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José Cecilio Del Valle: educación, política y buen gobierno

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Por:  Gustavo Zelaya Herrera

Este 22 de noviembre se cumplen 241 años del nacimiento de José Cecilio del Valle, fue rico hacendado, funcionario colonial, gestor de reformas sociales y un gran propagandista de las ideas avanzadas de su época.

Su sistema de ideas muestra las dificultades que enfrenta el legislador, su necesario conocimiento de la geografía, la política y la ciencia, la necesidad de elaborar leyes justas como camino hacia la igualdad entre los individuos y los grupos sociales. Se interesó por crear una concepción general acerca del buen gobierno, de la necesidad de la educación como medio para atenuar las desigualdades. Tal noción del gobierno que planifica acciones y diseña políticas con aplicación concreta, seria noción básica del pensamiento político de Valle y en tal sentido hizo suyo un principio regulador, una especie de ley política en favor de la sociedad, el principio utilitarista que aprendió del inglés Jeremy Bentham que propone el máximo posible de felicidad para el mayor número posible.

En la Universidad de San Carlos, cuna de los ilustrados promotores de la independencia, inició su vida intelectual, desde ese sitio se cuestionaban las concepciones a favor del absolutismo y el autoritarismo en las ideas y en la política; se debatía sobre la importancia de la educación como fundamento contra el atraso y la ignorancia para construir la felicidad y la libertad. Esa es una de las ideas principales en Valle.

La aspiración era modificar el régimen colonial y generar otra organización con elementos constitucionales y parlamentarios, con el pueblo educado participando en el gobierno y en la legislación por medio de representantes elegidos según su formación y su riqueza material. Valle y otros ilustrados centroamericanos exigieron la más amplia tolerancia con un Estado que no impusiera religión alguna, admitiéndolas todas y protegiéndolas por igual, pensaron la religión como asunto personal y no como problema estatal. Además, plantearon el libre comercio y el libre cambio como condición para la desaparición de la servidumbre y en el surgimiento del individuo libre, igual ante la ley y objeto también de ese libre comercio.

En general, la ilustración fue entendida como medio para superar el desorden y el atraso colonial, no significaba transformación radical del gobierno, sino la instalación de hombres buenos y sabios en el poder político. Idea esencial en Valle por suponer que eran los que mejor podían obedecer la ley. Para ello tendrían que basarse en un sólido cuerpo legal encargado de garantizar la inversión, la armonía y la justicia social.

Valle organizó una institución conocida como La Sociedad Económica, el centro formador de educadores, científicos, estadistas y de planes de gobierno; el lugar para forjar el cuerpo de ideas que alumbraría al gobernante en la conducción del Estado que, gracias a su actividad, rápidamente colocaría a Centro América al nivel del desarrollo logrado por los países del viejo mundo. Esa era la aspiración: la prosperidad del Reino de Guatemala. La única Junta correspondiente que funcionó fue la del Puerto de Trujillo, que trabajó desde 1795 hasta 1800. En el año de 1811 se crearon otras secciones en San Salvador y Tegucigalpa que no tuvieron mayor consecuencia.

La Universidad de San Carlos y la Sociedad Económica fueron las instituciones fundamentales para la formación intelectual y política de José Cecilio del Valle, pero su pensamiento se desplegó a través del periodismo, desde la Gaceta de la Ciudad de Guatemala, el Redactor General y El Amigo de la Patria. Desde ellos se conocieron sus ideas jurídicas, políticas, económicas y emancipadoras. Por esas vías proclamó derechos políticos desde puntos de vista incuestionables, científicos, a partir de las exigencias de su realidad; proponiendo siempre lo que creyó fundamental: transformar el pueblo por medio de la educación y con la mejora de sus condiciones económicas.

La posición de Valle respecto a la independencia ha sido muy debatida; como redactor del Acta de Independencia se la señala de querer moderar la emancipación a partir de intereses personales, pero también se aduce que sostuvo la necesidad de la presencia de los delegados de las provincias para que el procedimiento fuera legal (Tate Lanning, 1978). El problema tenía que ver con el precio de la independencia: si se debía sacrificar muchas vidas humanas y que el resultado fuera la instauración de un régimen despótico. Y los grupos poderosos, del que formaban parte Valle, temían la participación de las masas populares en el movimiento libertador. Valle suponía que el sistema colonial ya no era posible y se inclinaba por una respuesta reformista en donde coincidieran las diferentes propuestas políticas y se permitiera la convivencia de algunos aspectos de la tradición religiosas, otros de corte monárquico y novedosos elementos ilustrados.

Al parecer, tenía algunas razones. Aquella sociedad carecía de los recursos humanos y económicos para llevar adelante el progreso anhelado y los cuadros políticos se habían formado a la sombra del régimen colonial. Ramón Rosa, uno de sus primeros biógrafos, sostuvo lo siguiente: Cierto es que respetó la legalidad existente durante la colonia; cierto es que fue hasta complaciente con los peninsulares, y por tales complacencias lo he juzgado con severidad, pero consumada la independencia, Valle fue el devoto más sincero del nuevo régimen (Rosa: 57). 

