José Antonio se fue rodeado de amor, del que él nos dio

Por: Karla Lara

A José Antonio Velásquez lo hacían feliz cosas muy básicas: el frío, le encantaba ese clima, todos con suéter y él en camiseta, amaba los paisajes naturales, le gustaba caminar, perderse en una ciudad que no fuera la suya. En San Francisco, California, extraviado, en un restaurante mexicano al que se acercó a pedir ayuda para orientarse con la dirección, lo confundieron con un migrante indocumentado. Venía de Ockland donde se había quedado enfiestado con una familia amiga, en transporte público con una bolsita plástica con un cepillo de dientes y un desodorante, entonces le dieron de comer, le pidieron contar su historia, que al parecer no le terminaron de creer, “un pianista de gira con una cantora que se le hacía tarde para llegar al Concierto”.

A José Antonio Velásquez le hacía triste cosas muy profundas: la altanería de la academia en general y de la música en especial, el desinterés en estudiar por nuestra propia cuenta con rigor y disciplina, la corrupción de mal gobierno tras mal gobierno, las ausencias que nunca supo superar, la negación a la libertad bajo la que vivimos, las noticias que prefería evadir para no decaer pero que inevitablemente comentaba indignado y me preguntaba de mi opinión, como el buen amigo que te acompaña en las cosas que para la otra persona son su trabajo y parte de su vida.

Así me dijo que había aprendido a tener posición política sobre las cosas, “me gusta escucharte entre canción y canción, aprendo… ¿sabes? “No es que me canse, es que me desespero, me duele, pero me gusta cómo lo decís… pero cantá Karla María, hagamos música”. Él sabía que eso es casi lo único que podemos ofrecer a otras y otros y a nuestros propios corazones heridos.

Disfrutamos de cantar en los campamentos por el agua y la vida, nos conocieron bien en Pajuiles, en Jilamito, en Locomapa, era un compañero del Madj desde su piano y sus formas educadas de dirigirse a cada persona, José Antonio no conocía la altanería, tocaba la guitarra si no había piano, se mezclaba entre la gente observándola, el Copinh también fue su casa, ahí le cantaba a Berta con la admiración que aprendió a tenerle. Bañamos en el río, caminamos mucho juntos, le acogía la exuberancia de la naturaleza, lo clara que puede ser el agua de un río corriendo, las risas, la brisa del mar, el sol en el momento en que se despide, la luna; esas otras formas de la vida que él sabía valorar.

Compartimos otros paisajes y culturas, al menos en 50 ciudades diferentes de Estados Unidos tuvimos algún pequeño o mediano Concierto, 32 presentaciones en 14 ciudades de Alemania, fuimos juntos a El Salvador, Nicaragua, probamos muchas cervezas oscuras, le encantaba ese sabor amargo, viajamos en tren, bus, avión, carreta, carro, en la paila, en algunas lujosas cabinas también, fuimos a radios, Universidades, teatros, colegios, estudios de grabación, canales de televisión, patios de casas. Dormimos en hoteles y en casas de gente solidaria donde éramos recibidos con muchas atenciones y amor. Una vida buena, generosa, y viajó otro tanto por Europa con sus compañeros del jazz.

Prefería la noche al día. Se le hacía corta entre crear, escuchar, compartir, brindar, volar, pensarse él solo, le gustaba la soledad y con frecuencia me preguntaba por qué no me gusta a mí; sin embargo en grupo y en el festejo solía convertirse en el alma de la fiesta, se sabía las canciones viejas, las nuevas y las que nadie se sabía, un prodigio, un encanto, un ser no de otro tiempo, sino de todos los tiempos!. El día, sin embargo, prefería dormirlo hasta entrada la mañana, aunque en los últimos meses te sorprendía con un mensaje muy tempranito en la mañana y se reía cuando le preguntaba si era que no se había acostado o si se venía levantando.

Le gustaba que cuando teníamos ensayo le llevara comidita de casa, cosas simples, todo lo simple era bienvenido para José, eso le hacía sentirse confortable, entonces decía mis dos nombres alargando las vocales “Kaaaarlaaaaa Maaaaríiiiiiiiia”, a lo que yo respondía sintiendo que nos estábamos regalando un te quiero “Joooooooseeeeee Annnnntoooooniiiiooooooo”, aunque nunca faltó decírnoslo, un te quiero, un te amooooo, fueron palabras que nos regalamos, no lo dejamos en la certeza expresada en actos, sino que nos lo decíamos, así como nos abrazábamos y celebramos andar por la vida cantando, el canto como el boleto del viaje que nos sacara a respirar porque vendríamos de nuevo a este hoyo que asfixia.

