Compartir

 

 Por: Rodil Rivera Rodil

 

No hay duda que el pedido de vacunas de siete alcaldes al presidente Bukele de El Salvador ha tenido un gran impacto nacional, tanto en el presidente Hernández como en la ciudadanía en general. Y no puede ser más claro que a este la noticia lo cogió desprevenido y lo desconcertó por completo. Al grado que su reacción primera se apreció desatinada y hasta contradictoria.

Empezó por azuzar a sus periodistas de presa para que denigraran a los ediles. Y a su ministro de relaciones exteriores para que los intimidara e hiciera desistir de su propósito. Y como este último no es de muchas luces, lo que entendió fue que tenía que comportarse como un vulgar matón y, de paso, llevarse de encuentro a Bukele. Me parece que lo menos que podría hacer JOH es destituirlo por menso.

Pero, por otro lado, Juan Orlando quiso salir airoso de la humillación que, consciente o inconscientemente, le causó su homólogo salvadoreño al acceder a la solicitud de las municipalidades hondureñas. Pero se enredó todo. Y, en lugar de limitarse al obligado agradecimiento con el mínimo de dignidad y diplomacia que exige su investidura, no se le ocurrió otra cosa que tratar de restarle mérito al gesto de Bukele y pretender convertirlo en un simple acto de reciprocidad por supuestas donaciones suyas a El Salvador durante la emergencia, las que, según han investigado diversos medios, solo han existido en su imaginación. ¡Vaya torpeza! O mejor dicho. ¡Vaya forma de exhibirse!

Como sea, el incidente ha traído algo positivo. JOH se ha lanzado frenético a mover cielo y tierra para conseguir vacunas dónde sea. Falta ver si lo logra y si su idea de abrir una oficina comercial en China es cierta o no es más que una burda artimaña para chantajear a Biden y conseguir que se las regale. Aunque no creo que obtenga nada, puesto que ya demostró que ni siquiera es buen negociante.

En efecto, reconocer a Jerusalem como capital de Israel a cambio de apenas 5 mil vacunas, no solo fue un pésimo arreglo, sino que supuso violar resoluciones de la ONU, o lo que es igual, traficar con la reputación internacional de Honduras, ya por lo suelos, y poner al país en el gravísimo riesgo de sufrir represalias de los palestinos. Y hacerlo, además, en el peor momento, cuando ya se oían los tambores de la guerra que está a punto de desatarse con los israelíes. En la que, por cierto, en una cruel y paradójica inversión de la historia, su amigo Netanyahu los está tratando igual o peor que Hitler a los judíos. Y, asómbrese el lector, con el “inquebrantable apoyo” del presidente Biden.   

La incapacidad y la imprevisión de JOH en el manejo de la pandemia ha rebasado todo límite. Que en las cruciales circunstancias en que nos hallamos carezcamos de vacunas es simplemente imperdonable. ¿Cuántos más hondureños tendrán que pagar con su vida su irresponsabilidad? Y de nada nos servirán los millones de dosis que proclama que está gestionando a diestra y siniestra si con ellas no se puede elaborar un programa que garantice que podamos alcanzar la inmunidad de rebaño.

Más claro. Necesitamos asegurar un ritmo de vacunación que impida que el tiempo que tome llegar al 70 por ciento de la población que la mencionada inmunidad colectiva exige (sin excluir a los menores de 18 años que ya están siendo vacunados) no sobrepase el período de vencimiento de las primeras dosis que se aplicaron en nuestro país. Si este fuera de un año, digamos, se tendrían que inmunizar no menos de 18 mil personas por día, ello, sin contar las nuevas variantes del coronavirus que están complicando más las cosas. ¿Dispondremos en el corto plazo de las dosis y capacidad sanitaria para hacerlo? No lo creo. Estamos expuestos, por consiguiente, a quedar aislados internacionalmente, ya que el resto del mundo estará protegido y no querrá saber nada de nosotros mientras no lo estemos también.

¿Cómo pudo ser JOH tan torpe que no se le ocurrió hacer lo mismo que sus demás colegas de América Latina y concertar la compra -que no regalo- de vacunas con la debida anticipación? Tómese nota que el mismo Bukele, para el caso, fue tan previsor que ya está vacunando un promedio diario de entre 40 y 50 mil personas. De otro lado, es público que la empresa Astra Zeneca le hizo una oferta a JOH en agosto del año pasado y que este no la aceptó. ¿Por qué?

He aquí una pista. A esta misma pregunta que le hizo en su noticiero el periodista Edgardo Melgar al presidente de AstraZeneca este le contestó: “Pregúntele a su ministra de Salud Pública”. Los benevolentes quizás piensen que pudo ser una negligencia, increíble si, pero negligencia al fin. A los mal pensados -que somos la gran mayoría- lo único que se nos viene a la mente es el triste recuerdo de lo que pasó con los hospitales móviles.

¿Por qué, entonces, el ministerio público no inicia una investigación sobre la forma en que el presidente Hernández ha gestionado la pandemia, incluyendo, por supuesto, lo referente a la tardanza en la adquisición de vacunas? Al igual, por ejemplo, que se está haciendo en Brazil, en donde, según las noticias, ya ha sido comprobada la criminal responsabilidad del presidente Bolsonaro por su “inacción para hacer frente a la crisis del coronavirus”.

Entre otras barbaridades que ha cometido el mandatario brasileño, por las que está siendo tildado de genocida -y con razón, pues Brazil ya cuenta con cerca de 400 mil muertos- se encuentra la de rechazar al menos 1.5 millones de dosis de la vacuna Pfizer a pesar de haber sido “formalmente advertido” del aumento de la letalidad que podría traer consigo. Véase la similitud con lo que aconteció en Honduras con Astra Zeneca. Allá fue determinante para establecer la culpabilidad de Bolsonaro el testimonio que brindó Carlos Murillo, presidente de Pfizer para América Latina, a la comisión del senado que lleva a cabo la investigación.

La preocupación, entonces, de la mayor parte de los hondureños sobre lo que pueda suceder en las próximas elecciones generales es perfectamente válida. Con esta terrible experiencia que nos ha dejado JOH y el partido nacional en ocho o doce años de gobierno ¿vamos a permitir que el Juanorlandismo siga en el poder?

¿Y por qué serían más importantes para Xiomara Castro, Yani Rosenthal, Luis Zelaya, Darío Banegas, Wilfredo Méndez, Nelson Ávila y para el mismo Nasralla y el PINU, sus consideraciones y reservas de carácter electoral, moral, personal o de cualquiera otra índole, que la unión de toda la oposición para evitar este mortal peligro que se cierne sobre nuestra patria?

No obstante, con alianza o sin alianza, todos, sin excepción, incluyendo a los indecisos, a los sin partido y a los que tradicionalmente se han abstenido, este próximo noviembre debemos salir a votar contra el Juanorlandismo, o lo que es lo mismo, contra el continuismo de la dictadura. No hacerlo significa, de una manera u otra, contribuir a que, entre otras muchísimas desgracias que el gobierno de JOH nos ha causado, sigan muriendo hondureños por la falta de vacunas.

Tegucigalpa, 18 de mayo de 2021.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

El comentario no puede estar vacío
Por favor rellene el usuario
Es necesario escribir un correo válido

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.