, aunque en si regalar dinero y construir obras son cosas positivas. También prohíbe la ley que los medios publiciten noticias falsas, Jorgito, fabricadas, aunque antes las haya publicado otro, sin verificar. Debería igual prohibir que los medios oculten lo que realmente pasa en el país, maquille la fotografía del asesinado, por ejemplo. No prohíbe asesinar a opositores porque supuestamente matar así esta prohibido de antemano, desde tiempo de Moisés. Eso ¿lo tiene que saber bien un promotor del Sudario y un filántropo? Como el presidente de la SIP.

Pero el ambiente emotivo se presta a lo peor, a la alienación, a fabricar mentiras y predecir el odio. Y no solo aquí por supuesto, aunque los observadores están escandalizados, según dicen, con la campaña cachureca.  Muchas veces uno tiene que enterarse en otro lado, pues la prensa comercial (periódicos, radio y televisoras) presentan la violencia política como nota roja, de modo que se entiende en forma subliminal, como muchos mensajes de redes electrónicas manipuladas, que inventan falsos para ocultar hechos, como la participación de Papi en el ocultamiento internacional de recursos de origen oculto. El ministro Pacheco asegura que no es política la violencia. ¿Son casualidades? ¿En vez de estadísticas?

Pero cuando faltan aun dos semanas para las elecciones, hasta el día de ayer ¡33 candidatos casi todos de oposición, o parientes cercanos suyos, han muerto violentamente! Muchos mas que a fines de noviembre de 2017. ¿Colombianización? Dicen. Unos a manos de partes relacionadas y otros muertos por desconocidos, sicarios que misteriosamente siempre escapan, mientras la policía se dedica a los operativos. Le falta sentido de la ley de probabilidades al CC. Esa violencia es parte de una campaña para intimidar a la ciudadanía y desincentivar el voto. Pero ¿Quién se beneficia de eso? Porque todos estamos diciendo que, para derrotar a la dictadura y sacar del poder al cartel oficialista, se ocupa que la gente salga a votar en masa.

La campaña del Partido Nacional –que ya no es el de Miguel Paz B o el de J. Manuel Gálvez, o el progresista Partido de R. Maduro, si no hoy es una organización criminal, que se reviste con piel de oveja mientras orquesta escándalo tras escándalo– sigue un patrón internacional. Usado en toda América Latina mayormente para frenar el avance de la izquierda, aunque para el caso también recurre a ese expediente Ortega, que valiéndose de una ley que promulgó Bolaños. Los mismísimos EUA, que asumen el derecho de financiar partidos en el exterior, pero respingan si los gobiernos extranjeros les financian a los suyos. Donde los Demócratas acusan y persiguen supuestas interferencias rusas, incluso aportaciones financieras para Donald Trump, pero también el jaqueo de sus comunicaciones.  No he visto al hombre (que, igual que Carlos Flores en su ultimo año, vive viajando para no estar aquí) ni a Tito he pillado insultando a Xiomara. Pero el amarillismo en los medios se ha fincado en la acrimonia y el insulto, la calumnia y la procacidad del lumpen candidato vulgar y el editor que se cubre con una media de seda.

Caricaturizar como una asesina alienada que se lanza con una mirada desorbitada, cuchillo en mano, contra el vientre de una pobre mujer embarazada, en alusión a la falsa versión de que promueve el aborto, en una pancarta, para una manifestación- a Xiomara, a que todos conocemos como mujer buena y decente, no es eficaz. ¿Habrá quien sea capaz de simpatizar con ese ícono, aun en el PN? Se puede odiar.

Hay que odiar esa perversidad. El cristianismo antiguo Tomista enseñaba que hay que odiar el pecado…, como si el acto fuera independiente del agente. La sicología moderna muestra que el odio a veces es lo único que nos sostiene frente a la disfunción e injusticia del mundo. Una somera exegesis bíblica descubriría que El Eclesiastés afirma que hay un tiempo para el odio y para la guerra, mientras asegura que hay seis cosas que dios odia, y aun siete abomina, los ojos altivos, la lengua mentirosa, manos que derraman sangre inocente, el corazón que maquina iniquidades, pies que corren presurosos al mal, el testigo falso y quien siembra discordia.

A propósito de lengua mentirosa, de maquinar inequidades y el falso testimonio, destaca la publicación hoy de una nota redactada por un publicista del Partido Nacional, Luis Monch Orta -publicada el día anterior en Diario de las Américas, propiedad de la derecha radical de Florida- asegurando que el Plan de LIBRE es una copia del un plan chavista. Pues aun descubierto que el supuesto analista es un impostor, que el que analizaba no era el plan de LIBRE, el cual no dice las cosas que dice, sin verificar ni consultar al aludido, la reimprimió en plana completa Diario La Prensa de Jorge Canahuati. A quien también pertenece Diario El Heraldo, que hoy publica otra nota, sobre el asalto ayer a machete, a dos participantes de un acto de campaña del Partido Nacional en Corquín, faena de un sicario que huyó sin problema de la escena, que atribuye a LIBRE, un supuesto analista llamado Steven Olarte, que nadie conoce ya que reside en Bucaramanga, avatar sin titulo, que se ufana con fotografías de comandos paramilitares y publica en Facebook, donde se identifica como un fantasma negro de Mystery Shack? Pero en un tuit se dice experto. Al parecer ¿de consulta obligada para de El Heraldo?

La propaganda del odio no sirve para ganar elecciones. Pero desequilibra mentes débiles. Puede detonar ese elemento irracional profundo que lleva a la agresión impulsiva, fatal. La caricatura negra en la pancarta y los fake news de Canahuati no le van a quitar votos a la favorita ni sumar votos a su oponente, pero podrían inspirar a un magnicida una agresión contra quien esta a punto de convertirse en presidente de los hondureños. Hay que cuidarla de esa locura. ¡Cuyo promotor debe asumir toda responsabilidad! O enfrentarla después. Aunque no sea hasta que, más pronto que tarde, al cruzar el umbral de la muerte, gordito, tengas que rendirle cuentas a cada una de las victimas del odio que has traficado, junto con las Berettas.

Un comentario en “Jorgito Canahuati, Steven Olarte y el Diario de Las Américas

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