Las personas inteligentes, honestas, sensibles y amables en todo el mundo están continuamente expuestas a la violencia, el maltrato y el vasallaje gratuito de aquellos que las saben felices y desean destruir su felicidad. Esto significa que debemos redefinir y refundamentar los principios de la Ética Social y el Derecho Internacional para protegerlas, porque la ley no llega a la vida cotidiana, especialmente, de las mujeres, los niños, ancianos, mascotas, y grupos sociales como los campesinos, los estudiantes, los abogados, etc., agredidos por los belicosos que tienen intereses económicos, políticos o criminales determinados, por lo que se vuelve urgentemente necesario defender jurídicamente el respeto a todos aquellos y todas aquellas que llegan lento pero en forma poderosa, y ello se lleva a cabo no en la medida en que se establecen leyes más represivas, sino en la medida en que se transforma de raíz la estructura social, política y económica que es la causa principal de dichas violencias.
En este sentido, es por eso que revivir y redefinir la memoria es establecer límites al recuerdo de la mala experiencia y que tiene por finalidad, a su vez, definir y limitar las acciones de justa venganza racional contra toda forma de injusticia que se haya realizado en esa vida cotidiana, al margen de la ley y allí donde ésta última no llega, por lo que se hace necesario incorporar igualmente a la acción jurídica legal, una decisión política de defensa de una ciudadanía contraatacante no agresiva ni armada, que se adelante a la posible venganza reaccionaria de los victimarios, por el hecho de que las víctimas hayan decidido actuar y denunciar para que los hechos criminales no puedan volver a repetirse en un tiempo presente o futuro cercano y lejano.
Hablamos pues, de cierto tipo de memoria histórica completa: no solamente la que no olvida y no perdona, sino la que no se venga justicieramente de toda forma de abuso de poder sea éste intrafamiliar, entre profesionales de un mismo oficio o entre grupos e individuos políticos, no olvidando y no perdonando. En fin, la exclusión de toda forma de impunidad violenta directa o indirecta que haya sufrido una persona, una pareja, un grupo de individuos, una mascota o un animal, una planta, en fin, todo entorno que, aunque nunca hayan pretendido provocar la ira de sus atacantes y agresores hayan sufrido la violencia e incomprensión gratuitas por el solo hecho de poseer capacidad intelectual, emocional o profesional, así como sensibilidad social para perseguir objetivos de transformación revolucionaria del país, la sociedad o el mundo. Al final, comprendemos que dicha violencia ha tenido como propósito lograr que nos olvidemos de nuestros talentos y propósitos de crear bienestar socioeconómico y no los cultivemos, por estar entretenidos en perpetuar la violencia misma y no cerrar su cadena y círculo viciosos.
Por eso, la verdadera memoria está para relatar y denunciar los hechos ocurridos en su violencia desatada y agresividad dañina para la salud y la seguridad al solicitar las víctimas, en la actualidad heroica, a los gobiernos de todas las respectivas naciones del mundo, la creación de un nuevo tipo de Derecho Internacional que castigue las situaciones en los que la capacidad intelectual y prudencial de las mejores y buenas personas se ve, por envidia, criminalidad e interés mezquino, agredida en la vida cotidiana donde no llega la ley.
A su vez, el olvido incompleto es la necesaria separación y alejamiento de las personas tóxicas, manipuladoras y egocéntricas de la esfera de acción de las mejores y buenas personas, para que éstas no se vean alteradas en su salud y bienestar físico, emocional y sicológico y puedan superar con tranquilidad y seguridad la negatividad conflictiva, el dolor y el sufrimiento recibidos gratuitamente solo por luchar de forma resiliente ante la indiferencia, la corrupción y la impunidad. Esto constituye un imperativo categórico imposible ya de posponer y su relevancia es de contenido internacional como esfuerzo heroico de todos los amigos del mundo por generar justicia deliberativa y distributiva de memoria histórica completa.
