La batalla por la justicia
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La hegemonía que ya no ordena

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

La fractura entre los EE. UU de Trump y los socios históricos de ese país, ante la nueva guerra en Irán también es evidente en los posicionamientos latinoamericanos. De los cuales todos aquí tenemos elementos para comprender y evaluar mejor. A diferencia de lo poco que entendemos del Indo Pacífico o el Este de Asia, o incluso Europa, de cuya política en general sabemos menos. Esta fractura no es solo coyuntural: refleja una pérdida de capacidad de alineamiento automático especialmente entre los principales actores regionales y socios de EUA.

Desde 1903, después de la inducción de una secesión y la prepotente toma de Panamá, se han celebrado muchas conferencias continentales en Washington, que justamente concretizan la hegemonía entonces nueva. J Biden ya había celebrado cumbres (con la excepción de Cuba y Venezuela, lo que ya antes también provocó ausencias) en otras ciudades del Sur de EUA. Y varios presidentes celebraron cumbres con los mandatarios de países en conflicto en las residencias oficiales de verano, en Camp David. Lejos del mundanal ruido, para concertar a los amigos reñidos entre sí. Carter, Clinton…

Nunca en una propiedad privada, lo que es el signo de los tiempos…Pero días antes de bombardear a Irán, Trump convocó, a sus amigos latinoamericanos para a una Conferencia en su finca de Mar a Lago, a la cual tituló oficialmente Escudo para las Américas. En el entendido supuesto de que las Américas necesitaban una protección internacional que ya no ofrece la OEA. Mayormente ¿ante la inversión China? Ni fueron invitados ni asistieron todos los mandatarios como solía ser. Ahora la invitación era selectiva, eran solo los cuates. Digo, es un giro nuevo. El abandono del marco multilateral por convocatorias selectivas no es un avance. Sugiere dificultades para sostener un liderazgo regional inclusivo.

¿Quién atiende y quien no a este llamado? … Teóricamente sobre el tema compartido de seguridad, que sin duda es crucial, aunque complejo y diverso. Por ejemplo ¿Venezuela debe seguir preocupada hoy por la amenaza a su seguridad y su soberanía que plantea una invasión estadounidense, para secuestrar la pareja presidencial en pijamas?

En la conferencia del Escudo para las Américas, Trump públicamente amenaza a Cuba, instruye a Rubio para que planifique nuevas sanciones, un bloqueo petrolero y la futura intervención ahí. Y le dice al presidente de Panamá que le gusta mucho ese Canal, en son de broma, sin duda, más le vale. Provocando, esa payasada reacciones adversas de varios mandatarios. Gustavo Petro de Colombia incluido…quien recordó que El Caribe es Zona de Paz internacional. Y que una agresión militar contra la isla sería una afrenta a toda América Latina.

Como después en reunión -también jocosamente, es un comediante- con lo que otros, más groseros que yo, llaman la gusanera de Miami, bromea diciendo que cuando termine con Irán, porque me gusta terminar las cosas, estacionaría el portaviones más grande del mundo a unas cien yardas frente a La Habana y conseguiría que -de inmediato- se rindieran. Para recuperar así la Perla del Caribe.

Parece un tornillo sin fin. Una faena para Sísifo. Seleccionar los blancos, anunciar e intervenir en los países después de aislarlos de sus posibles aliados… ad infinitum. Algo que no iba a funcionar en Groenlandia y mucho menos en Canadá o México. Vivimos sin duda tiempos extraordinarios.

La creciente apelación a la amenaza y la coerción no expresa control, sino un sustituto de los consensos regionales debilitados. Como advirtió el propio Lula, ningún gobernante tiene derecho a levantarse por la mañana y amenazar a otro país.

Porque en México –asegura la justicia de Trump– ¿gobierna el narcotráfico? O si no, ¿porque se niega la presidenta Sheinbaum… bajo salvaje ataque en las redes, a extraditar al Gobernador de Sinaloa? A quien, en base al testimonio de dos reos que consiguen de parte del fiscal, premios por la denuncia, Washington envío una solicitud de extradición.

Doña Claudia pide pruebas porque su judicatura propia juzga que esos testimonios no alcanzan para entregar al extranjero a un gobernante electo en funciones, y México -ojalá sea estado de Derecho. De otros se empieza a dudar.

Viene de superar ese gobierno, el mexicano, una grave tensión por la ejecución a manos asesinas, de dos agentes estadounidenses, que entraron al país con visas de turistas y de cuya actividad, la autoridad local aduce no haber sido enterada.

Aunque poco después de la formación de CELAC, la integración regional más bien ha venido retrocediendo, claramente no hay en Latinoamérica, en todo caso, unidad o menos consenso respecto de la guerra en Irán o China. Habrá que estudiarlo, con profundidad, sus causales de este disenso… y sus consecuencias. Pero queda claro que los principales polos regionales tienden a procurar márgenes de autonomía en política exterior, evitando alineamientos automáticos.

Atendieron la invitación de Trump a su mansión palaciega, una decena de jefes de estado latinoamericanos y caribeños.  De Argentina y Chile, Paraguay y Ecuador, Costa Rica, El Salvador y su última adquisición Honduras.

Honduras, cuyo presidente electo con el endoso de Trump, besa su mano, también está comprometido con Israel, y anuncia a los hondureños que está considerando él envió de tropas catrachas a Irán.

Países con en total 122 millones de habitantes y cuyo PIB suma un sustancial 18% del PIB regional. Ese es por decirlo así el Bloque estadounidense en Latinoamérica. Minoritario en términos económicos y demográficos dentro del conjunto regional.

De plano, pese a toda la presión diplomática, una veintena de países (encabezados por los gigantes de la región México Colombia y Brasil) rehusó a asistir, invocando distintas razones (Doña Claudia declara con una elegancia casi inglesa y desingenua, que no hacía falta porque México ¡ya tiene un nuevo Tratado de Integración negociado!). Veinte que reúnen entre ellos 540 millones de personas y más de 80 por ciento del PIB. Sin demasiada declaración.

Al igual o quizás más que un par de los sometidos… (Chile, Costa Rica y El Salvador) los que podríamos llamar rebeldes han diversificado en años recientes sus vínculos y sus inversiones nuevas y sus fuentes de financiamiento, reduciendo su dependencia exclusiva de Estados Unidos.

En términos de economía política regional, eso significa que la doctrina llamada por los propios estadounidenses Donroe y el proyecto llamado el escudo de las Américas no articula ya el núcleo económico de América Latina, sino más bien un arco de un haz de países medianos y varios pequeños alineados política o muy pragmáticamente. Mientras que los polos estructurales del continente (Brasil, México, Colombia, Perú) quedan fuera.

¿Que logra Trump? Pues algo muy importante. Aprovecha incluso las asimetrías y la concentración del desarrollo entre nuestros países para fracturar a la región políticamente. Divide y cimienta la división. No está claro que garantice la seguridad de nadie ni menos el desarrollo. Para nada asegura el apoyo político o diplomático latinoamericano de que siempre antes disfrutó su país. Ni tampoco mucho menos garantiza la estabilidad de los gobiernos a uno u otro lado de la línea que escoge subrayar.

La hegemonía no desaparece, pero deja de estructurar de manera consistente el comportamiento del sistema regional. Aunque no está claro que vaya a terminar pronto lo de Irán, como declara. De concretarse, la amenaza contra Cuba pudiera prolongar la agonía o, de repente, convertirse en punto de inflexión del diferendo. No me pregunten a mí, que soy historiador y no sé nada del futuro.

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