Dice Trump que el remedio no puede ser peor que la enfermedad

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 

Y lleva razón. En parte por carencia de educación, a muchos nos falta terminar de entender la gravedad de la situación que atravesamos como país, después de prolongadísima crisis política y social, en que se han degradado los -ya de por si- endebles servicios, y ahora enfrentados a una emergencia sanitaria más grave que cualquiera en los últimos cien años. Los expertos nos han dicho que el sistema hondureño es el peor dotado para esta situación en el Continente. Por ese abandono, el gobierno esta en una trampa sin salida. De la mano de dios y con el ánimo que nos dan los ancestros, vamos a sobrevivir. Porque aunque sea tardíamente, vamos a cobrar -por fin- esa conciencia, y vamos a hacer a un lado las prepotencias y las mezquindades.

Lo primero que hay que razonar es que la salvación aquí somos todos, que solo nos salvamos, como ha dicho Melo por ahí, en racimo, por generaciones. Todos estamos llamados a hacer nuestra parte. Los empresarios en primer lugar llamados a sostener sus organizaciones, y a apoyar a quienes les prestan normalmente el concurso de su energía, y que provisionalmente no han podio trabajar o no debieron hacerlo para acatar las medidas obligadas, pero que siguen necesitando de un ingreso para alimentar sus familias. Excelente Roberto Contreras y Banco Credomatic. Los agricultores no deben fallarnos ahora con la producción estratégica de los alimentos necesarios, con cuyos precios nadie debe especular, so pena de cárcel. Los profesionales de todos los campos tampoco fallaron organizando la logística, el transporte, asegurando la comunicación efectiva y sensata.

En un primer plano, los profesionales de las ciencias de la salud, que están convocados a aportar las luces para que la lucha contra la peste sea más eficaz, llamados al gran sacrificio de sus vidas, y algunos al sacrificio de su vida para salvarnos. Ellos son ahora mismo nuestros héroes, los que nos van a sacar del problema, a quienes necesitamos más que a nadie. Por supuesto el gobierno en cada nivel debe hacer las consultas antes de tomar medidas, poner a disposición los espacios necesarios, abrir los hospitales especiales, habilitar a todos los médicos y enfermeros, camilleros y administrativos que se ocupen así como, por lo menos, darles el equipamiento de bioseguridad para proteger esas vidas cruciales.

Pero además el Estado tiene que hacer un esfuerzo mayor, para obtener recursos indispensables y afinar estrategias. En particular debe entender que no es por la vía de la fijación de medidas extremas rígidas y la implementación de fuerza bruta que puede resolver las carencias seculares, ni ser más eficaz. Puesto que no hay tiempo ya para obtener otros equipos más complejos, puede esforzarse, en China y Corea, para obtener los kits de prueba para monitorear la enfermedad, y hacer un uso más inteligente del equipo de que disponemos. Sobre todo, tiene que flexibilizar su régimen de cuarentena. Cada país tiene condiciones particulares y requiere una estrategia adecuada. Así como el sistema de atención aquí es el peor, la población más vulnerable en el Continente es la hondureña, que sufre la mayor desigualdad…que mata pobres.

En vista de la gran debilidad de nuestras facilidades para el servicio de salud, era obligada la cuarentena que se decretó. Se precisaba del distanciamiento social y segregación espacial de la población, tal y como exigieron los organismos internacionales de salud. Y la pausa en el incremento de nuevos casos nos permite respirar unos minutos ahora. Faltan aun varios días para estar seguros que achatamos la curva. Pero esa cuarentena no puede sin daño, continuar incólume indefinidamente, sin provocar angustia y causar en todos los niveles perjuicios materiales irreversibles al empleo, a la producción. Ya hay desabasto. Cientos de miles de personas están expuestos a perder sus puestos de trabajo, si no salen de la cuarentena. Otros tantos que viven al día, no podrán acceder a las provisiones necesarias y entrarán en estado de calamidad, de la que ya hay signos innegables. Pero no es preciso. Si somos inteligentes. Queremos al respecto ofrecer una propuesta que sale –cautelosa- de nuestra propia reserva. Otras menos pero la política social tiene que estar perfectamente afinada a la sociedad que se dirige, hay grandes diferencias entre la gringa la china y la nuestra. No puede quedarse en recetas universales.

Felizmente, Honduras todavía es una población joven, es decir tiene una estructura poblacional mayoritaria en los estratos juveniles. Hay una gran proporción de esa población, sobre todo la infantil y la población productiva, de menos de 60 años, sin enfermedades crónicas ni condiciones de susceptibilidad especial a la cual este virus no causa un mayor daño, y que más bien adquiere inmunidad a él si toma contacto, muchas veces incluso sin mostrar síntoma. Y esa población no tiene que, es mas, no debe seguir en cuarentena indefinidamente. Esa incluye a la gran mayoría de los párvulos y estudiantes, maestros jóvenes y a los operarios de las fabricas, en Honduras ya mayoritariamente maquilas y call centers. Pero también a obreros de la industria pesada y de la agroindustria, en realidad muy robustos, y propietarios que operan su propia empresa informal. Liberarlos y mandarlos de vuelta a las escuelas y colegios y a sus planteles de trabajo significará gran alivio para todos. Amortiguara el daño económico previsible de la pandemia, sin incrementar el contagio dañino de la enfermedad a los muy vulnerables. Déjenlos ir.

El comercio útil debe abrirse de nuevo, como cierto turismo. Aunque podrían continuar cerrados algunos establecimientos de mayor hacinamiento, o limitados en el cupo de su clientela.

Debemos quedarnos en casa aislados Los demás. Los mayores de 60 años, que padecemos alguna condición del corazón, los pulmones u otro órganos vital, quienes sufren diabetes y la presión alta, que complican el curso de la infección, los que podemos quedarnos sin hacer falta afuera contribuir con nuestro aislamiento, a la sostenibilidad del sistema de salud. Y esperar una mayor capacidad de detección, la gradual circunscripción del virus por la barrera de inmunidad creciente, y el posible beneficio de los fármacos que van surgiendo, anti retrovirales y vacunas.

Aún habrá pérdidas humanas, porque saldrán a exponerse personas que no habían identificado susceptibilidades específicas. Apostemos a que serán limitadas. Quizás es imposible evadirlas todas sin imponer condiciones inhumanas que -sin duda- tendrían aun más víctimas. Y aun podrían repercutir esas imposiciones sobre la convivencia general y el orden público, que siempre peligrará ante la represión, que ya no será contra los defensores del voto si no contra una masa sin más guía que su instinto de sobrevivencia. Nunca mejor dicho ¡Viva Honduras! ¡Vivan los hondureños!

 

2 comentarios en “Dice Trump que el remedio no puede ser peor que la enfermedad

  • Rene Reyes
    el marzo 26, 2020 a las 3:51 am
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    Donald Trump el socio de Ese otro idiota que tenemos en Honduras JOH al principio de está peste dijo que no Era para preocuparse ahora que mira la realidad se dice estar preocupado!! En el cazo mío que vivo en New Jersey estamos viviendo la realidad políticos despreciables que tanto les interesa la vida de los seres humanos que REPUBLICANOS y DOMOCRATAS se están peleando por los $$$$$$$$$$

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