Esa es básicamente la dialéctica entre memoria, olvido y castigo que precisa redefinirse por el Derecho Internacional para el siglo XXI, porque hemos llegado al momento histórico del milenio de la Humanidad en que ésta ya no puede echarse para atrás ni dar marcha atrás en su combate contra las fuerzas poderosas malignas que desean su desaparición, y solo tiene la opción y alternativa históricas de avanzar indeteniblemente hacia adelante, afianzando y fortaleciendo el amor, la paz, la bondad, el cariño y la ternura mundiales de corazones humanos sencillamente cosmopolitas e internacionalistas que ven con ojos, emociones y sentimientos globales de empatía y solidaridad lo que nos pasa y tienen el valor y el coraje ciudadanos de subir y limpiar los últimos peldaños de la gran escalera de la Fraternidad Energizante de la Voluntad Humana Omnímoda de ¡no ceder ni un ápice ante el mal y los personajes sádicos, perversos, radicales y extremistas de la antihistoria, especialmente coludidos entre la complicidad de los políticos y empresarios corruptos con el crimen organizado y el narcotráfico como ocurre en nuestro país Honduras!
Necesitamos con urgencia unirnos para enfrentar a todos los que tienen fobia al amor, a la sabiduría, el esfuerzo genuino y la verdad. Es decir, los que creen de manera soberbia que la Filosofía de la Historia es solo un discurso o pura paja sin consecuencias, y que pueden permanecer al margen de los acontecimientos solo contemplando desde afuera cómo los corruptos se unen y se apoyan en su complicidad irracional contra las personas buenas y rectas, ello con la malvada intención de mantener cautivas sus mentes en absurdas intrigas novelescas que únicamente reducen al mundo a ser un simple medio de fanáticos obsesionados que quieren dividir al género humano y no lograr un fin moral como imperativo categórico del Bien Consolidado Armónicamente Contra Toda Forma de Impune Frustración. Por eso reza el dicho: “Al que es feliz se le nota. No critica, no envidia, no juzga, no busca pelea, no traiciona, no jode, y se dedica simplemente a ser feliz”.
El fortachón o la fortachona, el corrupto y el impúdico siempre alegarán que se les ha hecho injusticia y que los demás están equivocados al condenarles al basurero de la historia. Un ejemplo de ello es la famosa discusión acerca de que se puede violentar la libertad de expresión porque la jurisprudencia trata de un asunto “de defensa de intereses particulares diversos y de interpretaciones diversas, a veces radicales, de la ley”, por lo que se puede violentar de manera idéntica en las democracias y en las dictaduras, el discurso y la comunicación racional de las personas de pensamiento crítico o las críticas constructivas no violentas. Ante esto debemos decir que para el nuevo tiempo que está por comenzar,la libertad de expresión no es cualquier libertad para ofender, difamar, calumniar o negar la identidad nacional de un individuo o un pueblo, sino solo es aquella libertad constructiva que se autovalida y es autovalidada por el esfuerzo en crear cultura propositiva en la que los demás puedan observar y se vea la dificultad de crearla, porque cuesta vida, fuerza y juventud. De ahí, que es necesario que la nueva jurisprudencia anuncie nuevos contenidos planetarios democráticos a la libertad de expresión para que ésta se dedique en un ciento por ciento del tiempo a comunicar y transmitir formas dialécticas del fin global y universal de salvar al género humano de la decadencia, la indiferencia y el fanatismo. Pero, al mismo tiempo, debemos decir e insistir en que no se puede enviar a la cárcel o prohibir el ejercicio de la profesión al que supuestamente ha difamado o calumniado, basta con someter tal medio de comunicación a la presión ciudadana, al negarse los ciudadanos en su totalidad, a escucharlo más y a prestarle atención.
En este sentido, los que se mueven en la impunidad y los corruptos olvidarán, por lo general, que en el siglo XXI la decisión jurídica también es política porque el abogado es un ciudadano provisto de instrumentos éticos teóricos globales que se basan en un firme sentido de pertenencia a la Humanidad entera, a la que él ahora se debe, ya que los fines incorporados y últimos de toda profesión y oficio son siempre universales, por lo que se precisa defender democráticamente y no dictatorialmente dicha pertenencia de manera renovada desde cada caso particular, porque cada caso particular, cuando el acusado es culpable, constituye un freno y una grosería más para la Humanidad misma, en su finalidad de colaboración para defender a las personas mejores y buenas en su vida diaria, algo que no podemos permitir.
