¡Bótenlo! Trump y su ópera bufa

Alianza

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

                             a la hija de Guliani, por su coraje

Gato de siete vidas, sigue luchando con la energía de un energúmeno que disfruta, porque, aunque entiende la catástrofe ya inminente, está seguro de tener otra vida pública después de esta. Como ha disfrutado de éxitos posteriores a cada una de sus, dicen que ¡seis quiebras! Nada es fortuito en la carrera de Trump, ni la Covid.

Muchos años antes de mostrar cualquier interés en la política, en una entrevista que concedió a una célebre reportera, a la pregunta de ¿qué haría si sus negocios –mencionados- de plano quebraran? Trump respondió, jovencito, arrogante e insólitamente que lanzaría una carrera política para la presidencia. Y no se de que asustan, consiguió ese fin apelando a los resentimientos profundos de su base y a los peores instintos primarios de millones de seguidores ingenuos. Claro que da nervio que pueda ganar, y quedarse o volver.

No falta quien asegure que, para América Latina y Honduras, da igual si gana Trump o gana Biden la presidencia de EUA dentro de dos semanas. Y hay un sentido limitado y retórico en que se puede decir eso. Pero es que Biden es un mal menor, el de siempre.

Trump es -dice Chomsky- el más peligroso gobernante que jamás tuvo EUA, o el mundo. Un sicópata que invoca y diz que defiende a la democracia. Pero odia a los demócratas y hace caso omiso de los principios democráticos en la práctica de su política interna e internacional.

Mantiene a su país en vilo de una guerra termonuclear que -con un Bang- eliminaría la vida civilizada del planeta, único lastimosamente de que disponemos los hondureños también. Y que asimismo ha encaminado –Trump- la política energética de la mayor economía del globo a la supina irresponsabilidad que, más bien con un gemido, nos acerca cada día a la extinción silenciosa de la vida diversa, de cuyas cadenas depende nuestra sobrevivencia.

Los gestos también son símbolos, por supuesto, signos a descifrar. La dirigencia cachureca comparte el lenguaje corporal simbólico de Trump. A quien, mientras justifica al terror supremacistas, se puede ver hoy en campaña escenificando un ritual primitivo, con la gesticulación atávica del macho dominante. El brazo flexionado con el puño cerrado al frente.  Súbitamente extendido hacia adelante y hacia arriba gesto con antecedente conocido del primer cuarto del s. XX. Aviso simbólico universal de una violenta violación masiva inminente. Los vamos a empalar, pareciera estar advirtiendo. ¡Sig Heil! ¡Prepárense!

Una su ferviente irredenta admiradora -y practicante de un psicoanálisis poco serio– mi amiga G. D. J.  reacciona espetándome que detecta mí envidia de su pene. ¿Será?

En todo caso, esos gestos reminiscentes revelan y retratan a este candidato al premio Nobel de paz.  Cuando -rodeado ya de los múltiples indicios de su inminente debacle electoral- declara no estar seguro de facilitar la transición. Se apresura esta semana pasada a efectuar una masiva entrega de armas a Taiwán. En medio de nuevas tensiones en el Mar del Sur de China, por avistamiento mutuo de buques de guerra. Y predica que la Covid 19 es una conspiración china prometiendo que él hará que China pague por ella. Tal y como antes México iba a pagar por el muro que no se pudo construir. ¿Está dispuesto a detener el tiempo histórico de la humanidad, aunque sea poniéndole un punto final? ¿Para no darse por vencido y no entregar el poder?

Amenazando a una potencia que se gana el respeto de la comunidad internacional de las naciones por su disciplina, su desarrollo y su diplomacia de cooperación, a la cual nadie va a atropellar impunemente. Una que tiene tres veces la población de EUA, un ejército más numeroso, todo tipo de armamento de punta incluido el nuclear y una alianza con Rusia, Irán, Turquía, Siria, Corea y Viet Nam. Donde el Presidente Xi Jin ping ayer, en una visita al Cuerpo élite de Marines en la base de Guangdong, les pide a sus mejores soldados que se preparen para la guerra. ¿Será posible?

Hay cosas que uno supone imposibles simplemente porque son tan ilógicas, que a nadie le convienen. Y sin embargo ¡la historia enseña que suceden! Como dice Forrest Gump, Shit happens.

