Opinion

Reflexiones sobre la pandemia (40)

Juan Hernández busca ser reelecto en la presidencia de Honduras, violentando la Constitución de la República.

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Por: Rodil Rivera Rodil

Sobre las elecciones que se avecinan gravita, ineludible y ominosa, la figura de Juan Orlando Hernández. Más que todo, porque son de sobra conocidas sus intenciones de quedarse en el poder. Por manera que la incertidumbre sobre si va a suspender los comicios, si mediante cualquier artilugio va a volver a ser candidato o si los Estados Unidos lo van a sacar antes que termine su período, pesa más que las propias expectativas y pronósticos de los electores y analistas.

Esto era inevitable desde que JOH, a punta de dinero, extorsión e intimidación, se hizo con el control de los demás poderes del Estado y de casi todos los sectores de la sociedad e instauró un régimen dictatorial. La vida de la nación pasó a girar en torno a su persona. Desde hace ocho años, como suele decirse, no se ha movido una hoja en Honduras sin su autorización o consentimiento. Y, como consecuencia, lo quisiera o no, pasó a ser el foco central de la atención pública.

Lo anterior explica que en las actuales circunstancias la principal contradicción a nivel de país se da entre los hondureños que lo adversan y quieren su salida del poder a toda costa y los que lo siguen apoyando. Y téngase por cierto que esta controversia es la determinante en todos los partidos, incluyendo en el mismo Partido Nacional. Y que importa más a los electores que los programas de gobierno o las promesas de los candidatos. 

La política, como ciencia, requiere saber interpretar los intereses y aspiraciones de la sociedad en su conjunto y de las distintas clases y organizaciones que la integran, las discrepancias que en cada momento dado existen entre ellos y las fortalezas y debilidades de cada uno. Solo así se pueden encausar y construir mayorías populares. Los dirigentes políticos que desconocen estas reglas, o las pasan por alto, muy rara vez logran alcanzar significativos avances electorales.

Con lo dicho, ensayemos un planteamiento, muy resumido, acerca de lo que ocurre al interior de los partidos con posibilidad de poder. El que de ninguna manera -me apresuro a aclararlo-  conlleva predicción alguna sobre los resultados de las elecciones, primarias y generales.

El partido de gobierno se encuentra sumamente afectado por el enorme desgaste que le han ocasionado sus doce años de gobierno, y especialmente, por la corrupción e incapacidad de los dos mandatos de Juan Orlando, sin contar el gravísimo impacto que está sufriendo por las imputaciones de narcotráfico de la fiscalía de Nueva York. Sus dos candidatos enfrentan también serias acusaciones de corrupción y se hallan cada vez más enfrentados entre sí. A lo que debe sumarse la gran falla y pérdida de autoridad de JOH al no haber podido impulsar una postulación única en su partido, como era lo lógico.

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El doctor Oliva, consciente de ello, al margen de sus diferencias personales con JOH, y a pesar de los ofrecimientos que recibió de este, no accedió a continuar respaldándolo incondicionalmente, lo que se ha podido apreciar, entre muchos otros gestos, con su ausencia del espectáculo que aquel montó en el Congreso Nacional para difamar a fiscales y senadores de los Estados Unidos. Por lo que a JOH no le quedó otro camino que recurrir al alcalde Asfura, cuya candidatura, se comenta, fue facilitada por su natural vocación, ¡papi: a la orden!, y por una jugosa oferta que no pudo rechazar, incluida una encubierta ayuda con el recuento de votos.

No obstante, si Oliva gana las primarias y se convierte en el candidato oficial del partido, se dice que no tendrá mayor reparo en negociar su protección a Juan Orlando, siempre, desde luego, que aún permanezca en la presidencia. Después de todo, este posee un doctorado en trucos electorales que sospecho que aquel no podrá desdeñar. Pero, como sea, la crítica situación del partido ha infundido en los nacionalistas un palpable sentimiento de resignación. Sienten que pueden perder, aun haciendo fraude y con la oposición dividida.

En el Partido Liberal, la reticencia del ingeniero Zelaya a la unidad global de la oposición, sumada a su mensaje, más moralista que proselitista y con dedicatoria a su mayor competidor, parecieran estar siendo sobrepasados por la propuesta de unidad de Yani Rosenthal. Ello, en consonancia con lo antes dicho sobre que el interés del electorado, hoy por hoy, particularmente en las filas de la oposición, se centra en la urgencia de expulsar a JOH y a su partido del poder con una alianza que no excluya a nadie.

No obstante, es bueno advertir que, si Yani Rosenthal se alza con el triunfo y desea cumplir con su promesa de unidad, es seguro que antes tendrá que vencer una férrea resistencia en sus propias filas, sobre todo, de los candidatos de su movimiento que salgan reelectos como diputados y que en este gobierno hicieron causa común con JOH. Que no le quepa ninguna duda de que estos, solapada o abiertamente, seguirán formando parte de la bancada nacionalista, siempre, por supuesto, que continúen recibiendo la correspondiente paga por su traición al partido.

En Libre no se avizoran mayores problemas, salvo algún grave e improbable error de su dirigencia. Ya que, independientemente de la oposición buena o mala que haya hecho, sigue siendo, hasta por definición ideológica, la más importante alternativa de cambio. Y el surgimiento en su seno de corrientes con diferentes candidaturas presidenciales no puede más que fortalecerlo, toda vez que se identifican plenamente con la línea del partido. Y para juzgar su potencial electoral no hay que guiarse por los votos que obtenga en las primarias. Pues un gran número de sus militantes y simpatizantes no participan en ellas para evitar represalias. Y es probable que, en su momento, no solo rehúya la alianza, sino que asuma la iniciativa.

En el partido de Salvador Nasralla tampoco cabe esperar ningún contratiempo relevante. Es de esperarse que su caudal de votantes se mantenga incólume y que, incluso, pueda aumentar. Precisamente, porque nunca ha cejado en su lucha personal contra JOH, por lo que se le considera, como suele decirse, “de una sola pieza”. Lo que, invariablemente, es siempre bien valorado por la ciudadanía.

De otra parte, creo que Nasralla, con todos sus yerros, entiende más de política de lo que muchos piensan. No se ha confundido, como tantos otros. No ignora que el mayor problema de Honduras es JOH. Lo demostró en la contienda pasada aliándose con Libre. Y a pesar de sus últimas diferencias con este, si se escudriña a fondo en sus declaraciones se verá que jamás ha descartado la unidad que exige su salida.

En resumen. Estoy persuadido de que, pese a algunos vaticinios en contrario, el resultado más trascendental que cabe esperar de las elecciones del próximo domingo podría ser el asentamiento de los pilares de la tan ansiada unidad de la oposición. O, lo que es lo mismo, la garantía del fin de la pesadilla de JOH. Justo como se esfumó la de su padrino Trump.      

Tegucigalpa, 10 de marzo de 2021.

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