Desde esta perspectiva, queremos creer que la indiferencia de la familia oligarca terrateniente feudal de Xiomara Castro y Manuel Zelaya, les hizo olvidar resolver los conflictos del sistema agrario campesino en Honduras, especialmente, en el Bajo Aguán, y continuaron indiferentemente con el legado criminalizador del expresidente nacionalista, Juan Orlando Hernández, por lo que no es casual que el conflicto haya estallado en la actualidad, ya con hechos al margen de la ley o jurídicamente inviables. Todas las últimas masacres y asesinatos de los últimos meses en Honduras denotan una continuación del nefasto legado de los gobiernos de los últimos treinta años, que no se distinguen para nada entre sí, y parecieran carecer de memoria histórica completa y reverenciar solamente el olvido completo. Contra esta memoria incompleta, es posible luchar si la Ética deviene y puede devenir también un proceso de acompañamiento jurídico de protección de la gente decente y la gente que aún desea firmemente rehabilitarse completamente, porque tiene soluciones concretas que plantear al progreso de Honduras.
En este sentido, se trata en el Nuevo Derecho Internacional Democrático de verificar si una vida ha sido útil y propicia para liberar a los demás del falso extrañamiento infernal entre utopía y realidad o Entfremdung, así como para liberarlos de la cosificación o reducción de la persona a simple medio, instrumento, cosa o mercancía. La impunidad se halla oculta en el extrañamiento, el alejamiento y la indiferencia del ego de las élites que separa toda la sociedad de la realidad concreta no inventada, y se ve, de ese modo, reducida a medio y no a fin, porque reduce a medios y no a fines a las otras y demás personas, al imponerles la provocación de las rencillas, el divisionismo y las ofensas y humillaciones como forma cotidiana irracional de vida. ¡Solo la unidad entendida como serio y sincero compromiso por la justicia social puede salvar al pueblo de Honduras!
De ahí, que surja entonces, la pregunta acerca de ¿cuándo es realmente justa la justicia en historia? y ¿cuándo la sentencia o la condena es realmente injusta? Pues, en el primer caso, cuando se predice, establece y sentencia en base a una dialéctica incuestionable entre el género humano y el caso específico de que se trate, obligando a los culpables a asumir las consecuencias de sus actos irracionales y violentos, en la medida en que se les obliga a aprender a pensar y considerar a todo el género humano desde su condición humana particular. En el segundo caso, cuando la justicia olvida juzgar y condenar en base al testimonio histórico basado en toda una vida de ejemplo de la persona o el grupo juzgados. Los hechos hablan por sí mismos. En ambos casos, el hecho específico particular de violentación de los derechos humanos de que se trate, que de ahora en adelante deberá incorporar el derecho a defenderse de la instrumentalización de la violencia con fines de extorsión o chantaje, ha cometido el crimen de lesa humanidad de desenriquecer o de impedir el desenvolvimiento enriquecedor del talento y el genio de la especie humana por el culpable, porque ha transgredido la capacidad individual o colectiva de alguien para trascender su condición económica precaria o su lucha por sobrevivir y tener una vida digna. Por lo que el mayor castigo debe ser imponer una decisión de larga condena en reflexión y significado al condenado o a los condenados para que éstos tengan que soportar y aguantar lentamente el paso del tiempo pensando en lo que han hecho y en la injusticia que implicó hacer sufrir a otros. De ahí, que la pena de muerte, que seguramente veremos pronto imponer al presidente de mano dura salvadoreño, Bukele, solo sea una vía rápida de exterminio brutal que no resuelve la indignación e impotencia originarias, por lo que no es una solución jurídica racional basada en la lentitud consciente necesaria del tiempo para tomar decisiones justas, y debe ser abolida de todos los países del mundo.
La justicia en historia será así realmente justa si convierte al tiempo histórico en un aliado a través del cual se madura sinceramente el querer y el poder de la voluntad rehabilitada para no ser condenado al olvido completo. La justicia, pues, no es pretender quien tiene el control total de la fuerza bruta, sino quien usa la cabeza para no permitir que se den estados desviados del destino común de hermandad y fraternidad de la Humanidad en la historia realmente humanista del planeta.
