Reflexiones sobre la pandemia (15)

Por: Rodil Rivera Rodil

Las sospechas de que detrás del escándalo de la compra de los hospitales móviles hay una enorme red de corrupción similar o mayor que la del Seguro Social y que ésta abarcaría el período anterior a la pandemia son cada vez mayores. Las reacciones de los actores que, directa o indirectamente, tuvieron que ver con ella son muy significativas. Mientras, por ejemplo, los representantes de la sociedad civil en el Consejo Directivo tratan de desmarcarse del ex director de Invest, el gobierno se afana en protegerlo a toda costa.

Se observa la clara intención, aunque infructuosa, de tranquilizar a la opinión pública insistiendo en que todo está bien porque, se dice, los hospitales vienen completos y en buen estado y que en aproximadamente tres o cuatro semanas llegarán los cinco que faltan. Con lo que se pretende que la ciudadanía olvide que el delito de corrupción ya se consumó con el exorbitante sobreprecio pagado por las tales clínicas de campaña. Sin contar todas las demás anomalías que están apareciendo.

La señora que sustituyó al ex director de Invest, en lugar de exigir, como es lo normal, que se practicara una auditoría para investigar los hechos, se dedicó a procurar que el Consejo Directivo le aprobara un plan operativo que, según el COHEP, ya había sido ejecutado en un 95 por ciento y que incluía la gestión de su antecesor. No reparó, seguramente, en que la impresión que transmitió es que solo fue nombrada para “hacer lo que tuviera que hacer” para sacarlo del lío.

El presidente Hernández dio declaraciones en las que quiso aparecer como que condenaba a los involucrados, pero al mismo tiempo dando a entender que el único culpable era el proveedor, pero solo de tardarse en proporcionar las facturas. Leamoslo: “son unos malnacidos aquellos que se aprovechan de los recursos de la emergencia para enriquecerse. Irán a la cárcel”, pero agregando a renglón seguido: “el proveedor ha tenido mucho retraso en la entrega de las facturas”. Reparese en que el mandatario tampoco hizo ninguna mención de las múltiples irregularidades detectadas en la transacción, como la abismal diferencia de precio y el pago total por adelantado.

Y qué decir del embrollo que han armado las ministras de salud, finanzas y de coordinación general del gobierno con sus declaraciones, informes y hasta grabaciones de teléfono llenas de contradicciones. No se sabe exactamente a quién defienden y a quién culpan. O si únicamente están tan asustadas que no encuentran cómo distanciarse del turbio negocio.

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Pero, además, el pasado lunes 13 de julio, el mandatario lució muy molesto por las protestas de la ciudadanía y acusó: “Algunos sectores se han dado a la tarea de criticar, sin aportar, y a esa gente, como ya lo he dicho antes y hoy igual les digo que es bueno buscar oficio, buscar qué hacer, para ser protagonistas y ayudar al prójimo. Dejen de inventar tanta conspiración y protagonismo malsano”. ¿Y por qué se molesta? Acaso quiere que lo feliciten por la gran “transparencia” de una negociación que él mismo ordenó expresamente que se llevara a cabo, y en la cual, según el Consejo Nacional Anticorrupción (CNA), se gratificó a un innecesario intermediario con una increíble “comisión” de más de ¡32 millones de dólares!

Este sería, con mucho, el mayor acto de corrupción que se ha perpetrado en una sola operación en la historia de Honduras. Estamos hablando de ¡ochocientos millones de lempiras! Con la terrible agravante de que se trata de hospitales. Justo cuando colapsan los pocos que tiene el país y mueren y se contagian miles de hondureños de coronavirus. ¡Hoy si el gobierno se saltó la barda! Y también. He aquí la prueba de fuego para la fiscalía. ¿Cuándo va a interrogar al presidente Hernández? 

Cabe recordar que hace medio siglo, por un soborno de menos del diez por ciento de esa suma, el ejército defenestró al entonces jefe de Estado. Y ahora, es el propio jefe castrense el que brinca furioso en defensa del presidente Hernández. ¡Bah! ¿Qué mosca le habrá picado? Que no le importa violar la Constitución que manda que sea apolítico. ¡Solo eso nos faltaba! Hasta el general Romeo Vásquez lo regañó por la metida de pata. Creo que desde la dictadura de Carías no se veía un jerarca militar tan servil con el gobernante de turno.

Y más grave, si cabe. El exabrupto de este señor debe verse en su verdadera magnitud. Es decir, como una clara amenaza contra los que nos atrevemos a criticar la corrupción y la incompetencia de este gobierno. La que con el triste historial de esta gente solo puede significar persecución, desaparición y asesinato.

¡Hasta cuándo don Juan Orlando…!

Tegucigalpa, 21 de julio de 2020

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