¿Y ahora qué? situación y soluciones

 

AlianzaPor: Rodolfo Pastor Fasquelle

                             a Carlos, Adolfo y a Ana Elsy, que me dio el título

Antes que llegara el Covid-19, tres cuartos de la población hondureña hambreaban y el virus ha degradado su crisis en un estado de calamidad nacional, desarticulada, caótica y violenta.

No hay suficiente personal médico, aun con ayuda externa, para atender la emergencia en la primera trinchera. Aunque reciben un tratamiento prioritario, un número escandaloso de enfermeros y auxiliares se han enfermado y al menos una docena de médicos especialistas han muerto ya en el combate contra la pandemia.  Otros anuncian su indisposición a continuar si no se les provee de las condiciones mínimas, y del insumo básico.

Pero no hay insumo ni las condiciones mínimas. Los hospitales están saturados y tienen que rechazar a pacientes que mueren en la indignidad. De los comprados por emergencia que debieron llegar a mediados de mayo, dos hospitales móviles supuestamente arribaran próximamente, pero quien sabe porque esconden el desembarco, no hay sitio para ubicarlos, ni servicios para habilitarlos, ni los conocimientos para instalar estos servicios. (Debió llegar un personal técnico para ese fin, del que no se sabe nada) Y los otros cinco hospitales pagados por adelantado por el Sr. Bográn dice que no sabe (y entonces ¿quién puede saber?) donde están o cuando puedan llegar. Y el gobierno se rehúsa a habilitar en el llamado Centro Cívico, edificios que podrían servir temporalmente para alojar el servicio de emergencia.

Se han perdido cientos de miles de empleos en un país en donde ya hacían falta varios cientos de miles. Se ha intentado de nuevo abrir la economía en suspenso. Pero se ha tenido que retroceder, poniendo en peligro ya no los empleos si no a las empresas que dejarían de ser viables si no cumplen sus contratos, cuando ya se abrió (con mal suceso, pero es irrelevante) la economía para la que trabajan en EUA y el mundo. Y aunque las remesas han logrado defenderse (con 5% de mengua) los demás rubros que el modelo privilegiaba, el turismo y la maquila, están en entredicho, los precios de la azúcar por los suelos, y la banca en predicado.

Ante esa situación casi todos entendemos que el problema del país rebasa las capacidades de los individuos, los gremios, las autoridades locales y organizaciones sociales. Que para combatir la epidemia y empezar a abrir la economía (antes qué servicios) necesitamos una administración capaz y eficiente, que inspire confianza e implemente la política exacta que se ocupa

Pero no hay gobierno de que hablar, si no anarquía. Porque el gobierno nace de la legitimidad y vive de confianza. Pero en la encuesta publicada ayer, por ejemplo, del ERIC (los Jesuitas y compañía) más del insólito 82% de los hondureños desconfían completamente del gobierno. Y solo el 30% de los cachurecos más duros alguna vez creyeron en una elección legítima. Vivimos una agudísima crisis institucional, que se quiere ocultar a través de la información oficial y medios de comunicación cómplices. Porque, aunque quieran fingir en la negación, el presidente con una calificación de popular de 3.6 de 10 puntos según ERIC, es un prófugo, acusado internacionalmente de narcotráfico y crimen organizado, que se refugia en un hospital militar o se esconde en un bunker. Mientras que el Congreso Nacional, que reconstituido pudo ser ruta de avance para buscar entendimientos suficientes, está siendo acosado por los poderes atávicos del régimen que se desploma, procesados por el Ministerio Público, los diputados equivocados. Mientras permea una percepción de híper corrupción. Y la Judicatura permanece en perfecta atonía, al parecer incapaz de reaccionar, a la espera de alguien que no existe

Ante esa situación, quizás no sea sorprendente que, por un lado, Adolfo Facussé y por otro Carlos Urbizo, empresarios, que nadie podría sospechar de radicales, y sin filiación institucional con los partidos de oposición confrontados, con fama de independientes y de comprometidos, han hecho sendas propuestas concretas para salir de la crisis. Las que, aunque coinciden en parte y apariencia, difieren al punto de no ser conciliables. Antes de analizar esas propuestas quiero felicitarlos de haber ido mucho más allá del planteamiento incipiente que, por este medio publiqué al inicio de la crisis en marzo, de la necesidad de un Comité de Salud Pública. Las tres propuestas surgen de una conciencia clara y compartida del peligro inmarcesible y de la hondura del abismo. De que vamos a comer mierda lo siento si no hacemos lo preciso.

Con una orientación económica, de signo Keynesiano que comparten muchos especialistas internacionales muy connotados Carlos Urbizo ha propuesto -en aras del ¿realismo? dice que al gobierno- que se haga a un lado a los equipos burocráticos que han demostrado ser incapaces y son sospechosos, para formar un Equipo interdisciplinario, colectivo de especialistas del más alto nivel, los mejor formados, para hacerse cargo de la emergencia y sus temas específicos, la pandemia y el brete de la economía. Mientras por su lado, con una elaborada justificación histórica, Adolfo Facussé propone, sin explicar cómo podría empoderarse, la formación de una Junta de Notables, que pasaría a implementar un novel Plan Nacional de Gobierno.

La propuesta de C. Urbizo tiene la debilidad de pedirle a un gobierno inexistente que ceda la conducción del país, el poder real, a un organismo sin sustancia política, ni social. Mientras que el plan de A. Facussé tiene la languidez de tomar el poder, sin haberlo recibido. Quizás en el fondo ¿ambos suponen que habrá una fuerza confiable detrás del primer movimiento? Pero bueno, ahí es donde la mula botó a Genaro. La propuesta de Urbizo no quiere enfrentar que el origen del mal es político y, por tanto, la solución tiene que tomar en cuenta la salida política. Mientras que la propuesta de Facussé en vez de soluciones técnicas puntuales propone un Plan macro y de gran complejidad que, aunque casi universalmente anhelado, no se entiende como podría consensuarse, ante un reclamo colectivo, al menos de acuerdos mínimos funcionales, y la exigencia entre miedos fatuos y falsas ilusiones de un pacto, un acuerdo para caminar juntos. Ordenemos las ideas. Toma del poder, declaratoria de emergencia nacional, formación de un gobierno de convergencia, instalación de una mesa técnica sanitaria y otra mesa técnica de economía de emergencia, convocatoria a elecciones para reconstituir una nueva Civitas, un estado nación que funcione. Y vamos amaneciendo

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