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Pandemia y fenómenos naturales terminan de hundir año académico de los niños más pobres en Honduras

Educación Honduras

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Por: Laura Andrea Aceituno

Edición Emy Padilla

Portada: Reynaldo Antonio Raudales

Gráficos: Guillermo Burgos

Tegucigalpa. -Para Patricia, una niña de 12 años estudiante de octavo grado de un colegio público de la capital hondureña, el recibir clases desde casa significó un reto. Aunque asegura que la calidad de sus clases estuvo bien, debió tener mucha voluntad para poder hacer las tareas. La menor, que nunca había reprobado una clase en su historial académico, este año se ve en la obligación de recuperar una materia después de que sus obligaciones académicas dependieran de un teléfono móvil, una buena conexión a internet y mucha distracción a su lado.

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«El problema -explica Patricia- es que prefiero estar en el aula porque siento la presión de hacer las cosas. En casa encuentro mucha distracción y a veces olvido hacer las tareas». Y más que pasar por alto las fechas de entrega, señaló que durante la pandemia su teléfono presentó problemas y se vio en la necesidad de estar utilizando el móvil de su abuela ya que su madre se encontraba trabajando. Esta situación no le permitió entrar a la plataforma virtual de su colegio y le causó problemas para trabajar en las asignaciones.

También se encuentra el caso de Gerson, un adolescente de 15 años y estudiante de excelencia académica de noveno grado de una institución privada capitalina. Contrario al caso de Patricia, el menor siente que es más fácil aprender desde casa «domino mejor los temas que en años anteriores porque me siento más en ambiente y cómodo», agregó. Sin embargo, sí comentó que tuvo problemas para adaptarse a recibir clases desde su celular.

«En los cuatro parciales tuvimos diferentes horarios y eso nos molestó con los compañeros e incluso a los padres. Al principio del año en algunas clases solamente nos dejaban asignaciones desde WhatsApp y ya después comenzamos a utilizar la plataforma. Pero muchos compañeros sí tuvieron problemas de conexión y para usar la plataforma», comentó el menor.

Esta plataforma, explicó Gerson, tiene una norma en la que los estudiantes tenían que entregar sus tareas en la fecha indicada, si no lo hacían el sistema bloqueaba el ingreso de los documentos. En su caso no tuvo problemas con el acceso a la tecnología, salvo en los días en los que se interrumpía el fluido eléctrico o acompañaba a sus padres a trabajar y tenía que pedir que le compraran paquetes de internet para ingresar a las clases.

Educación Honduras
Gerson revisa sus asignaciones en la plataforma de su colegio.

Aunque estos estudiantes señalaron haber recibido sus clases con una aparente calidad académica, la posibilidad de un detrimento de la eficacia educativa por el cambio drástico de las metodologías de enseñanza a la cual se vieron obligados los profesores tras el cierre de los centros educativos debido a la pandemia causada por la COVID-19, es posible que en un futuro muestre lo contrario.

Este proceso de adaptación, de cambiar de clases presenciales a clases virtuales, tanto para el docente como para los niños, los padres y madres de familia fue casi radical y sobre esto, han sido los estudiantes quienes estarían siendo afectados con una posible mala base educativa que será fundamental para su siguiente curso académico, sin ignorar a aquellos que se vieron afectados en abandonar sus clases por falta de recursos económicos que les permitiera el pago del servicio de internet, el contar con un teléfono móvil o una computadora.

«Nunca el niño ha sido preparado para ser él mismo el conductor de su propio aprendizaje, por mucho que la ciencia diga que no, siempre se requerirá la tutoría o asesoría de un buen docente para conducir el proceso de enseñanza aprendizaje», asegura Gloria de Espinoza, doctora en ciencias pedagógicas y especialista en educación y estrategias metodológicas.

EL CIERRE DE LOS CENTROS EDUCATIVOS

La Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró el 11 de marzo del 2020 que la situación sanitaria provocada por la COVID-19 a nivel internacional alcanzó la categoría de pandemia luego de que se presentarán casos positivos en más de 100 países. En Honduras, para el 12 de marzo, se declaró emergencia nacional y la Secretaría de Educación inició el cierre de los centros educativos en los niveles de prebásica, básica y media.

