Narco cultura y narrativa del triunfo en Honduras

Por: Edgardo Molina

Nunca en nuestra vida nacional la narrativa de las drogas estuvo tan presente en todas las esferas de nuestra cultura y economía. Nunca vimos al cielo pensando en una «narcoavioneta» que podría traer las soluciones a todos nuestros sueños sin cumplir. A continuación, les invito a reflexionar sobre este fenómeno tan complejo y vigente en nuestra identidad:

  1. La ausencia de la institucionalidad hondureña en gran parte del territorio ha provocado que el narcotráfico y el crimen organizado cubran las necesidades económicas de la ciudadanía. Por ende, el flujo de dinero ilícito ha desarrollado varias zonas del país, reemplazando a las instituciones del Estado que están obligadas a velar por la población. De igual manera, la falta de inversión nacional o extranjera que genere empleo digno da pie a que sean los narcos quienes establezcan estos «agujeros negros» o zonas en disputa de la soberanía (Litoral Atlántico, Yoro, Olancho, Cortés, Copán, Ocotepeque y Santa Bárbara).
  2. La narcopolítica en Honduras hizo crecer partidos políticos, eligió gobernantes y financió enormes campañas en medios de comunicación masivos, tales como periódicos, corporaciones televisivas, redes sociales y proselitismo callejero. Es decir, encima de estos mares de dinero han surfeado políticos que han beneficiado a empresarios de la comunicación quienes, «inocentemente», hacen llegar a la sociedad sendas campañas que se consumen sin el conocimiento suficiente para determinar el origen de tales producciones.
  3. La falta de oportunidades laborales dignas para cientos de miles de jóvenes provoca que estos ya no vean la educación como un medio para salir de la pobreza. Por el contrario, consumen contenidos como narconovelas, narcocorridos, narcopelículas, narcos youtubers y narcolibros que normalizan a las víctimas y la violencia. Aun así, vemos cómo la lógica del capital se impone ante productores de televisión, músicos e incluso escritores, quienes tratan este fenómeno con la morbosidad de un producto de consumo masivo.
  4. La empresa privada y los bancos también se han beneficiado de este dinero a través del lavado de activos, empresas fachadas, testaferrato, autopréstamos, «pitufeo» y otros mecanismos al margen de la ley que provocan nuevas inversiones, derramas económicas y, ¿nuevos empleos?
  5. El narcomarketing ha devorado a escritores, músicos y artistas que viven de rodillas al servicio del narco. Crean símbolos que promueven el estilo de vida que enfrenta a la ley y una visión del mundo en la que vale más «la calidad que la cantidad» de años vividos; bajo esta premisa, se vende como ideal el tener dinero, drogas, mujeres, carros y armas modificadas durante cinco años para luego morir o terminar preso, frente a una vida normal y digna de trabajo en una sociedad tan desigual como la hondureña.
  6. Las iglesias también han recibido dinero del narcotráfico. Aunque son sujetos obligados de acuerdo con la Ley Contra el Lavado de Activos, cabe preguntar: ¿Cómo identifican las iglesias el origen del diezmo? Y, en el caso hipotético de que lo hicieran, ¿estarían dispuestas a renunciar a los jugosos ingresos que mantienen «la obra»?
  7. Las instituciones de seguridad tienen su parte en este recorrido del dinero. Aunque lo nieguen con aplomo, es claro que el narco necesita protección, información y vías «limpias» para transitar.
  8. Los gobiernos locales también han estado involucrados al brindar contratos a constructoras vinculadas al narco y recibir sobornos a cambio de control territorial.
  9. Empresas de transporte han sido creadas expresamente para el trasiego de estupefacientes o sirven como fachada, movilizando legalmente a cientos de personas mientras ocultan actividades ilícitas.
  10. Finalmente, el gran consumidor: Estados Unidos. Un país que entraría en crisis interna si llegase a faltar la droga, pues con sus cientos de miles de adictos, la demanda crece cada día.

Conclusión

La clase política, los empresarios, los banqueros, los militares, los policías, las iglesias, los artistas y la sociedad civil son parte de la superestructura de la cultura del narcotráfico (con honrosas excepciones). Es aquí donde enfoco mi reflexión:

En muchos casos, la desigualdad social nos hace buscar atajos o soluciones rápidas. Dejamos entrar la «estética de la pretensión» para imitar el lujo de manera barata y exagerada. Esa vulgaridad que nos brinda el mercado, y que se hace pasar por elegante, está provocando violencia y convulsión social en Honduras.

Por ello, me dirijo a los jóvenes, presentes y futuros de la patria: el sistema quiere que seas víctima de la falsa narrativa del éxito criminal. La rebelión más grande que puedes hacer contra un sistema que te pretende pobre o ignorante es vivir bajo la resistencia moral. Mantener la integridad por encima de la necesidad es, en nuestro contexto, dejar de ver la honestidad como un valor pasivo para convertirla en un verdadero acto de rebeldía.

  • Periodismo Amplio e Incluyente, nace el 1 de mayo del 2015
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