Reflexiones sobre la pandemia (16)

 Por: Rodil Rivera Rodil

¡Vaya! La cosa se les ha complicado a los responsables de la compra de los hospitales móviles. Ahora es que estos vienen con componentes usados, en mal estado, vencidos desde el 2016 y, según el Consejo Nacional Anticorrupción, ni siquiera se trata de hospitales, propiamente dichos, sino nada más de instalaciones de “triaje”, solo para efectuar primeras evaluaciones y proporcionar atención de urgencia a los pacientes.

Me gustaría pensar que los que planearon el fraude sí pensaron en adquirir hospitales nuevos, ya que después les servirían para la infaltable propaganda del presidente Hernández. Pero que, como suele ocurrir, los habrían estafado a ellos también. El “intermediario” que usaron pudo haber razonado que no importaba lo que mandara porque los involucrados no se atreverían a denunciarlo y así podría ganar más en la operación.

No se puede negar que, si estuviera en lo correcto, que no lo estoy, esta lógica sería impecable. “Ladrón que roba ladrón tiene cien años de perdón”, dice el conocido refrán. Lo invoca, por cierto, la “pícara Justina”, protagonista de una de las novelas de la picaresca española, para justificar sus fechorías. Y traigo al caso esta cita, valga la explicación, porque este subgénero literario de contenido mordaz, irreverente y antisistema fue utilizado en el siglo XVII, precisamente, contra la corrupción de la monarquía española.

El mandatario se ha molestado por la indignación de los hondureños por este descomunal atraco al erario, nos acusa de no tener nada qué hacer y exige que “dejemos de inventar tanta conspiración y protagonismo malsano”. Pues bien, el conocido banquero don Jorge Bueso Arias, que sí tiene qué hacer y, hasta donde conozco, tampoco pasa inventando conspiraciones contra nadie, pidió en una entrevista radial que se investigue lo que hay detrás de la nota que hizo pública la ministra de salud, en la que el propio gobernante le ordena que instruya al director de Invest-H para la compra directa de los hospitales. Porque este señor, ¡a los dos días! de la fecha de la misiva, vale decir, con la velocidad del rayo, empezó a enviar las millonarias transferencias.

Don Jorge, con toda razón, se pregunta cómo pudo el ex director de Invest-H, en este cortísimo tiempo, localizar los fabricantes de esta clase de hospitales, preparar y mandar las especificaciones de los mismos, pedir informes sobre la seriedad y experiencia de tales empresas, la cotización respectiva, recibir y procesar estos datos para seleccionar la más conveniente, negociar el precio (?), y en fin, allí mismo empezar a pagar los cuarenta y ocho millones de dólares. Si aquí no hay gato encerrado, es porque se murió. Aclaro, esto último lo digo yo, no don Jorge.

Pero don Jorge, además, afirma que es perfectamente posible rastrear las transferencias. Por supuesto, si realmente hubiera interés en conocer esta información. Pero no lo hay, porque ya pasó un mes o más. Todo indica, pues, que los autores de este abominable acto de corrupción nunca se imaginaron que los descubrirían y, menos, tan rápidamente. Y ahora se han hecho un gran lío tratando de minimizarlo, de desviar la atención de la opinión pública y proteger al ex director de Invest-H. Pero todo lo que hacen les sale torcido. Para terminar de complicar las cosas, las mismas Fuerzas Armadas, su incondicional sostén, dieron a conocer que el equipo médico que trajo un avión del gobierno canadiense fue donado, mientras don Juan Orlando juraba que fue comprado. A lo mejor es cierto, pero ya nadie le cree nada.

Y la militarización del país y de la pandemia sigue rampante. Ya se apoderaron de Invest-H, porque nadie puede dudar de que quién va a mandar totalmente en la tal comisión interventora será el general que la preside. Los dos civiles solo son relleno, o lo que es igual, están pintados. ¡Y qué conveniente! La investigación del caso de los hospitales la va a dirigir este general. Solo eso faltaba. Lo más probable es que no se sepa nunca la verdad. Aunque la verdad verdadera, como dicen en Argentina, esa que llega hasta el fondo profundo de las cosas, se supo casi desde el principio.

Nota relacionada Reflexiones sobre la pandemia (15)

La semana pasada se especuló con la reapertura de la economía por segunda vez. ¿Por qué? Simplemente, porque los medios publicaron la siguiente noticia: “El pre­sidente Juan Orlando Hernán­dez afirmó ayer: «soy de los que creo que se debe dar la rea­pertura de la economía” e ins­tó a la mesa multisectorial con­formada por Gobierno, empre­sa privada y otros sectores, a construir acuerdos claros al respecto”.

Dado que cualquier comentario del presidente se convierte en una orden perentoria, todo el mundo dio por seguro que este lunes las principales ciudades del país volverían a la fase uno. Y la gran sorpresa, Sinager anunció que se mantendría la fase cero. Pero solo unos pocos ingenuos se dejaron engañar creyendo que la tal mesa goza de independencia y podía tomar decisiones contra la opinión de JOH. ¡Ah ingenuos! Pero la inmensa mayoría inmediatamente se dio cuenta que se había tratado de otro de sus trucos para, según él, hacernos creer que que no es dictador, que él no tiene la última palabra. ¡Por favor!  No hay duda de que tiene un pésimo concepto del pueblo hondureño.

Pero lo cierto es que tarde o temprano tendrá que reabrirse la economía. Aunque ya lo han hecho un número no desdeñable de negocios, la mayoría de los cuales, dicho sea de paso, han elevado los precios desmesuradamente. Pero no se enreden el gobierno y los empresarios dando explicaciones. Ni hablando de aperturas inteligentes o tontas. Es más honesto reconocer lo obvio. Que el modelo neoliberal que tenemos desmanteló hace tiempo la infraestructura sanitaria que nos hubiera permitido enfrentar mejor la pandemia

Pero insistir, como hacen algunos, en que la apertura es para salvar vidas es ofensivo para nuestra inteligencia. Lo único que nos queda, queramos o no, es resignarnos y aprender la lección para el futuro. Y esperar que cuando volvamos a la fase uno, no se olviden las medidas de seguridad porque, de lo contrario, el incremento del contagio podría llegar a tal magnitud, como ya ocurre en Europa y pasó aquí mismo en el primer intento, que lo que volverá a paralizarlas no será el encierro sino su inobservancia.

De ahí que el tema político esté cobrando mayor importancia que nunca. Se trata de la oportunidad que tendrá la población, de todas las tendencias incluyendo muchos nacionalistas, de dejar atrás la pesadilla que ha significado la década que este hombre tiene de estar en el poder. Por ello, debemos olvidarnos de que va a renunciar, que la fiscalía de Nueva York lo va a reclamar o de que el ejército lo va a sacar. Aprendamos del gran empeño que está poniendo el pueblo norteamericano para acabar en las próximas elecciones con la maldición de Trump.

Tegucigalpa, 28 de julio de 2020.

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