Claves de la reciente lucha en salud y educación

Por: Tomás Andino Mencía

redacción@criterio.hn

2 de mayo 2019

Tegucigalpa.-Lo que ocurrió del 28 al 30 de abril de este año (2019) tiene dimensiones que probablemente han pasado desapercibidas para muchas y muchos.  El presente aporte, busca sistematizar algunos aspectos claves de este importante movimiento, que se saldó con un primer triunfo a favor del pueblo.

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Es posible derrotar al régimen

La percepción de un régimen todo poderoso e imbatible, frente a un movimiento popular débil y vulnerable, ha cambiado. Esa imagen ya no será la misma después de este movimiento. Nada refleja mejor ese cambio que la pérdida de la sonrisa burlona de Mauricio Oliva, presidente del Congreso Nacional, cuando el 29 de abril tuvo que firmar la no aprobación del punto de acta que contenía las Leyes de Transformación de Salud y Educación. Un factor que explica esta derrota es que el gobierno cuenta con muy poco apoyo, incluso en su propio partido, y temió que la prolongación del conflicto, le acarreara más complicaciones de las que ya tiene dentro y fuera del país.  Quedó demostrado que el pueblo movilizado puede arrinconar y doblegar a la dictadura. Y si pudimos derrotarlo una vez, lo podemos derrotar las veces que sea necesario.

La clase trabajadora levantó cabeza

Desde el golpe de Estado, y en particular desde la derrota aplastante del magisterio en 2010-2011 a manos del ministro Marlon Escoto, la clase trabajadora en general ha atravesado una situación de retroceso por casi una década. El sector salud, si bien no había sufrido en el pasado reciente una aplastante derrota, se vió afectado en su capacidad de lucha por la atomización de sus sindicatos y el compadrazgo de sus líderes tradicionales con el poder. Pensar en una huelga nacional de cualquiera de ellos, era casi un sueño, por temor a los despidos y represión judicial. Pero con el reciente movimiento, eso cambió. Alrededor de 70 mil trabajadores de salud y educación se fueron unidos a una huelga nacional simultánea e indefinida, sin precedentes. Eso significa que la clase trabajadora ya no está más dormida, y que se ha puesto en movimiento, aportando organización, sostenibilidad y efectividad a la lucha popular.

Las bases superaron a las dirigencias gremiales tradicionales

El resurgimiento de la clase trabajadora como fuerza social de cambio no ocurrió por obra y arte de sus dirigentes, sino a pesar de estos. La dirigencia magisterial, que desde 2011 había quedado reducida a administradora de fondos gremiales para sobrevivir, estaba castrada para liderar ningún movimiento, y para colmo, algunos de sus gremios se encontraban entretenidos en “Mesas de diálogo”, en las que el gobierno finge escuchar sus reclamos. En el sector salud, las dirigencias sindicales habían involucionado a confabularse con sus patronales, al grado que varias apoyaron las pretensiones anti obreras del gobierno con los decretos de “transformación”. Por eso el gobierno apostó a que los mencionados decretos no provocarían una reacción mayor que no pudiera ser controlada por estos dirigentes y se confió.

Pero ante la amenaza de perder sus empleos con los nefastos decretos, las bases magisteriales y de salud, superaron su tradicional inmovilismo para irse a la huelga, sin tener que esperar orientaciones de sus dirigencias burocráticas. Contra todo pronóstico, las bases se auto organizaron y se fueron a un paro nacional indefinido con tomas de edificios y brazos caídos, sin permiso de los líderes magisteriales, y en el caso de salud, contra la línea progubernamental de sus dirigentes. Esa auto organización es un fenómeno que está presente desde las enormes manifestaciones de las antorchas, la lucha contra el fraude electoral de 2017, en las caravanas de migrantes y ahora en respuesta a la política neoliberal del régimen. Es una clave del periodo histórico que vivimos.

La magia de un liderazgo confiable

El liderazgo de la doctora Suyapa Figueroa, a la cabeza del Colegio Médico, y de algunos dirigentes magisteriales, fue también clave en este proceso. Es sabido que la doctora Figueroa se plantó desde un principio con determinación en oposición a los decretos del gobierno, lo cual produjo un golpe de confianza en la consciencia de la base magisterial y de salud. Se sumaron a ella dirigentes magisteriales como Edwin Hernández y Daniel Sponda, quienes conformaron la Plataforma de Defensa de Salud y Educación. El resto de dirigentes sindicales y magisteriales, prácticamente se borraron. Percibiendo coherencia y valentía en estos dirigentes, las bases no dudaron en acudir a su llamado al paro nacional, con un gobierno debilitado, con una base determinada a superar sus dirigentes tradicionales y con la existencia de una dirigencia prestigiada en la lucha, la magia se produjo. Decenas de miles de trabajadores se pusieron en paro nacional en menos de 48 horas, mientras decenas de miles conquistaban las calles por lo menos en 60 localidades del país, según datos de la Policía.

Se ganó una batalla, pero la guerra sigue

El triunfo sobre los proyectos de decreto del gobierno, significa que ganamos una batalla, pero la guerra aún no ha terminado. Mientras el régimen siga en el poder tendrá la capacidad de cambiar de estrategia, reposicionarse, adaptarse a las nuevas circunstancias y pasar a una contraofensiva. Eso es precisamente lo que está haciendo, al haber establecido un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional el pasado 30 de abril, que lo obliga a continuar sus pretensiones nefastas en salud y educación. Así que cabe esperar que reanudará su ofensiva, y que continuará su represión.

Pero ahora el movimiento obrero y popular estamos mejor preparados: Hemos aprendido que unidos y movilizados podemos derrotar al régimen; que no tenemos que confiar ni participar en sus diálogos tramposos; tenemos un buen liderazgo, al cual hay que fortalecer; y contamos con una base que probó el sabor del éxito, dispuesta a dar la batalla… No hay mejor fórmula para el triunfo sobre la dictadura.

 

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