Ley, periódicos y realidad en las Honduras

Por: Rodolfo Pastor Fasquelle

Foto portada: Pinterest.com

                                  

La relación indecente del estado profundo hondureño con los medios de comunicación   corporativos precede al actual régimen, con mucho. Se remonta a la amistad del Cariato con la radio de Ferrari en los 1930s. Y las consecuencias de ese maridaje han sido determinantes en la vida política y en la evolución de esas empresas.

Entre septiembre de 2009 y Mayo de 2010, me tocó escuchar a dos pretendidos expertos en política hondureña (una académica de la Universidad de Florida y un diplomático mexicano) declarar en sendos foros internacionales prestigiosos, que, a Mel Zelaya le habían dado un golpe porque pretendía quedarse en el poder. