linea-decoracion-elemento.svg

Los ríos de sangre invisibles: una tragedia oculta del género masculino en Honduras

Recientemente, mi madre me dijo una frase sobre mi crianza que inspiró este artículo: «Tuve que darte todas las herramientas que tenía disponibles porque sabía que, en nuestra sociedad, a los niños se les asocia con todo lo malo».

En este texto examinaremos lo que significa ser hombre, lo que implica crecer en un entorno machista y el estigma que cargamos por el simple hecho de ser varones en Honduras. Aclaro que no escribo esto con el fin de generar controversia con mis amigas feministas, quienes, desde luego, tienen toda la razón al visibilizar las infamias que sufren las niñas y mujeres en el país. Sin embargo, los niños y los hombres también enfrentamos vejámenes que nadie expone como una crisis de masculinidad; tampoco existe un movimiento que defienda todo aquello que padecemos. En este sentido, a continuación, reflexionaremos sobre este tema tan invisibilizado en todas las esferas de la vida nacional:

  1. Reclutamiento forzado por grupos criminales: Se estima que entre el 80% y el 85% de la estructura operativa de las maras y pandillas se compone de niños y adolescentes. Estos menores —captados frecuentemente entre los 9 y 12 años— son utilizados como «carne de cañón» para actividades de alto riesgo, tales como el narcomenudeo, el sicariato, la vigilancia territorial («banderas») y el cobro de extorsiones.
  2. Niños en conflicto con la ley: El 90% de la población bajo supervisión del INAMI son varones. Las principales víctimas de este sistema criminal son, paradójicamente, los mismos jóvenes que, tras ser reclutados forzosamente, terminan judicializados. Los delitos asociados son mayoritariamente asociación ilícita, extorsión y tráfico de drogas.
  3. Educación: Los varones presentan mayores tasas de deserción escolar frente a las mujeres. Esto se debe, en gran medida, a la inserción laboral prematura forzada y al asedio criminal en los entornos escolares, lo que limita significativamente sus posibilidades de finalizar la educación secundaria o acceder a estudios universitarios.
  4. Muertes violentas: Más del 90% de las muertes violentas en Honduras corresponden a hombres. Según datos del Observatorio Nacional de la Violencia (ONV-UNAH), durante 2025, el 90.8% de las 2,690 víctimas de homicidio fueron hombres, siendo el grupo etario más afectado el de jóvenes entre 18 y 30 años.
  5. Migración: De los más de 128,000 menores retornados desde 2014, aproximadamente el 65% son niños. En el caso de los adultos, el histórico de retornados muestra que más del 75% son hombres, quienes migran impulsados por la presión social de cumplir el rol de proveedores económicos para sus familias.
  6. Suicidios: Cerca del 80% de los suicidios consumados en el país corresponden a varones, predominantemente entre los 15 y 39 años. Este fenómeno está estrechamente vinculado a una crisis de salud mental invisibilizada y a la carga emocional derivada del rol de proveedor fallido frente a la precariedad económica y el desempleo.
  7. Trabajo infantil: Las cifras oficiales confirman que los niños varones tienen una mayor exposición a las peores formas de trabajo infantil (labores peligrosas, pesadas o en la calle), caracterizadas por una alta precariedad y riesgos físicos inmediatos. Y sí, también los niños son la mayoría.
  8. Accidentes de tránsito: Los hombres representan cerca del 85% de las víctimas mortales en accidentes viales. La mayoría son adultos jóvenes (15 a 39 años), y el 70% de estos incidentes fatales involucra a conductores de motocicletas, evidenciando un problema de seguridad vial que afecta desproporcionadamente al género masculino.
  9. Expectativas sociales: Existe una presión cultural que exige a los niños «madurar rápido» y soportar el sufrimiento en silencio. Se les impone la carga de la resiliencia obligatoria y la prohibición de expresar vulnerabilidad, privándoles de redes de apoyo emocional.
  10. Exclusión del cuidado: En el entorno familiar, los niños son a menudo excluidos de las labores de cuidado, recibiendo el mandato cultural de abandonar el hogar para integrarse a entornos hostiles y violentos bajo la premisa de ser el soporte económico familiar.

Conclusión

Este artículo no pretende victimizar a nadie, sino exponer una realidad abrumadora que aqueja a niños, jóvenes y hombres adultos, quienes también son sujetos de importancia para nuestra sociedad. Cabe preguntarse: ¿Por qué existe una tendencia sistémica a invisibilizar esta realidad objetiva?

A la luz de los datos, la mayoría de los fenómenos sociales de mayor letalidad aquejan severamente al género masculino. Esta es una realidad oculta, de la cual apenas se discute en la esfera pública. Finalmente, se tiende a estigmatizar al hombre —asociándolo constantemente con el mal— sin reconocer que también somos víctimas de un sistema sesgado que no prioriza a su población más afectada. Es imperativo dejar de ocultar estos «ríos de sangre» masculinos, lo cual no implica restar importancia a las luchas y sufrimientos que enfrentan las mujeres, sino integrar una visión completa y equitativa de las tragedias humanas que nos atraviesan como nación.

  • Tengo algunos años de experiencia y me encanta practicar el periodismo incómodo que toque los tinglados del poder, buscando cambios en la forma de gobernar y procurar el combate a la corrupción, develando lo que el poder siempre quiere ocultar.

    Ver todas las entradas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Contenido a tu alcance

Periodismo de calidad en tus manos

Suscríbete y se parte de nuestro newsletter