Le faltaba el aire a José, si las enfermedades son el reflejo de tus tristezas y miedos mas profundos, no es casual que así haya sido su muerte, un derrame cerebral que por indolencia médica en la atención primera en el HEU terminó complicándose ya en una clínica en Siguatepeque, con una trombosis pulmonar que nos lo arrebató con saña, con dolor profundo de ver cómo se fue marchitando un hombre capaz de sentir tanto, de darnos tanto, tanto.

José Antonio Velásquez fue un músico prodigioso, dicen que desde chiquito armaba baterías con cacerolas, tambos y lo que encontrara para percutir, su abuelo le enseñó los primeros acordes en la guitarra, su tío German estimuló siempre sus notables aptitudes musicales, estudió la secundaria y el bachillerato en la Escuela Nacional de Música, institución educativa de la que guardaba algunos ingratos recuerdos, cuadrada e impositiva la academia, incapaz de individualizar el conocimiento cuando se encuentra a gente adelantada como él, Oscar Rosignoli, Yunior Velásquez, Brian Pagoaga, Jonathan Alarcón y otros de su generación con los que armaron su primera bandita de jazz, condenados por la academia pero explotados por los mismos “profesores”.

¿Qué hace la academia con el alumno que les supera? Hace lo que hicieron con los de la generación de José, no estimulan su grandeza, no es la del molde repetitivo en el que ellos también fueron deformados, sin crear, sin permitirse romper reglas para crear algo nuevo, y ese era el mundo musical de José, uno distinto, disonante, asincopado, sin estructura clásica y con color propio.

José Antonio sufrió un derrame cerebral el sábado 19 de septiembre, en el episodio del derrame se cayó e impactó en un anafre, es decir que también tuvo una contusión cerebral. Nadie, ningún especialista que lo vio intentó reconstruir nada de su historia clínica, ni previa, ni durante, ni después del derrame y la contusión cerebral. Fue trasladado en ambulancia el día 20 de septiembre de su casa al Hospital Escuela, sus amigos explicaron el hecho del día anterior en el que no se había asociado el mismo con un derrame sino como una manifestación de malestar por la ingesta de alcohol y entonces fue tratado con el estigma propio de esta sociedad de doble moral en la que hasta los médicos (que la mayoría ingieren alcohol y se autoprescriben drogas) pecan de igual ignorancia. Debe ser que les asusta el espejo de sus propias adicciones, las que no son capaces de atender como enfermedades y les aplican el castigo de hacer cola, de esperar a que se les baje.

Karla Lara, José Antonio Velásquez junto a Lolo Cutumay

En José Antonio esta estigmatización fue determinante de su irremediable deterioro, solo medio volverlo a poner en una camilla el traslado a una privada a hacerle la tomografía, porque los únicos dos tomógrafos del HEU están en mal estado, para luego volver a tenerlo sentado en una silla de ruedas, sostenido por los brazos de su primo, de sus amigos, y así, sin poder sostener su cuerpo y su cabeza por él mismo, fue puesto en una camilla de cuidados especiales de la Emergencia hasta el lunes 21 a las 2 de la tarde.

Dijeron que atendían su presión que seguía estando demasiado alta, pero nunca le indicaron un medicamento para su inflamación cerebral, es decir que neurológicamente nunca recibió ningún tipo de atención, gracias a “contactos” porque en este sistema de salud no solo precario sino deshumanizado, no vale la condición de gravedad del paciente, sino la recomendación de alguien más, así que fue trasladado de la sala de hombres del 6to piso a la Unidad de Cuidados Intensivos para controlar su presión. Con eso supuestamente superado fue devuelto a la sala de hombres del 6to piso el viernes 2 de octubre.

El sábado 3 de octubre considerablemente desmejorado, ya casi ninguna de las cosas que todavía podía hacer antes de entrar a UCI, como mover un poco sus dedos de la mano derecha, su pie derecho, balbucear algunas palabras, entender órdenes, interactuar un poco; ya casi nada de eso podía hacer José y exigimos el alta.