Este cierre de los centros educativos por la crisis sanitaria para la Organización de los Estados Iberoamericanos fue en parte una iniciativa para contener la propagación de la enfermedad y evitar el colapso de los sistemas sanitarios, no obstante, esta circunstancia puso a prueba a ambos sistemas, en este contexto, a los sistemas educativos que evidenciaron cómo han trabajado en los últimos años.

El cierre de los centros educativos a nivel mundial fue progresivo. Según un mapa interactivo de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés), el 22 de febrero del presente año únicamente China y Mongolia cerraron sus escuelas por la COVID-19 debido a que el epicentro de los contagios inicialmente se encontró en esa región.

Casi un mes más tarde, el 31 de marzo, a nivel mundial los países comenzaron a emitir ordenanzas del cierre indefinido de los centros educativos debido a la pandemia, especialmente en Europa, Asia y África. Para el lado de América, en los Estados Unidos en el sector educativo hubo un receso académico, y de la región latinoamericana únicamente Nicaragua no cerró sus escuelas.

El seguimiento mundial de los cierres de las escuelas causado por la COVID-19 para el 9 de noviembre del presente año muestra que la mayoría de los países europeos tienen abierto en su totalidad los centros educativos. Los Estados Unidos, Canadá y algunos países de Sudamérica sus escuelas están abiertas de forma parcial, y en Centro América, a excepción de Costa Rica y Nicaragua, están cerrados en su totalidad. Hasta esa fecha, un total de 224,068,338 de estudiantes se han visto afectados a nivel mundial.

La situación para el 2021 se irá considerando según las pautas que estos países muestren, aunque el panorama para Honduras resultará incierto debido a las medidas protocolarias de cada centro educativo como en los propios hogares impongan. «Nosotros estamos a lo que el reloj de Europa y Estados Unidos nos mueva. Le preguntamos al señor ministro de educación qué va a pasar en el 2021 y él dice que hay que esperar lo que pase en esos países. Ellos -los países de avanzada- van a dar la medida y diferencia de un aprendizaje apropiado» señala la doctora Espinoza.

HONDURAS Y LA EDUCACIÓN DURANTE LA PANDEMIA

Este cierre total de los centros educativos indicó únicamente el cierre de la infraestructura, las clases debían continuar en la modalidad de clases virtuales o en línea. Para los países que se encuentran en vías de desarrollo con pobreza o extrema pobreza esta situación representó una desventaja significativa para los estudiantes que no tienen acceso a tecnologías e internet, situación que los llevó al abandono de las clases.

De acuerdo a cifras del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), en el 2018 el 61.8 de los hogares hondureños  eran pobres y de ese porcentaje, el 38 % eran extremadamente pobres. Para el mismo período, el INE reflejaba en sus estudios que el 19.7 de los hogares hondureños, sobrevivían con un dólar al día. y ahora con los efectos de la pandemia y los fenómenos naturales que territorio, economistas proyectan que la pobreza podría aumentar hasta en un 5 %.

Lo anterior puede indicar que el acceso a tecnologías como celulares, computadoras -e inclusive televisión- y la conexión a internet es limitado o nulo en gran parte de la población. Las estadísticas sobre el acceso a internet del 2019 del INE indicaron que sólo un 30 % de la población hondureña tiene acceso a internet.

«El abandono, específicamente en el sector público, se debe a la falta de medios tecnológicos de la familia para tener conectados a sus hijos. He conocido casos donde hay cuatro niños en edades escolares de diferentes grados y tienen que priorizar a quién le prestan el celular o si es que hay una computadora en las casas, quién va primero a recibir la lección y quiénes van después, quiénes van a entregar las tareas o las asignaciones», explica la doctora Espinoza.

Las estimaciones del 2019 señalan que en Honduras de 2.9 millones de menores entre 3 y 17 años, casi 900 mil de ellos estaban fuera del sistema educativo. Debido a la pandemia causada por el coronavirus y lo que llevó al cierre de los centros educativos, se estimó en junio del presente año que esta cifra podría aumentar a más de un millón de menores fuera del sistema educativo. Por ahora se estima que hay un 30 % de deserción educativa del sector público.

Sin embargo, esta deserción no solamente será pronunciada en el sector de educación pública. La pandemia involucró también la falta de empleo y esto conllevó a que algunos padres y madres de familia tuvieran dificultades económicas, identificándose también un abandono escolar en el sector privado y bilingüe.

