Descifrar nuestro camino, para corregirlo

Patricia Murillo

Por: Patricia Murillo Gutiérrez

Modus vivendi del hondureño hoy: luchar contra el estrés excesivo que marca cada hora de su vida, aun cuando pretende descansar dominado por el temor que afecta su sueño. Los hondureños, las hondureñas viven, vivimos en un estado de tensión impredecible permanente y estamos al borde del agotamiento.

Aquí suben las tasas de homicidios, femenicidios, desapariciones de mujeres porque la trata esta vigente, el tráfico sexual y el cuerpo como mercancía aun para transportar las drogas malditas.

No se trata nada más de las enfermedades del que hacen estragos el siglo 21 como son: el infarto de miocardio, los derrames, las ulceras que estallan, la diabetes y la hipertensión que asesina  a miles aquí, cada año.

No aquí la angustia es total y multifacética. Al extremo que aumentan los suicidios de jóvenes, aun en las capas sociales donde parece que no les falta nada material. Y cada día hay más gente evadiendo la realidad a través de las drogas, desde las sociales como el licor, la cerveza que inunda hasta los estadios, hasta las drogas más duras y mortíferas al cerebro.

Me contaba una enfermera graduada de la emergencia de un importante hospital público, el drama que viven allí tratando de salvarle la vida a una jovencita que llego al borde de la muerte por intento de suicidio. Cuando al fin la rescatan, el dolor de la niña era que volvía al mismo ambiente que la impelió a salir de esta vida por la puerta falsa.

Escuchaba a la luchadora Suyapa Mejía, presidenta de la Asociación de pacientes con Esclerosis Múltiple como  50 pacientes con esa dolencia, que asisten al Mario Rivas de San Pedro Sula tienen 3 años de no recibir tratamiento y tras mucha protesta fallida solo les queda morir de  poco, viendo cómo se invalidan, porque nadie tiene la capacidad de no menos 30 mil lempiras mensuales hacia arriba, para comprar los medicamentos que congelan en algo el avance de este grave mal.

Y ahora la incertidumbre abate también a Suyapa y otros enfermos de esta esclerosis que son tratados en el Seguro Social cuando les anuncian que no saben si seguirán recibiendo a partir del 2016 las medicinas en tal centro.

La angustia prevalecen casi todos los hondureños, se nota en la agresividad, en la aspereza de las relaciones humanos , en la falta de ilusiones en el porvenir, en la sensación de inmovilización y captura que viven muchos y sobre todo, en la opresión que les genera este gobierno que se traduce en difusas o abiertas enfermedades de todos los tipos.

Bate record la estructura hostil, mitómana y deshumanizada que secuestro el país tras un denunciado fraude electoral en noviembre del 2013 y esa tupida red de ataques a la calidad de vida ya de por si exigua, marca con toda clase de sensaciones negativas el diario vivir, afectando en todos los planos a la hondureñidad.

Los congresos psiquiátricos, los informes de psicólogos, en fin las coordenadas  reflejan la precaria salud mental de nuestra población. Y aun se ufanan en decir que la vida aquí esta cambiando.

Y aunque suena grotesco decirlo, en el país gozamos de una política nacional de Salud Mental desde el 2004, la que define la Salud Mental así: “es la capacidad de las personas para percibir de manera integral la realidad u de construir con esta, vínculos activos, que posibiliten el desarrollo de mecanismos de adaptación y transformación que permitan al individuo vivir en armonía consigo mismo y con el entorno”.

El 2004 la Política de Salud Mental definió los siguientes grupos como vulnerables y por tanto con atención prioritaria para la aplicación de la misma:

  • Personas con necesidades mentales especiales y sus familias.
  • Personas con retos especiales y sus familias.
  • Niños y niñas sobrevivientes de violencia intrafamiliar.
  • Niños, niñas en situación de riesgo social.
  • Mujeres para la prevención del VIH.
  • Personas sobrevivientes de violencia social y de género.
  • Adultos y adultas mayores.
  • Adolescentes y adultos en maras.
  • Población de migrantes y sus familias.
  • Personas adictas a sustancias tóxicas.
  • Personas privadas de libertad y sus familias.
  • Grupos indígenas
  • Grupos Afro hondureños.
  • Campesinos y campesinos en extrema pobreza
  • Personas en riesgo y situación de desastre.
  • Personas viviendo en zonas geográficas en situación de riesgo social.

Juzgue el lector de CRITERIO ¿en que situación estamos 11 años después?

Que tanto se agravo y en que extremos de anormalidad patológica están cada grupo vulnerable con esta remilitarización del país y con el atraco a los fondos públicos que no permite la mínima intervención para mitigar  los problemas en eso compatriotas.

Pero si hay millones de dólares para contratar agencias internacionales para maquillar la realidad de este gobierno de JOH. Si hay millones de dólares para comprar avión, camionetas y mansiones de lujo para satisfacer   el ansia.

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