La gente había reaccionado solidariamente, muchas habían sido las solidaridades que se tradujeron en donaciones, ya el dinero no sería la limitante mayor para buscar algo mejor para José, y si eso excedía hasta lo que en ese momento se había logrado, había un equipo de gente moviéndose, sus amigas y amigos, sus familiares, la enorme familia que José, sin saberlo quizás, había logrado conformar con su ejemplo de amor y humildad, como le es propio a los grandes.

El diagnóstico en Siguatepeque fue desalentador, venía con neumonía, deshidratado, de nuevo la presión alta y una inexplicable situación, no habían dado ningún tratamiento para desinflamar su cerebro, entonces había que esperar, darle tiempo a su organismo para que absorbiera la hemorragia y poder determinar cuánto era posible recuperar neurológicamente y cuánto ya no.

No cedía la temperatura, no reaccionaba al antibiótico de mayor espectro al que ya se había pasado, su ojo derecho lo habían tapado previendo daño de la córnea por falta de parpadeo, sus deditos de la mano derecha ya no simulaban tocar una escala, ya no balbuceaba palabras, pero si decía algún “ji… jam…” para darnos a entender que ahí estaba y era muy obvio que percibió la presencia de quienes pudieron visitarle, y estoy segura que agradeció nuestras voces, nuestro tiempo con él.

Acariciamos sus manos, sobamos sus pies con cremitas y aceites aromáticos, con amor rozaba la yema de mis dedos desde su cara hasta sus pies mientras pusimos jazz en el reproductor que le dejó el Colocho, yo le canté suavecito las canciones de nuestro repertorio, le leí cuentos zapatistas, Brian le llevó una serenata desafinada, Kevin le tocó el sax y Darwin un amigo de su generación de la escuela también fue a tocar para él y a acompañarle. Isaac y Rafael también le habían llevado música al Hospital, y varios, muchos hicieron guardia fuera de UCI o fuera del mismo Hospital por si pedían algo, ahí “lechuciaron” la Yuquita, Joan, Rafael, Mario Rolando, tus amigos José, tu familia que hiciste en el camino.

Nunca le faltó amor a José, le faltó medicamentos porque no los pidieron, le faltó higiene, le faltó un trato humano de parte del personal médico y de enfermería, convivió con el descalabro de ese hospital público donde la vida de las personas es nada, donde la gente llega a enfermarse más de lo que ya estaba al entrar, donde se le hace cuna a la muerte, pero amor nunca te faltó. Ahí tu tía Yaneth, tu primo Jorge Luis, tu tía Ángela y tu prima Karolina que esperaba afuera a pesar del luto de la reciente muerte de tu tío Germán, amor José, eso nunca te faltó.

En Siguatepeque llegaron tus hermanos de la música, tus amigos, tus otros primos: Gabriela, Alejandra, René y David, tu tío René también, incluso tu tía María Teresa, y a tu despedida final, tu tío Luis. ¡¡Amor tuviste siempre José, porque amor diste siempre!!

El cultivo que hicieron por la neumonía determinó la presencia de dos bacterias: una hospitalaria (de UCI) y una por manipulación de heces. Inexplicable, la Internista me lo dijo atónita “No puedo entenderlo… hay que cambiar de nuevo el antibiótico”, mientras las temperaturas eran de 39 hasta 40 grados, y José cada vez más ausente, se nos iba, no había manera de atender nada de lo neurológico, de todas las buenas intenciones que venían de otras partes del mundo para la rehabilitación, nada de eso porque el cuadro del resto de enfermedades adquiridas solo empeoraba.

El 5 de Octubre fue la noticia de la trombosis pulmonar, era el desenlace que evadimos desde la forma en que les comunicamos al resto la esperanza de retenerte, el dilema de dejarte ir para que no quedaras atrapado en un cuerpo en el que ya no encontrarías cómo comunicarte, como expresarte, cómo ser más como te conocimos: alegre-triste, juguetón-tímido, expresivo-cohibido, esos extremos que nos determinan y que no queremos ver que no son una condición personal, sino la condición creada socialmente en un país donde está prohibido ser: libre, caminador nocturno, creador sin reglas, humilde aunque se sea grande, inadvertido aunque se sea importante, tristes crónicos porque nos enamora la luna sobre el cerro que al amanecer nos deja ver su saqueo, su entrega a ajenos, su explotación inmisericorde, tristes crónicos que un día sucumben dramáticamente porque somos del drama de la vida, sus cantadores y cantadoras.

