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Hambre, desnutrición, pandemia y miseria: Honduras

Pobreza Honduras

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Un estudio del Banco Mundial señala que uno de cada cuatro niños se ven afectados por no recibir una alimentación adecuada en Honduras y que 60 % de los niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica.

 

 

Pobreza Honduras
Daniela busca a diario la caridad de la gente para alimentar a sus dos pequeños hijos.

Texto: Laura Aceituno

Fotos: Fernando Destephen

Portada: Reynaldo López

Gráficos: Guillermo Burgos

 

Tegucigalpa. – «Llevo varios años pidiendo en los semáforos, tengo cuatro hijos, pero me traigo tres de ellos porque me da miedo dejarlos con desconocidos, mi hija mayor (9 años) se va con mi mamá a pedir a otro lado. El papá de los niños se pone a limpiar los parabrisas de los carros, a veces le ayuda el niño (7 años), pero él pasa jugando más que ayudándole. Durante la pandemia no hicimos mucho, hasta ahorita es que volvimos a salir».

En palabras entrecortadas y mientras cuidaba de sus dos hijas -de 2 y 1 año respectivamente- Daniela de 24 años comentaba cómo a diario logran recolectar entre 150 a 200 lempiras, el equivalente a 6 y 8 dólares. «Ese dinero no nos ajusta para los tres tiempos de comida, la niña de dos años sólo pasa enferma, y a la fecha no conseguimos ayuda». Mientras Daniela comentaba su situación, sentada en un poste de alumbrado público se logró observar cómo la niña con sus ojos llorosos se apretaba el estómago repitiendo con su voz inocente «me duele mucho».

«A ella la llevé al médico, tiene sus medicinas, pero son 400 lempiras en todo eso. Hasta ahora el gobierno no nos ha apoyado en nada, no hemos recibido ni bolsas solidarias ni ningún tipo de apoyo durante la pandemia», agregó Daniela, que sin ningún tipo de protección de bioseguridad viaja todos los días desde el barrio el Reparto hasta la céntrica colonia Palmira, de la capital hondureña, para conseguir algo de dinero y tratar de alimentar a su familia.

Si se avanza unas calles más, a otros dos semáforos, se puede observar en la misma condición a un grupo de más de ocho mujeres acompañadas de sus hijos que también se dedican a pedir dinero. «No hemos recibido apoyo, no tengo alimento ni suplementos para mi bebé y lo que recibo es para los pañales de él», comentó la joven de unos 20 años que cargaba a su bebé de nueve meses.

Casi al unísono las madres señalaron que sólo al inicio de la pandemia recibieron por parte del gobierno la bolsa solidaria (un poco de víveres), pero no fue algo de todos los días y mucho menos algo que ajustara para el mes. «Eso es sólo para una semana por mucho y sin hacer los tres tiempos de comida», señaló una de las mujeres de unos 25 años que estaba sentada bajo un árbol sosteniendo a su niño de cuatro años.

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Los relatos de estas mujeres, que llegan a pedir ayuda a los ciudadanos que se movilizan en automóviles, pueden representar lo que han vivido los cientos de hondureños que a diario se vieron en la obligación de pedir dinero en los semáforos de la capital y en otras ciudades de este país centroamericano durante la pandemia y que se han sentido abandonados por el gobierno.

Esta problemática se dimensiona y preocupa todavía más cuando entre las mujeres que se encuentran pidiendo dinero, las acompañan sus hijos. Estos niños son menores de diez años, que tienen un rango de entre los seis y dos años. Algunas de ellas comentaron que ellos lograron terminar su año académico, pero el problema de no poder alimentarlos como se debe continúa.

El 2020 fue un año crítico para los menores de edad, algunos se vieron en la obligación de abandonar sus estudios y recurrir a trabajos informales como el limpiar los vidrios de los carros, vender mantas de limpieza u otros productos, a modo de conseguir una pequeña parte de dinero, aunque no se sabe de forma específica cómo están siendo alimentados.

Los datos concretos sobre la situación del hambre y desnutrición en Honduras no se han actualizado desde el 2012 debido a que no se ha publicado la última Encuesta Nacional de Demografía y Salud (ENDESA). Sin embargo, algunos datos de organismos internacionales indican que la desnutrición cada vez va en decremento, pero son otros los factores que han aumentado como el sobrepeso, la inseguridad alimentaria y la malnutrición.

Según el Informe de Situación 2018 sobre los Derechos de la Niñez y Adolescencia de Honduras publicado por el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), los niños menores de 5 años con desnutrición crónica han disminuido paulatinamente desde el 2001 (33%), 2006 (24.7%) hasta el 2012 (22.6%). De estos, un 14.6% se encuentra en el área urbana y un 28.8% se encuentran en el área rural.