Sin embargo, si la Filosofía como ciencia no se toma muy en serio puede costar la vida, porque es la ciencia del lenguaje y el discurso que sirve para comunicar mensajes de advertencia pedagógica en la historia, reeducando las voluntades individuales hacia la evolución que tiene por fin a la moral del mundo como conciencia interior hablada y hablante para luchar por el bien y no por el mal. La historia hablada de la Tierra tiene un comienzo y un fin provistos siempre de referentes éticos que se unen para generar epifanías o encuentros de reencuentros de compañerismo fraterno entre los hombres, con el objetivo de que éstos se acerquen unos a otros, y no de que se dividan y alejen entre sí. Pero la Humanidad asciende y se acerca lentamente al fin y peldaño últimos reeducacionales y reeducadores del optimismo y positivismo que no son más que el respeto y el reconocimiento internacional a los verdaderos héroes y heroínas de la especie entera, y el respeto y el reconocimiento a cada uno de sus integrantes, así como el debido respeto y cariño a todas las especies no humanas que habitan junto a nosotros el ámbito terrícola. El fin de la moral de la armonía mutua, es entonces crear una orquesta gigantesca luminosa que ejecute la música del quehacer humano aprendido y hecho con amor.
En este sentido, y para que la Filosofía y la Física como ciencias universalizadoras en las que se unen el comienzo y el fin en una conexión eterna e infinita, recuperen su dignidad, vamos a rastrear por ellas todo el pasado y el presente de la historia humana para superar los últimos intentos, recursos, huellas e influencias de aquellos “cuadros” de líneas ultraradicales de todas las tendencias políticas, anticulturales y económicas, que desean impedir con su venenosa y perniciosa enfermedad infecciosa de la lucha armada el transcurso y el decurso sano del mundo, y lo haremos con la “potente y suave revolución silenciosa de la necesidad de memoria completa, la organización democrática y la espontaneidad relacional”.
Se trata de redimir procesos equilibradores, lo que significa en nuestro nuevo lenguaje humanizador, volver a redescubrir, reinventar, renacer y reintentar humanizadamente la historia al hacer que los “desviados” del camino se vuelvan entes propositivos para que el obstáculo que constituye la historia antihumana pueda devolverles la dignidad a las víctimas, ahora con voz potente propia renovada y redimida. Porque todos y todas hemos sido alguna vez víctimas de la violencia. Esto significa, eliminar y neutralizar la posibilidad, los motivos y las razones para que los ultraradicales de todas las tendencias se vuelvan a levantar en su temeridad imprudente fascinados por la violencia destructora de la salud del mundo contemporáneo al que atacan por venganza. Olvidamos, aunque no perdonemos. ¡NO PASARÁN!
La memoria completa significa entonces que tanto los desaparecidos de la violencia forzada en América Latina, especialmente Honduras y Argentina, así como los militares y policías asesinados por los grupos guerrilleros ultraizquierdistas y sus simpatizantes, deban ser traídos a la memoria activa desde la doble responsabilidad que ambos bandos tienen en la radicalización política extremista del continente, y la complicidad de Estados Unidos de América en dichos conflictos. Rescatemos a los nietos de las abuelas de Plaza de Mayo, pero también concienticemos a las mujeres embarazadas que deciden unirse a un grupo armado ultra radical que desistan, porque están exponiendo a criaturas inocentes no nacidas a un futuro incierto y cruel.
Memoria completa, olvido incompleto y castigo justo, podría ser la consigna para una Ética Política y Social del siglo XXI que desea traer, desde el Derecho Internacional, una justicia que no se fundamente en frases o conceptos formales, sino en una concepción jurídica de la Ley y su imperio, basada en la independencia y la decisión consciente de jueces y magistrados que no puedan ser cooptados políticamente, y que no permitan la corrupta politización de las instituciones que administran la Justicia en nuestros países, porque la Justicia no es ciega, siempre observa y ve la verdad oculta en la historia real concreta que es la que, en última instancia, sostiene a un mundo verdaderamente humanizado desde el interior como fin primario absoluto.





