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Por: Rodil Rivera Rodil

La extrema derecha hondureña, espantada por el histórico triunfo de la coalición de la oposición e impedida de dar otro golpe de Estado, como hizo en el 2009, está aprovechando las diferencias que surgieron a su interior para intentar debilitarla al máximo. La presidencia del congreso nacional fue solo el pretexto. Lo que está en juego son los cambios prometidos por Libre, pero, principalmente, los que atañen al modelo neoliberal, a la corrupción y a la impunidad.

La ultraderecha quiere frustrar a toda costa que pueda ser revertida la privatización de lo poco que queda de las empresas nacionales, comenzando por la ENEE, y no digamos que venga al país una CICIH que pueda encarcelar a los políticos y empresarios que atracaron los recursos del Estado, que sean derogadas o anuladas las leyes de la impunidad y que comience a restablecerse el estado de derecho que Juan Orlando Hernández desbarató por completo.

La complicidad de JOH con lo ocurrido en el Congreso Nacional fue tan inocultable como vergonzosa. El ministro de gobernación se vio tan apurado y nervioso para dejar instalada la junta directiva de los diputados disidentes de Libre que no atinó siquiera a seguir el procedimiento parlamentario antes de abandonar la sesión como alma que se la llevaba el diablo.

La conjura contra Xiomara fue tan bien orquestada que logró incluir a toda la extrema derecha nacional y al tristemente célebre “lado oscuro” del partido liberal. Como sea, el daño ya está hecho. Lo que ahora procede es evitar que siga extendiéndose y ponga en precario la victoria electoral tan duramente conquistada. Juan Orlando y el juanorlandismo no pueden quedarse en el poder.

Hay que mantener la coalición a toda costa. Fue crucial para disparar el entusiasmo y la votación contra JOH y lo será para gobernar.

Xiomara Castro honró su palabra. Para cumplirle al Partido Salvador de Honduras puso en juego su propio destino como presidenta. Más no se le puede pedir a nadie. Toca ahora a Salvador Nasralla devolver el gesto y liberarla de su compromiso. Corresponde, asimismo, a los diputados que dieron lugar a este terrible error rectificar, y hacerlo como solo lo puede y debe hacer un militante de Libre. Y que el próximo domingo surja un presidente del congreso del consenso de la coalición.

Que no se pierda la primera  -y de repente única-  oportunidad de verdadero cambio que ha tenido Honduras en toda su vida republicana.

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