Aun así, todavía no se ha tomado en consideración todo lo que ha sucedido durante la crisis sanitaria que trajo la pandemia de la Covid-19 y que mantiene a Honduras en una emergencia nacional desde marzo del año pasado, provocando la pérdida de empleos en muchas familias. Aunque hubo una aparente ayuda gubernamental, existen muchas denuncias de cómo no se hicieron entregas de las bolsas solidarias a las zonas más vulnerables del país, incluyendo comunidades indígenas y más de un millón de personas se vieron excluidas, según datos del mismo gobierno.

Y sobre esto, la problemática se agravó tras el paso de los huracanes Eta e Iota, que ocasionaron pérdidas millonarias en la producción agrícola y agropecuaria. También, se estima que unos cuatro millones de personas se vieron afectadas de forma indirecta y miles de familias perdieron sus hogares. A la fecha, se estima que más de 100 mil personas se encuentran actualmente albergados en diferentes centros habilitados temporalmente y algunos denuncian no recibir alimentación.

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Un estudio del Banco Mundial señala que uno de cada cuatro niños se ven afectados por no recibir una alimentación adecuada en Honduras y que 60 % de los niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica.

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LA MALNUTRICIÓN DURANTE LA PANDEMIA

Con la llegada de la pandemia de la Covid-19, las autoridades gubernamentales a nivel mundial utilizaron el confinamiento como una medida «eficaz» para reducir los números de contagios y así evitar la propagación del virus. Esta situación, como se señaló anteriormente, generó un impacto en la economía de los países, especialmente aquellos que se encuentran en pobreza y extrema pobreza como lo es Honduras.

Con esto, se ha indicado por parte de organismos internacionales que ha habido un incremento de hambruna, desnutrición e inseguridad alimentaria. También, la preocupación viene a que tras este confinamiento aumenten las tasas de obesidad y carencia de micronutrientes. En parte, esto está ligado a la poca actividad física con la que se ha mantenido algunas personas, así como el poco acceso a alimentos nutritivos.

La pandemia también ha demostrado que en Honduras existe un alto porcentaje de inseguridad alimentaria. Para los especialistas los altos índices de inseguridad alimentaria se ven en las zonas rurales, que a pesar de que son zonas con acceso a frutas y vegetales, la pobreza implica que los productores y agricultores opten por vender sus productos y consumir alimentos altos en grasas, azúcares y sales.

Con la falta de acceso y la deficiencia a nutrientes o micronutrientes se llega a lo que los nutricionistas llaman «la doble carga de malnutrición». Esto quiere decir que, por ejemplo, cuando las personas no consumen alimentos altos en hierro, estos pueden presentar anemia. Y, por otro lado, si la persona tiene un alto consumo de grasas y carbohidratos pueden llegar al sobrepeso y obesidad, que causa enfermedades cardiovasculares y diabetes.

La nutricionista Lucía Escobar y autora de un estudio sobre la malnutrición en Honduras durante la pandemia explica que: «se categoriza como la doble carga de la malnutrición cuando en una familia se presenta una persona con desnutrición y una persona con sobrepeso y obesidad Esto sucede por diversas cosas, una de ellas es la falta de educación nutricional principalmente en el sobrepeso y obesidad. Porque a pesar de que las personas en el área rural tienen acceso a frutas y vegetales que ellos siembran y cosechan, deciden venderlo en lugar de consumirlo ellos mismos. Y lo venden para comprar gaseosas, pan dulce, churros. Ahí tenemos una parte del problema de la parte educativa».

Estas problemáticas, explica Escobar, están vinculadas a la inseguridad alimentaria y se ejemplifica en cuatro pilares importantes: «el primer pilar es el de acceso, qué tanto dinero ellos tienen para poder acceder a esos alimentos. El segundo pilar es la disponibilidad, es de decir, si hay acceso a dinero que el alimento esté disponible en el mercado. El tercero es el consumo, las decisiones que la persona toma hacia el consumo de ese alimento. Y el cuarto pilar es la utilización biológica del cuerpo hacia ese alimento, por ejemplo, que no haya una condición que impida la absorción de los nutrientes.

Con esto, se entiende también que la desnutrición no es únicamente por la falta o nulo acceso de alimentos altos en nutrientes. La nutricionista Lucía Escobar también agrega que existe una serie de casusas subyacentes que vienen desde los pilares de la atención primaria en salud.

«Hay falta de servicios de salud que puedan darle acceso a todas las personas que a veces tienen que caminar dos horas para ir a un centro de salud. La calidad del agua es muy mala o no tienen agua potable, eso ocasiona que absorban muchos microbios que inhiben la absorción de nutrientes. Aunque estén comiendo, el cuerpo no lo absorbe y de manera crónica se deteriora el estado nutricional», comenta Escobar.

Por otro lado, en Honduras no existe tampoco una regulación en el mercadeo de alimentos cargados de grasas, azúcares y sales. Con esto, no se prohíbe que no se declare la cantidad de azúcar que trae un producto, no existe una educación que ayude a entender a los consumidores las etiquetas nutricionales por el tecnicismo que estas traen y, en consecuencia, nada de eso influye en lo que consumen.

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EL HAMBRE EN LAS AMÉRICAS

La Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés), señaló que solamente en el 2018 el hambre global aumentó a 821 millones de personas. Esta situación, solamente en América Latina y el Caribe, tuvo un crecimiento de 39,3 millones de personas en el 207.

En Honduras, por su posición geográfica, la crisis alimentaria se ve afectada por múltiples factores. En este país centroamericano sucede tanto sequías extremas, como lo es en el Corredor Seco, o lluvias que causan catastróficas inundaciones, como ocurrió tras el paso de los huracanes Eta e Iota en 16 de los 18 departamentos del país.

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Según los datos del Banco Mundial, el Corredor Seco es una de las zonas que la escasez de lluvia es frecuente durante todo el año. Esta franja que cruza Honduras de sudeste a sudoeste es una de las zonas que concentra la mayor parte de la pobreza del país. Las cifras, tras los eventos naturales pasados, indican que en Honduras ahora un 70 % de la población vive en situación de pobreza, sin estimar lo que trajo consigo la pandemia.

Una de las problemáticas que indica este organismo, es que la situación de pobreza afecta la malnutrición. En contexto, 1 de cada 4 niños se ven afectados por no recibir una alimentación adecuada. Y solo en esta zona, el 60 % de los niños menores de cinco años sufren de desnutrición crónica. También, se ve frecuentemente el problema de sobrepeso y obesidad, así como la inseguridad alimentaria.

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LOS COSTOS DEL HAMBRE PARA HONDURAS

En 2005, el Programa Mundial de Alimentos (PMA) y la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) desarrollaron y aplicaron metodologías sobre el costo del hambre en la región de América Latina y el Caribe, que más tarde utilizarían en África. En el 2017, esta metodología se trabajó en Honduras como resultado del aumento del sobrepeso y la obesidad en un contexto donde todavía existe la desnutrición.

Este modelo comprendería un análisis para medir el impacto social y económico de la doble carga que conlleva la malnutrición. Los efectos y costos futuros resultantes de la malnutrición que afectó a la población hondureña en el año 2017 se proyectaron para el período 2018-2081, cuyos primeros resultados se publicaron en octubre del 2020.

Entre los principales efectos y costos asociados a la desnutrición infantil, el estudio publicado por el PMA y la CEPAL es que, en Honduras, el costo público en salud se estimó en 36,1 millones de dólares. Este monto representa el 5.3 % del total del gasto público social en salud para el 2017.

Los datos de desnutrición indican que, de cada 100 infantes cerca de 10 nacen con bajo peso. Esta situación los expone a problemas severos de crecimiento y susceptibilidad a enfermedades infecciosas. Las principales enfermedades que afectan a los niños y niñas asociadas a la desnutrición son el bajo peso al nacer y retraso de crecimiento intrauterino (BPN-RCIU) con un 34,4 %; las enfermedades diarreicas agudas (EDA) con un 11,5 %; las infecciones respiratorias agudas (IRA) con un 9,2 %; y la desnutrición aguda con un 46 % de menores afectados.

La malnutrición también se vincula a otros riesgos relativos, con esto los especialistas quieren decir que, a partir de una sociedad con altos índices de malnutrición, la carga de enfermedades y de mortalidad podrá ser prematura en niños, jóvenes y adultos, y el país cada vez bajará su índice en lo que respecta la calidad de vida.

Con estos datos críticos, el gobierno de Juan Hernández ha «destacado sus logros alcanzados gracias a los programas que han diseñado» para una aparente lucha contra la desnutrición y obesidad, agradeciendo al PMA por sus acciones ante tales situaciones. Sin embargo, los organismos vinculados en el estudio hacen hincapié sobre las desigualdades de derechos en la que viven los hondureños durante los últimos años en cuestión de alimentación y nutrición.

Esto es señalado por Alicia Bárcena, Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, tras publicarse el estudio, agregando que «los resultados dan cuenta de la forma en que la inseguridad alimentaria y nutricional en la región constituye una denegación de derechos para las personas y supone importantes costos económicos para el país, un indicador más de la ineficiencia de la desigualdad».

El reflejo de la inseguridad alimentaria y nutricional en Honduras durante la pandemia se mostró cuando se habilitaron, en primera instancia, los restaurantes de «comidas rápidas». Es evidente cuando el gobierno no precisa en regular los precios e impuestos a los alimentos con alto contenido en carbohidratos, azúcares y sales, dejando en segundo plano las sugerencias y conocimientos de los especialistas en nutrición.

Esta problemática será todavía más opacada cuando en vísperas de un año electoral, el hambre no será el primer enfoque de los políticos durante sus campañas electorales. La corrupción que se ha denunciado durante el primer año de la pandemia de la Covid-19, y durante los últimos 11 años, hace notar el desinterés de los gobernantes hacia un pueblo golpeado por la impunidad y el desinterés de ser suplido por una de las necesidades más básicas como es el acceso a la alimentación.

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