Según Valle, la independencia debía obtenerse sin generar conflictos en que pusieran en peligro al movimiento emancipador (Oquelí: 371). Incluso, afirmó que la independencia absoluta, de por sí, era el primer derecho y el fundamento de los demás (Ibidem, p. 341); que sin ella no era posible desarrollar la riqueza de Centro América, ya que la colonia significaba ignorancia y pobreza, y la independencia, prosperidad y cultura. Consideró que la independencia era una especie de ley natural, por el hecho de que una nación poderosa no podía someter por mucho tiempo a otra nación distante, separadas ambas por océanos o montañas, sin provocar irritación y furia contra el despotismo (Valle, Rafael Heliodoro: 88 a 90).

En uno de sus escritos se nota su optimismo acerca de las ventajas derivadas por la independencia, este proceso ofrecía  “A los pueblos el beneficio de ser ellos mismos los que constituyesen las formas de sus gobiernos; A las clases elevadas, los primeros empleos del estado, y a las inferiores la abolición de las leyes que las degradaban y la aperción de las puertas del honor; A los eclesiásticos, las prelacías, dignidades, prebendas y beneficios sin partirlos con los españoles; A los comerciantes, la libertad de abrir relaciones con todas las naciones del mundo. A los labradores, la ventaja de dar valor más grande a los productos de la tierra, extendiéndose el comercio y multiplicándose los compradores; A los hombres de talento, el derecho de cultivarlo libremente” (García Laguardia: 73).

En las ideas políticas de Valle sobre el voto y el pueblo hay momentos básicos. Cuando los menciona se notan mucha desconfianza sobre el sufragio universal y forma de elegir gobernantes. Para el caso, sostenía la insurrección es un derecho popular si se apoya en la masa entera de la nación y que su necesidad exista cuando las autoridades quebranten leyes fundamentales. Pero también moderaba la insurrección si se realiza por una parte del pueblo; decía: “Una insurrección no puede verificarse sin enormes injusticias individuales; y este mal solo, incalculable en sus efectos, hace que un pueblo no emplee la fuerza, sino en último recurso, contra las autoridades constituidas que infringen la ley, o de cualquier modo exceden sus atribuciones (Oquelí: 355).

Entonces, las virtudes más elevadas del pueblo se notarían cuando escogiera libremente como gobernantes a los más sabios de la sociedad, a los más preparados en el arte del gobierno y de las ciencias. Y las elecciones serian buenas conociendo las capacidades de los posibles gobernantes, su ilustración y el dominio que tengan de la ciencia de la legislación y del gobierno. Entonces, para que el pueblo descubrir esos requisitos deberá ser educado, de otro modo el gobierno será ignorante, arbitrario, y la administración de la justicia también tendrá ese sello.

La importancia de la educación era inseparable de la ciencia, la economía, la política y el gobierno. Esto es así, ya que para Valle era imposible fundar un sólido sistema educativo sin transformar el orden político y sin tener un instrumento que permitiera la realidad de la educación y de la política deseada. Se creyó, pues, en la posibilidad de una forma de gobierno en donde los mejores gobernaban asignando lo que es debido a cada miembro o grupo de la comunidad. El criterio objetivo para repartir lo debido se fundaría en el principio de la felicidad general, expresado en las leyes.

Independencia, educación, leyes justas y progreso social sólo puede realizarse con el buen gobierno. Puede afirmarse que para Valle gobernar requiere de un sólido dominio de la ciencia, en especial de la que atañe a las relaciones sociales; se necesitan leyes que expresen de manera completa el interés general; así, la política que expresa el principio de la felicidad general es la “moral en los negocios privados de individuo a individuo. Moral en los asuntos públicos de nación a nación. Esa es la única política justa y sólida” (Ibidem, p. 63).  El gobierno debía garantizar las libertades públicas, particularmente la de imprenta, asegurar también la distribución inteligente de los empleos entre los más capaces para desempeñar su trabajo y para defender la independencia (Oquelí: 146).

 

BIBLIOGRAFÍA

Oquelí, Ramón (compilador). (1981). José Cecilio del Valle. Antología. Honduras: Editorial  Universitaria.

García Laguardia, Jorge Mario. (1982). José Cecilio del Valle. Obra Escogida. Venezuela: Biblioteca Ayacucho.

Oquelí, Ramón (compilador). (1981). José Cecilio del Valle. Antología. Honduras: Editorial  Universitaria.

Rosa, Ramón. (1971). Biografía de José Cecilio del Valle. Honduras: Relaciones Públicas de la Presidencia.

Tate Lanning, John. (1978). La ilustración en la Universidad de San Carlos. (Flavio Rojas Lima, traductor). Guatemala: Editorial Universitaria de USCG.

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