El 7 de Octubre a la 1:40 de la mañana un paro respiratorio, dice tu tocayo José y su hermana, la Doctora Sandra, que estaban a tu lado, que solo fuiste respirando con menos fuerza, que fue con paz tu despedida, como una velita que se va consumiendo hasta que no tiene más llama, y me da algo de consuelo saber que así fue, que tuviste tiempo para entender que aunque tu mami y luego tu abuelita ya se habían adelantado, tus tías trataron siempre de suplir de alguna forma esa ausencia, y que aunque a mí no me guste ser asumida como tu mamá, si te cuidé con el primor de una, que tus amigos son tus hermanos, que tus primos y primas, también lo son, que alcancé a repetirte que te amo, que te voy a amar siempre, que todo lo hiciste grande José, engrandeciste la vida de tanta gente, el universo es otro porque vos sos parte de él, tanto hiciste en tan poco tiempo que hay que celebrar tu paso fugaz como intenso.

Yo quise escribir para honrarte, para que sepan de tu vida buena, quienes solo te conocen por tu obra musical, a quienes tocaste sus almas cuando te vieron ejecutando el piano, el bajo o la batería de manera apasionada y generosa.

Quise escribir porque yo escribo egoístamente para sanar mi propio dolor y porque es necesario que se sepa que tu muerte era evitable, que no fue lo que Dios quiso, sino lo que un sistema de salud saqueado provoca en el pueblo del que vos has sido parte, para honrar tu memoria en la verdad de lo sucedido, te mataron los prejuicios, los saqueos, la normalización de la tragedia humana de un lugar sucio, contaminado, vetusto, pesadilloso, militarizado, oscuro, donde trabajan personas que normalizaron trabajar en esas condiciones infrahumanas para ellas y ellos y para las y los pacientes que reciben.

Escribo para imaginar que pueda servir para salvarnos de este naufragio en el que aceptamos todo como designio divino y no puede ser así, nada va a devolverte José Antonio, nada de lo que llore, ni de lo que maldiga, nada de lo que escriba va a devolverme a mi amigo, pero tenemos más amigas y amigos, familiares, personas que no porque no conozcamos, no se merecen dignidad, justicia, buenos tratos, un hospital de verdad público, donde la salud sea un derecho, donde los José sean seres humanos y entonces sean tratados como tal, sin tantas carencias, sin tanta negligencia, sin normalizar más este empobrecimiento de nuestras almas.

Escribo porque te extraño, porque el país está de luto, porque la música está de luto, porque te amo infinita y eternamente, te amo.

3 comentarios en “José Antonio se fue rodeado de amor, del que él nos dio

  • el octubre 15, 2020 a las 6:43 am
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    terriblemente conmocionado, un sistema sanitario colapsado en el que entras con una enfermedad y salís con cinco, no conocí a José, pero, con ese relato de Karla siento que no solo lo conocí, sino que compartí con él sus alegrías y la forma de ser tan espontanea y querida, un abrazo hasta el cielo José, que Dios te tenga en un mejor lugar.

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  • el octubre 14, 2020 a las 10:54 am
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    Tremenda perdida para el arte ya musica en Honduras me uno a ese tremendo dolor

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  • el octubre 13, 2020 a las 12:10 am
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    No pude evitar las lagrimas ,los recuerdos y la experiencia vivida ,perdona que no te diga usted ,que te trate como hermana ,que te agradezca por plasmar tan fielmente lo que muchos hemos sufrido al hacer
    uso de un hospital que por ser publico tampoco es gratis ,lo pagamos con nuestros impuestos ! No tuve el honor de conocer personalmente a Jose pero me identifico plenamente con su condicion,tampoco te conozco a ti pero si parte de tu trayectoria ,recuerdo a un amigo Chileno,hijo del exilio ,su padre fue Ministro del fugaz Gobierno del Presidente Allende ,radicados en Buenos Aires ,en el 2010 ,me dijo voy a
    un evento de la Hondureña Karla Lara ! Senti tanto orgullo como si te conociera ,leyendote vuelvo a sentir ese sentimiento con esa mezcla que tu haces ,agridulce ,vacilando entre seguir siendo victimas o protagonistas de un alto ,de un cambio ,mil gracias por ser voz,estoy segura de miles que nos sentimos representados y retratados en tu homenaje a Jose y por extension a otros miles en su misma condicion !!!!

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