La doctora Espinoza agrega que el sector privado tiene serias dificultades con la mora en colegiaturas, «ha afectado directamente porque los papás no pueden enviar a sus hijos porque no pueden seguir pagando. Ha habido una deserción igual, tenemos el caso reportado de una escuela que llega a más del 40 % de la deserción de sus estudiantes y con la desventaja que no se va a poder recuperar esa mora a corto plazo».

Esta problemática se evidenció en una investigación realizada por el Observatorio Universitario de la Educación Nacional e Internacional de la Universidad Pedagógica Nacional Francisco Morazán (OUDENI – UPNFM), en la que se identificó que la pandemia de la COVID-19 encontró al sistema hondureño sin la preparación necesaria para pasar de una educación presencial a la modalidad de educación a distancia o clases en línea.

Sin embargo, esta preparación ha sido ignorada desde antes de la pandemia debido a la desigualdad social y a los altos niveles de pobreza con los que se encuentra Honduras. Dichos factores son los que muestran que el sistema educativo hondureño presenta indicadores bajos en referencia a la cobertura educativa y el nivel de aprendizaje en los estudiantes.

Este estudio también identificó que al inicio del confinamiento cerca del 50 % de los estudiantes estuvo en contacto con sus profesores en el área urbana, pero la otra mitad de los estudiantes no sostuvieron un contacto constante con sus profesores. En el área rural, menos de un tercio mantuvo ese contacto con sus profesores lo que implica que la mayoría no logró establecer dicha relación

Por otro lado, se mostró que en el área rural los docentes no cuentan con elementos como computadoras y tampoco tienen acceso a una buena conectividad de internet. Esta investigación señala que «el diseño de las actividades didácticas en el contexto de la pandemia, se utilizó el teléfono móvil, pero este no es el instrumento adecuado para elaborar, compartir, revisar materiales y tareas de clases».

La profesora Norma Suárez, directora de un colegio público de la aldea Agalteca, en el municipio de Cedros, zona norte de Francisco Morazán, agregó que tanto ella como el resto de sus compañeros tuvieron bastantes problemas debido a que la Secretaría de Educación no definió políticas para impartir las clases en el área rural. No fue sino hasta ya avanzada la pandemia que comenzaron a utilizar los dispositivos móviles o sugerir el uso de la tele básica o educación por televisión.

«Esto fue con serias dificultades porque no a todas las comunidades les llega la televisión. El otro medio fue a través de WhatsApp y a través de llamadas telefónicas, en algunos casos la telefonía celular no tenía cobertura, entonces se tuvo que hacer visitas domiciliarias. Eso fue bastante problemático porque había que tener todos los elementos para protegernos, tanto a los docentes como a los niños», describió la profesora Suárez.

En este colegio, explicó Suárez, ya presentaba una deserción de un 2 %, pero con la llegada de la pandemia esta cifra podría ser de entre 10 y 15 %.

Ante la crisis, la Secretaría de Educación impulsó estrategias y actividades educativas como la tele básica, clases por radio, tutorías, clases en línea en algunas plataformas; así como el acompañamiento al personal docente para el desarrollo de contenidos y que estos mantengan el contacto con sus estudiantes, mismas que fueron reconocidas por organismos internacionales.

En un informe publicado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) se presenta una gráfica en la que Honduras destaca dentro de los 18 países de la región cuyos gobiernos presentaron iniciativas de apoyo para los docentes en el marco de la crisis causada por el coronavirus. A pesar de esto, los expertos indican que son recursos insuficientes para hacer de la modalidad virtual un modelo de clases para el año académico 2021.

A su vez, los especialistas han analizado que estas estrategias implementadas por el gobierno de Honduras a través de la Secretaría de Educación, para los avances educativos y tecnológicos que ya están implementados a nivel mundial, son métodos obsoletos que funcionaron hace una o dos décadas y que representan una desventaja para los estudiantes marginados y del área rural.

«El gobierno volvió atrás con unos programas que estuvieron hace una década, de educación por radio, la tele básica; estuvieron en pruebas, entrenamientos pilotos, eso es lo que el gobierno ha dicho que tiene. Las muestras que ellos hayan podido obtener no es del común denominador, probablemente son escuelas seleccionadas que han sido centros piloto de la Secretaría y por ahí han recogido esos datos de que la metodología ha sido efectiva» replicó la doctora Espinoza.

Educación Honduras
Sesi, no es tan afortunada como Patricia y Gerson. Ella tiene limitaciones en sus estudios porque su familia no cuenta a diario con el servicios de internet.

