Reflexiones sobre la pandemia (39)

Reflexiones sobre la pandemia

Por:  Rodil Rivera Rodil

¡Bah! ¡Solo eso nos faltaba! JOH perdió la cordura. Y si creyó que pasaría a la historia como Ayax el Menor en medio del océano burlándose de Poseidón, como David en Judea enfrentando a Goliat o como Sandino en Las Segovias desafiando al imperio, se equivocó de medio a medio. Sus imágenes en el Congreso Nacional denigrando a la justicia y al senado norteamericanos, rodeado de encapuchados y con el rostro marcado por el desvelo y la preocupación, son, a la vez, patéticas y ridículas. Solo me recordaron las del general Manuel Noriega, el hombre fuerte de Panamá, blandiendo un machete y retando a los Estados Unidos.

A JOH no le importó obligar a los demás poderes del Estado y a las fuerzas armadas a que lo acompañaran en la propia sede de la más alta representación nacional a enlodar el nombre de Honduras insultando a un gobierno extranjero. Como si las acusaciones de narcotráfico y corrupción fueran contra el Estado hondureño y no contra él en lo personal. Repárese en que el senado estadounidense se dispone a conferirle el histórico, aunque retorcido honor de dedicarle una ley punitiva a él solo. No es, pues, extraño, sin quitar lo indignante, que la desesperación que sufre lo haya hecho perder la cabeza.

Pero si piensa JOH que con esa bravata va a intimidar a los Estados Unidos está cometiendo un grave error. Lo van a aplastar. Tal vez no nos invadan como a Panamá en 1989, pero que no le quepa ninguna duda de que, más temprano que tarde, lo van a hundir, justo como hundieron a Noriega en cárceles de Estados Unidos, Francia y de la misma Panamá por casi treinta años. De hecho, hasta el final de sus días.

Cabe mencionar, para mayor similitud, que la acusación contra Noriega había sido interpuesta en tribunales de Tampa y Florida un poco menos de dos años antes de la invasión y exactamente por los mismos delitos que penden sobre JOH en Nueva York. De igual manera, cuando por esta razón se le quiso destituir fue el ejército panameño quien lo mantuvo en el poder. La única diferencia -si la hay- es que la DEA siempre supo que Noriega era narcotraficante y se lo había tolerado porque era su informante.

A lo mejor JOH no se ha percatado y, por lo visto, Ebal Díaz y sus demás asesores tampoco. Pero ese disparate ha desatado una nueva, más profunda, pero también más clara, división en la sociedad hondureña. Ya no entre los que creen en su inocencia y los que no. Sino entre los poquísimos que aplauden su absurdo enfrentamiento con Estados Unidos y la inmensa mayoría que lo repudia.

A cuenta de qué deberán todos los hondureños ser víctimas de las sanciones del gobierno estadounidense y, con toda seguridad, de la Unión Europea y hasta del resto del mundo, solo porque nuestro presidente no tiene la dignidad ni las agallas para renunciar o, simplemente, para pedir un permiso y defenderse en Nueva York.

¿Cuáles son los planes de JOH? Veamos. Abrigo serias dudas de que cuando salga del poder, como algunos sostienen, tenga la opción de asilarse en Israel. Netanyahu se halla, igual que él, al borde de la prisión por corrupción, aunque no por narcotráfico, sin contar que se halla cuestionado por la fiscalía israelí, precisamente por regalar vacunas a Honduras y Guatemala.

Otra posibilidad que se menciona es que tiene todo listo para hacer ganar las primarias a su protegido Nasry Asfura a cualquier costo, fraude incluido, para que después este le ceda la candidatura. Lo veo difícil, tal como se le han puesto las cosas. ¿Qué le queda entonces? Pareciera que, únicamente, asegurar el triunfo de Asfura en las elecciones generales de noviembre, siempre con fraude, desde luego, para que la Corte Suprema de Justicia, que seguro continuará complaciente con JOH, rechace la petición de su extradición que fatalmente vendrá. A la espera, sin duda, del retorno de Trump a la Casa Blanca dentro de cuatro años.

¿Y entretanto? El país podría quedar aislado. La colaboración foránea reducida al mínimo. Y la población sobreviviendo penosamente, solo con ayuda humanitaria. Pero también puede ser que a los Estados Unidos no les parezca que JOH se mofe de ellos, pierdan la paciencia y se decidan de una vez por todas a llevárselo por la fuerza. ¿Por qué no? Lo hicieron con Noriega. Y si eso ocurre, ¿Qué harán los militares hondureños? ¿Se quedarán quietos o van a seguir sumisos a sus órdenes y lo defenderán hasta la muerte contra el ejército norteamericano?

Por si eso pensaran hacer, quizás valga la pena refrescarles la memoria. Cuando la invasión de Panamá, las Fuerzas de Defensa -que así se llamaban las fuerzas armadas panameñas- lo que menos hicieron fue defender a Noriega ni a nadie, ni siquiera la soberanía mancillada. Su resistencia fue casi inexistente y terminaron siendo abolidas. Y, no obstante, la intervención ocasionó una terrible destrucción, un completo caos económico y social y casi cuatro mil víctimas, entre muertos y heridos, la gran mayoría civiles.

He aquí los riesgos a que nos está llevando el mesianismo y la insensatez de quien tenemos como presidente. ¿Lo va a permitir el Congreso Nacional? Porque es el único, me parece, que, al menos en estos momentos, nos puede sacar de semejante atolladero.

Si así fuera. Debería formarse cuanto antes una concertación de diputados para que le den permiso a JOH, lo suspendan, lo destituyan, le acepten la renuncia, aunque no la haya presentado, como pasó con Mel Zelaya. En fin, lo que sea, para que vea cómo resuelve su problema con los Estados Unidos sin afectar al país y permitirnos que, tranquilos y con la cooperación internacional ya sin trabas, enfrentemos la enorme tarea que nos espera para salir de la tremenda crisis en que nos hallamos.     

 

Tegucigalpa, 1 de marzo de 2021.

Un comentario sobre “Reflexiones sobre la pandemia (39)

  • el marzo 2, 2021 a las 8:18 am
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    Ahí están los Comandos Insurreccionales del Mártir Mel Zelaya , sinverguenza de pocotilla, únanse a él y voten a JOH y sienten a la Xiomara o a Yesenia y serán felices como en Nicaragua, Cuba, Venezuela.

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