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De la vacuna y la estupidez, el derecho individual y el derecho público en tiempo de peste

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Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

 

                                     el que tenga oído para oír, que escuche

Nadie se quiere morir de covid, sabiendo lo que es. Hace un mes, muchos le reprochábamos y a la vez, nos reíamos de JOH alegando que el problema era que la gente no se quería vacunar, cuando ni siquiera disponía el gobierno de una centésima parte del inoculante que se necesitaba. Hoy, aunque nadie da razón aun de millones de dosis perdidas, y los funcionarios justifican vacunar a los activistas políticos del oficialismo, porque dizque están en primera línea de contagio (a diferencia de los activistas de la oposición ¿verdad?), las entregas de la vacuna sin costo, retardadas, por parte de NNUU, las donaciones de vacuna de EUA y de México, incluso de El Salvador, las compras con nuevos prestamos, le permiten al gobierno publicitar que hay vacuna  y anunciar que todos pueden asistir a los centros de vacunación. O casi, aun no los menores de 30 años que son mas de un quintillo de la población.

Mando a mis colaboradores en vehículo que no todos tienen, a procurársela y regresan dos días sucesivos a contarme que ya no había vacuna a las 8 am cuando llegaron, ¡porque en cada centro de vacunación disponían únicamente de quinientas dosis! Ay JOH. Asegura que esta a punto de alcanzar la inmunidad de la manada, porque esta vacunando ya un 70 % de la población. Mientras simultáneamente la muy respetada revista Forbes publica proyecciones estadísticas graficadas según las cuales, al igual que Guatemala y Nicaragua, Honduras no podrá alcanzar ese parteaguas, del contagio controlado, que es el inicio de la derrota de la pandemia, ¡hasta el año 2023! ¡A un doble costo! Porque, mientras no vacunemos a suficiente parte de la gente, los ya vacunados y quienes superaron la enfermedad vamos perdiendo la inmunidad, mientras el virus con nuevas variantes se ensaña y reproduce entre los no vacunados. Y, por lo tanto, tenemos que ser revacunados también. No es solamente un problema de Honduras ni de dinero. Aunque no se por que aquí siempre es peor. Nadie debe olvidar que pagamos con muertos.

Pero en efecto, llegamos ya al momento en que, las campañas de cyberestupidos en red, la infinita cantidad de sandeces que ampliamente circulan y que la gente reenvía a sus contactos impulsa un escepticismo radical. Nueva versión del que antes negaba la existencia de la enfermedad. O que fuese un mal natural. El escepticismo anticientífico (la misma actitud puede ser una cosa o la otra, que de la duda puedes avanzar al conocimiento, o a la confusión teórica obtusa) teorizaba que la habían fabricado los chinos para auxiliarse en la conquista del mundo, o los estadounidenses para abatir a los chinos. Una de sus vertientes sostenía que era parte de una conspiración de los supermillonarios para controlar la sobrepoblación.

Entonces, según esto, la vacuna es un chip, que permitirá el control de tu movimiento y funciones vitales o

¡La marca del anticristo! de Satanás, Luzbel, tremendo invento

La vacuna provoca una muerte diferida, en plazos isomorfos, incluso el preclaro de dos años, ¡cuando tiene siete meses de estar siendo experimentada!

La vacuna esta mal hecha y provoca reacciones mortíferas también, irremediables, con mas daño que beneficio.

¿La vacuna afectará agravará? disminuirá? ¡invertirá! tu sexualidad

La vacuna afectará a tu descendencia, que tendrá deformaciones genéticas como consecuencia. Estupideces, malignas y malditas y estupideces a secas.

Es un problema mundial. Porque tontos hay en todas partes, y hasta en las capitales de la civilización, muchos y gente muy insegura, temerosa, pusilánime. Los propios EUA están en una gravísima situación frente a ese problema. Porque además tienen, como colectivo, una antigua tradición de libertad individual sacrosanta. Que invocan como derecho para rehusarse a la vacuna, o a la cuarentena o aun a la sin duda odiosa mascarilla y el distanciamiento. Mientras que entre nosotros el impulso del anarquista que, en cambio, se somete dócilmente a JOH es mas primitivo, atávico y feroz.

Ahora, todos estamos un poquito cansados de este cuento de la epidemia, por supuesto. No me eximo. Y todos vamos a querer exigir libertades básicas de movimiento con el tiempo. No se vale que nos encierren indefinidamente, para evitarles riesgos a otros. Y peor que nos encierren a quienes cumplimos con nuestro deber, para proteger a los irresponsables. (Encierren al dundo). Ni que se metan en la vida privada. Pero usar mascarilla en sitios públicos, y más de aglomeración y conservar el distanciamiento frente desconocidos en sitios públicos, mantener hábitos de limpieza y hacer cuarentena si nos enfermemos son -bajo la circunstancia- concesiones básicas de la vida civilizada. Y la vacuna también. Nadie tiene derecho a rehusarla. Hay que exigírsela al gobierno, como única protección segura. Y al prójimo como respeto básico.

Felizmente, buena mayoría de la gente en la ciudad reacciona y está afanándose para conseguir vacuna. Incluso haciendo trampa algunos jóvenes, de procurar certificados médicos de condiciones previas, lo que implica la corrupción del otorgante y la sinvergüenzura del otro. Y hay que exigirles a nuestros compatriotas, paisanos, vecinos y parientes que nos ayuden a arrinconar el virus en una población cada minuto más reducido, de contagios posibles, por no estar vacunados. Es un derecho de la sociedad, de la comunidad, que para salvarnos tiene que poner nuestro individualismo en su cabal lugar, atrás del bien común.

Si no tenemos los conocimientos precisos para entender lo que está sucediendo, tenemos la obligación de atender a quienes si. Y de atender a las reglas del juego que solamente son extensiones sanitarias de las reglas de convivencia de la civilización. Es decencia básica, la mutua consideración. Y, por lo tanto, los gobiernos tienen derecho a exigir la vacuna para que entremos al espacio público, mientras que los privados o particulares tienen el derecho y la obligación de exigir la vacuna a sus empleados y clientelas, exigir el distanciamiento e higiene, y en lugares cerrados, las mascarillas y una mayor distancia. Porque al fin y al cabo no solo estamos así evitando la enfermedad y la muerte de terceros inocentes si no también la propia. Si el límite de mi libertad es justo la raya en que infringe la tuya, no hay manera mas grafica de defender esa distancia, que mantenernos a esa raya que no mata. No hay mal que por bien no venga y ojalá la peste nos sirva para quitarnos un poquito de lo primario y feroz.

El Carmen 25 de Julio de 2021

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