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UNA POSIBLE PROMOCIÓN AUTOMÁTICA

A raíz de esta situación, podría surgir de que las autoridades tomen la decisión de promover de manera automática el año académico 2020, es decir, se buscaría promediar a los estudiantes y que estos pasen el curso indistintamente hayan aprendido o no.

«Ahí es donde digo que se penaliza en general si se diera la promoción automática. ¿Dónde está la formación de valores como la responsabilidad? Cómo es que todos los niños van a pasar independientemente si hayan trabajado o no. Cuál es la información que ellos captaron, cuál es ese nuevo aprendizaje que ellos llevan para responder a ese grado inmediato superior», cuestiona la doctora Espinoza.

Una de las consecuencias que no se esperaban para el cierre del año académico 2020 fueron las que trajeron consigo las tormentas tropicales Eta y Iota. «Lo ideal y lo válido, señala la doctora Espinoza, es que surja la promoción automática, especialmente para las zonas que se vieron directamente afectadas y quedaron totalmente incomunicadas».

«Nadie en este momento está pensado en tareas, están pensando en sobrevivir a toda esta inundación, esto puede ser válido», agrega la especialista en educación. Aunque todavía no se tienen reacciones por parte de la Secretaría de Educación, se deberá analizar las zonas afectadas, evaluar la situación de los estudiantes y tomar la decisión.

LAS BRECHAS EDUCATIVAS

La UNESCO calcula que cerca de 2 millones de estudiantes hondureños se vieron afectados por esta modalidad de enseñanza implementada durante la pandemia. Así como estos estudiantes señalaron cómo se adaptaron y por mera voluntad propia salieron adelante en sus clases, las desventajas y la brecha de desigualdad es más pronunciada en los estudiantes del área rural o marginal.

Aunque se puso en contexto la situación educativa en Honduras durante la pandemia, la CEPAL ya había agregado en sus informes que inclusive antes de que los países de la región latinoamericana enfrentaran la pandemia, la situación social y educativa ya se estaba deteriorando. Los índices de pobreza y de pobreza extrema, las desigualdades, el descontento social y el desempleo causarían efectos negativos en sectores sociales tanto de salud como de educación.

La educación en línea, que depende de una conexión a internet, engloba una serie de efectos y brechas que diferencian el acceso a la educación y, por ende, en el aprendizaje del estudiantado, especialmente en países que tienen zonas con extrema pobreza como lo es en Honduras. A pesar de que el país cuenta con una Ley Fundamental de Educación, el impacto del abandono escolar que surgió con la pandemia se evidenciará años más tarde.

Esta Ley, publicada en el diario oficial La Gaceta en 2012, tiene como finalidad «garantizar el acceso equitativo de todas las personas sin discriminación a una educación integral de calidad». A su vez, en el Artículo 16, hace hincapié que «el año lectivo consta de, al menos, 200 días de clases u otra unidad equivalente», en consecuencia, el año lectivo no podrá darse por concluido sino hasta completar el número de días establecidos.

Hasta octubre, la Secretaría de Educación señaló que el año lectivo concluiría el 30 de noviembre. Sin embargo, en ese mismo mes, señaló que aquellos estudiantes que no alcanzaron un aprendizaje satisfactorio o no lograron cumplir con la entrega a tiempo de sus tareas, su reforzamiento continuaría hasta febrero del 2021.

Los datos estimados hasta ahora solamente indican lo sucedido durante el año académico 2020, el cierre académico y el retorno a la escuela todavía queda incierto. En consecuencia, los problemas económicos y el desempleo continúan afectando a familias puesto que la crisis causada por el coronavirus sigue perturbando a las empresas e instituciones públicas, y tras el paso de dos huracanes, las pérdidas materiales podrían incrementar el abandono escolar.

Se ha alertado por medio de los organismos internacionales que con el paso del tiempo podría ser difícil lograr que estos menores regresen a las escuelas. Si se profundiza más respecto a la continuidad de la pandemia y que hay menos opciones por parte de las autoridades competentes para garantizar educación en Honduras, la posibilidad de que la niñez abandone sus estudios de manera definitiva o se retire de manera temporal puede ser alta, puesto que por las dificultades económicas estarían en la opción de recibir clases o alimentos, así como ellos mismos tomar la decisión de buscar un oficio o empleo.

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