Reflexiones sobre la pandemia

 

Por: Rodil Rivera Rodil

Einstein dijo alguna vez que solo había dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana, y que del universo no estaba tan seguro. Yo agregaría dos más: la primera, los defectos del presidente Trump. En efecto, sus fallas y vicios son incontables. Peor aún. No se le conoce ninguna virtud. Vale decir, es la negación del dicho aquel: “siempre hay rasgos de virtud en el malvado”.

 Cada día Trump sorprende al mundo con una nueva maldad. En plena pandemia ha eliminado la contribución de su país a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y ahora demuestra que nunca tuvo principios democráticos amenazando al Senado, al Congreso de los Estados Unidos y a los gobernadores con un golpe de Estado.

La segunda cosa infinita es la corrupción que impera en Honduras. Muchos creímos que los corruptos se apiadarían del pueblo hondureño, que ya está en harapos, y que, al menos durante esta crisis, pondrían también en cuarentena el atraco que continuamente practican a los dineros públicos. Para nada.

Solo en una simple compra de insumos médicos, según dio a conocer el presidente de la Cámara de Comercio e Industrias de Cortés, se pudieron haber robado casi un millón y medio de dólares, o sea, ¡cerca de cuarenta millones de lempiras! Y el funcionario que intentó desmentir la denuncia se enredó tanto que no se dio cuenta que terminó dando la razón al denunciante. ¿Por qué no hace nada el presidente Hernández? Hasta el propio presidente de la Corte Suprema de Justicia ha calificado lo que está pasando de crimen de lesa humanidad.

Mencionamos directamente al presidente de la República porque es un hecho que en Honduras no se mueve una hoja, o lo que es igual, no la mueve ningún funcionario o empleado público, sin su aprobación o conocimiento. A él, por tanto, es a quien cabe la responsabilidad total por la pésima forma en que se está manejando la mayor crisis de nuestra historia.

La verdad, dicha sin tapujos, es que don Juan Orlando a lo que fundamentalmente se ha dedicado en esta tragedia es a montar una gran campaña política, asumimos que, para otra reelección, a pesar de haber repetido hasta la saciedad que no volvería a ser candidato.

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Cada vez que aparece en su espectáculo de televisión lanza un nuevo programa. Aunque esta es una vieja historia. Desde que era presidente del Congreso ha presentado tantos programas que perdí la cuenta. Para todo. Uno hasta en inglés. ¡Honduras open for business! (Honduras abierta a los negocios). Vaya nombre. La mayoría pura fantasía. Igual que esos magos de circo que sacan conejos sin parar de sus chisteras. Pregúntese el lector: ¿cuántos de esos proyectos y promesas se hicieron realidad?

Porque, en lo demás, lo que ha hecho es improvisar, como lo dijo con toda claridad la Conferencia Episcopal de Honduras. Dónde está, para el caso, su plan integral para enfrentar la epidemia y lo que vendrá después, en lo que están empeñados los demás mandatarios del planeta. Dónde su idea de la reactivación paulatina y ordenada de la economía, respaldada, desde luego, por los expertos en el tema sanitario. Y comenzando por los negocios más necesarios y no por los que le exigen algunos “amigos” suyos comerciantes. Y qué, en fin, está haciendo en serio para detener las masivas suspensiones y despidos de trabajadores que tramita el Ministerio del Trabajo.

A la población se la sigue obligando a sacrificarse. Pago de impuestos, tasas, aportaciones y servicios públicos, aunque no haya ingresos. La EEH y la ENEE hasta cobran por energía que no suministran. Pero no vemos por ninguna parte el “sacrificio” del gobierno ni, mucho menos, del presidente y sus amigos. Ni rebaja de sueldos, como en México y varios otros países, ni venta de su flamante avión, como en Bolivia y también en México, ni de una mínima austeridad y ni siquiera el acondicionamiento de su fastuoso Centro Cívico Gubernamental para pacientes de coronavirus, como lo había ofrecido hace unos pocos días.

El gobierno no nos dice la verdad. Ni sobre los contagiados ni sobre los muertos. Que iba a dar comida a ochocientas mil familias cada quince días. Tampoco. Lo único cierto es que a punta de decretos de emergencia está mandando al carajo la poca institucionalidad y transparencia que quedaba para poder hacer piñata con miles de millones de lempiras.

Tegucigalpa, 17 de abril de 2020

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