Por Edgardo Molina
Para muchos hondureños, adquirir una vivienda donde habitar con sus hijos constituye el mayor sueño de vida; de hecho, la migración irregular hacia Estados Unidos encuentra su motivación en ese anhelo para miles de compatriotas que parten en busca de mejores oportunidades. Aunque la Constitución de la República lo contempla como un derecho fundamental, el acceso a la vivienda en la realidad fáctica es sumamente complejo por factores económicos y sociales, especialmente para la juventud. A continuación, analizaremos el laberinto que la población debe atravesar para materializar un derecho humano tan sensible:
- El Estado hondureño no construye viviendas directamente, sino que actúa como facilitador de recursos para que la banca administre los proyectos y mantenga tasas de interés “preferenciales”. Bajo este esquema, los fondos son intermediados por el sector privado, siendo este quien evalúa el acceso al crédito según la capacidad de pago del solicitante. En consecuencia, la mayoría de los préstamos hipotecarios (aproximadamente un 80%) se otorgan mediante fondos estatales canalizados a través de la banca comercial.
- Montañas de intereses: el costo por el alquiler del dinero para la compra de una casa es altísimo, de hecho, es el interés más alto en toda la región centroamericana, para el caso, en una casa de clase media, en un préstamo de 2 millones en el sector privado con una tasa de interés del 12% a 30 años, son más de 5 millones de lempiras los que tendrás que pagar al banco solo en materia de intereses, desde luego más los 2 millones originales de los préstamos. En síntesis, por una casa de 2 millones terminas pagando 7 millones y el banco se queda con casi el triple del dinero de ganancias y utilizando el dinero del Estado o de los propios ahorrantes.
- Los requisitos para acceder a estos fondos privados requieren que una familia de clase media perciba al menos 65 mil lempiras al mes, esto ya excluye a toda la clase media baja que percibe en promedio 35 mil lempiras al mes y ni hablar de la clase obrera con salario mínimo.
- 8 de cada 10 hondureños trabajan en el sector informal (más de 3 millones de hondureños), esto implica la exclusión para las grandes mayorías del sistema financiero en materia de préstamos hipotecarios.
- Un préstamo a 30 años, por lógica, se prolonga durante toda la edad económicamente activa de nuestra población, por lo que esto implica que todos los que accedemos a vivienda somos una especie de esclavos durante todos esos años.
- Un hogar monoparental con ingresos promedio de entre veinte y cuarenta mil lempiras se enfrenta a un escenario prohibitivo. Con una canasta básica que oscila entre los doce y trece mil lempiras, sumada a la carencia de servicios públicos de salud y educación de calidad, una madre soltera difícilmente podrá ahorrar necesarios para la prima de una vivienda, ni mucho menos calificar para un préstamo de dos millones de lempiras. Al quedar excluida de las exigencias del sistema financiero, se ve obligada a vivir en un ciclo de alquiler perpetuo.
- Mercado cautivo: Las instituciones bancarias suelen determinar dónde se debe comprar la vivienda, al delimitar los proyectos financiables según la estratificación de los sectores en las grandes ciudades. Esto restringe la libertad de la población, que no tiene la opción de construir en su ubicación de preferencia.
- El sobreprecio en la vivienda y la construcción es un factor determinante en la crisis habitacional. Factores como el ‘dinero caro’ del sistema bancario, la deficiente infraestructura, la burocracia estatal y la escasez de mano de obra terminan por transferir un costo elevado al comprador final.
- Existen ONG que brindan acceso a vivienda básica, pero exigen que el solicitante posea un terreno propio y participe activamente en la construcción. Estos criterios resultan difíciles de cumplir para muchos, aunque ciertamente representan una mejora en las condiciones de vida de la población.
- Ante el déficit habitacional, los apartamentos surgen como una alternativa; sin embargo, en los complejos residenciales los precios oscilan entre los 2 y 3 millones de lempiras. Al estar cotizados en dólares, quienes no cuentan con el capital inmediato deben someterse a préstamos del sistema financiero.
Conclusión:
El sistema financiero es sumamente agresivo con la población ya que, aun teniendo capacidad de pago para acceder a una vivienda, se condiciona el acceso a otros servicios de calidad. Esto implica que las familias deban sacrificar la educación de sus hijos o la posibilidad de asistir a hospitales con suministros médicos básicos.
Aun con muchos sacrificios, muchos hondureños no podrán acceder al derecho de tener una vivienda. Finalmente, tomo los versos de Sosa como referencia:
Los pobres son muchos y por eso es imposible olvidarlos.
Seguramente ven en los amaneceres múltiples edificios donde ellos quisieran habitar con sus hijos.





