Honduras y la Dictadura Perfecta

Jefferson Maradiaga Vigil

Por: Jefferson Maradiaga Vigil

 En Honduras nos invade a muchos el temor de caer en una dictadura, hoy con más razón que nunca, sobre todo a los que estamos conscientes de una serie de eventos que de a poco van conformando cambios que en otras sociedades, las avanzadas, resultarían escandalosas y que lamentablemente están siendo bien manejas desde la aceita maquinaria de Estrategia y Comunicaciones, al puro estilo del maquiavélico Jefe de Propaganda del Nazismo, Goebbels y sus tres máximas: 1.-“Si repites una mentira mil veces se terminara convirtiendo en verdad”;  2.-“hay que hacer creer al pueblo que el hambre, la sed, la escasez y las enfermedades son culpa de nuestros opositores y hacer que nuestros simpatizantes se lo repitan en todo momento” y 3.- “Sin el Fuhrer no hay Estado”.

La gran pregunta es ¿Hacia dónde vamos? y la respuesta por más que la pensemos y la repensemos en la intimidad o la debatamos entre las charlas con los amigos ó con una llamada de teléfono de colegas o conocidos del intelectualismo nacional, la respuesta es –a una dictadura-; aunque la idea parece estancarse en el debate de que no puede haber dictadura mientras estén conformados los Tres Poderes del Estado, eso resulta aún más peligroso, ya que no hay mayor encubrimiento para una dictadura que una democracia fallida, habiéndose violentado la Constitución de la República para favorecer voluntades personales, dejando en claro que la ley no está por encima de un presidente sino para uso de sus caprichos personales, queda claro que el único imperio aceptado, el imperio de la ley, fue usurpado y quien lo usurpa y manipula para beneficio propio, puede manipular el sistema de gobierno y los procedimientos que la misma ley da para la creación de los contrapesos que puedan detener los excesos, se habrá creado la Dictadura Perfecta. 

Lamentablemente nuestra sociedad en su gran mayoría pasa más tiempo tratando de ver como resuelve su situación económica particular y familiar y deja pasar los detalles que aunque parecen insignificantes, son el germen de una descomposición social, política e institucional sin precedentes. Estamos perdiendo el Estado de Derecho.

Vivimos en un país de mentiras, donde se manipulan estadísticas y se trata de dirigir la opinión pública por medio de encuestas y de una buena imagen mediática, donde varios medios de comunicación han perdido por completo la objetividad y se han convertido en una sucursal de la oficina de Relaciones Publicas de Casa de Presidencial, cubriendo hasta el más ridículo evento gubernamental, volviéndose cómplices de lo evidente.

La política se ha vuelto tan descarada que Mauricio Villeda reclamó una cuota de magistrados liberales para la Corte Suprema de Justicia ante los medios de comunicación y nadie lo cuestionó. Además del pacto de co-gobernar a costa de debilitar a las fuerzas opositoras y negarle las reformas electorales por el temor de ser desplazados como fuerza política y obtener puestos en la Procuraduría y el Instituto de Transparencia tal y como lo confesó el diputado Yuri Sabas, ó donde se habilitan desde la misma Corte a partidos políticos oportunistas que fueron incapaces de obtener incluso los votos de sus propios candidatos y es seguro que estos institutos políticos “bisagra” se volverán a ver envueltos en un escándalo de ventas de credenciales electorales.

Tenemos un presidente de bots en sus redes sociales, que le permiten tener más re-tuits por tuists publicados que el Presidente Obama o el Papa Francisco. De cuentas falsas de “personas” que solo publican cosas relacionadas con las actividades del presidente y que carecen de fotos de perfil creíbles y que re-direccionan cualquier publicación critica hasta que los “call centers” como avisperos, atacan con insultos las cuentas de los opositores. 

Nos hemos vuelto una sociedad donde se rinde culto en una actividad pública a la efigie de un presidente como a la de un Cristo en procesión, ahora encabezando el Honduras Actívate o mediante la Copa Presidente, una copia vulgar de la Copa del Generalísimo de la España de Franco, hoy Copa del Rey. O una foto del mandatario en la “bolsita solidaria” como si él se hubiese “bolseado” para comprarla y no fuera producto de los impuestos.

Vemos una sociedad donde con naturalidad se liga a las Fuerzas Armadas al partido político en el poder y ya no como la última carta bajo la manga del pueblo hondureño para defender los intereses del Estado. Y cuando todo parece desesperanzador lo último que nos queda es la iglesia, que en Honduras ya la hemos perdido al punto de lo absurdo, donde las iglesias Católica y Evangélica no logran ponerse de acuerdo en cosas teológicas manteniendo un pugilato permanente de críticas sobre si “ los católicos son adoradores de ídolos” o si los evangélicos son “hermanos desviados de la fe”, pero lo que ni Dios parece capaz de articular, el presidente si lo logra, consiguiendo que las iglesias unifiquen su discurso en torno a él.

A decir verdad hoy Honduras están más dividida que nunca, con el peor estado de degeneración institucional y los ánimos más exacerbados que en 2009. Pero claro la transgresión a la Constitución se lleva a cabo con la beneficencia del silencio de una sociedad conformista e instituciones fracasadas. Solo falta que el Presidente Hernández inscriba su candidatura para la reelección y hábrase gestado la consagración de la Dictadura Perfecta.

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