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Por: Roger Marín Neda

                       Entre líneas.

Del otrora popular enchute, quedó un dicho muy nuestro, ante una decisión sin opciones: “si enchuto pierdo, y si no enchuto pierdo.” El momento nos dice que, si no jugamos enchute, también perderemos.

Vamos a elecciones generales en unas horas, guiados por la disyuntiva del enchute. Sobre los partidos y sus candidatos, más importa hoy la nación en riesgo, cuyo estamento político es responsable de la desgracia actual, tanto como el gobierno saliente.

La situación política, económica y social requiere estadistas, no gobernantes que administren el retraso; demanda conductores de naciones, más que candidatos. La gran mayoría de los propuestos luce, digamos, algo lejos de tales cualidades.

Y sin embargo, los electos encontrarán los problemas económicos y sociales agravados por la pandemia, que junto con una monstruosa deuda pública, un desempleo tenaz, una producción estancada, una deuda energética impagable y creciente, son hoy multiplicadores de incordios acarreados por la corrupción histórica. Para llegar a este punto, han desmontado las frágiles instituciones que trajo la llamada democracia.

¿Con cuáles instituciones económicas, fiscales, administrativas, judiciales, trabajará el nuevo gobierno, para paliar, que no resolver? ¿Cuánto tiempo y recursos harán falta para siquiera reparar las instituciones esenciales? Una porción sustancial de diputados y alcaldes será reelecta. Los que han gozado en la fiesta, ¿Despertarán honestos el lunes? ¿Apoyarán medidas de rescate?

Además de estadistas, el momento demanda legitimidad del estamento político, en su conjunto. Pues si el descalabro es integral, es porque la oposición no ha hecho su tarea. Conyuntural, complaciente y gelatinosa, perdió su legitimidad y su credibilidad desde que participó en las últimas elecciones, cuando al mismo tiempo declaraba inconstitucional la reelección presidencial. Si eso creía, la oposición debió retirarse del proceso y utilizar los recursos legales pertinentes, en vez de participar en un acto ilegal. Pero no solamente participó, sino que, viendo en televisión el engaño, y denunciando fraude ante la comunidad internacional, los diputados y los alcaldes electos de la oposición se integraron sin excepción al gobierno que denunciaron ilegal y fraudulento, trabajaron con él, cobraron de él, y administraron los fondos que les asignó.

Por su parte, las Fuerzas Armadas, que tienen la obligación constitucional de garantizar la alternabilidad en el ejercicio del poder, guardaron silencio cuando se impuso la reelección.

Pero esta vez demasiadas cosas dependen de las elecciones de mañana. Si no hay cambio real de partido, de personas y de estructuras de poder, la situación solo se agravará. La gente espera por lo menos ver otras caras, aunque tema que si enchuta igual podría perder. Aun así es urgente bajar presión a la caldera, un respiro, para intentar esfuerzos concertados del nuevo gobierno, de la nueva oposición, de la inversión privada, mientras reparamos poco a poco la institucionalidad atropellada.

Un comentario en “A cada quien su propio enchute

  1. El Lic. Roger Marín siempre ha teñido comentarios muy acertados.
    Estoy de acuerdo con su artículo. La situación del país ha llegado a estos extremos por nosotros mismos. La indolencia de s cultural.

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