Mientras el Encargado para America Latina Mike Kozak insta a la inminente reunión de OEA a acometer para disciplinar a Cuba -que ni siquiera es miembro- a Venezuela y a Nicaragua porque violan los derechos de su ciudadanos, sin decir una palabra sobre los falsos positivos en Colombia, o los asesinatos en Honduras, los atropellos en Bolivia, en Guatemala, bajo conducción americana. Al mismo tiempo que las NNUU eligen a Cuba junto con China y Rusia al Comité Mundial de derechos, que -por primera vez- podría tomar nota del diferencial racial entre las víctimas de la violencia policial en EUA, la desproporcionada representación entre las víctimas fatales de La Covid-19 de los negros y los latinos, y los crasos atropellos a los derechos mas elementales de los migrantes, ejecutados por estadounidenses con y sin autorización oficial, desde las fronteras de Centroamérica hasta el desierto fronterizo. Esta en un predicamento

Se ha alienado Trump voluntades ofendiendo la dignidad de los aliados alrededor del mundo. Y le han dado ahora la espalda. Junto con las mujeres, los afroamericanos, los soldados, los viejos y, pero también sus propios correligionarios y aun los miembros de su gabinete a quienes reclama que no hubiesen incriminado a su contendor. Para quedar cada día más solo.  Cuando hoy endosan a Biden, Carolina  la hija del asesor Guliani y, como muchos de sus congéneres, El Senador  republicano Ben Sasse (Neb.) asienta que Trump jugó con las vidas de sus conciudadanos en la pandemia, y ha elogiado a los terroristas supremacistas mientras se burla de sus fieles evangélicos y besa los traseros de todos los dictadores incluyendo el nuestro

O sea. No es que una administración demócrata nos va a garantizar a los hondureños o latinoamericanos derechos democráticos.  Pero, en la distensión global que supondría la salida de Trump se podría respirar mejor en esta apartada orilla.

Bajo una administración demócrata, la potencia hegemónica asuma de nuevo un papel responsable en la región y en el concierto de las naciones. Que se disponga nuevamente el estado americano a cumplir con las leyes internacionales (en las que no cree la propuesta Magistrada Barrett aunque si defiende la extraterritorialidad de sus propias leyes) y sujetarse a los tratados que Trump ha (de) renunciado, de límites al armamentismo, de cumplimiento con normas de emisión de gases, de respeto al derecho mundial y a los derechos de todos.

Pudiera ser incluso, si eso sirve para algo, que en Honduras volvamos a tener un embajador, con quien quejarnos, que no hemos gozado desde que se fue el exprofesor Nealon de subsecretario de Trump. ¿Porque se dispuso -en el Departamento – que era indigno que un embajador tuviera que alternar y presentarle sus respetos a un narco, corrupto, gobernador de república bananera sin bananos? Y ¿que no merecían ese recurso, los residentes de semejante bazofia de país, letrina humana?

El favor que aún le muestra a Trump el voto latino en Florida y Tejas, pese a que ha insultado a la raza, a la cultura y a los países de proveniencia de esos electores no es algo del todo insólito. Si no una vieja estratagema a la que han recurrido para integrarse históricamente los inmigrantes, antes mediante la religión. (En los revivals se volvían anabaptista el esclavo y los inmigrantes europeos provenientes de otras tradiciones). Hoy, mediante la ideología. Es inútil reclamarles que sean más papistas que el papa porque justamente ellos son los que paradójicamente invocan la democracia contra los pueblos que los han repudiado y alientan la injerencia que los desprecia y los instrumentaliza.

Por lo que regreso al inicio. Para la de allá, Trump es otro héroe, para esta América Latina de aquí –que aspira a la libertad y se conduele del migrante maltratado, que aspira a forjarse un destino y exige respeto para la autodeterminación– una reedición de Trump ahora o en el futuro pronto es igual de mala que para los propios EUA. Y a quienes conservan un ápice de dignidad, hay que motivarlos que salgan debajo de las piedras y el pavimento para ir a derrotarlo.

Hay que ir a votar mucháa. Se nos va la vida en ello, la residencia y la salud. A Uds. y a nosotros también, ¡Vote him away!

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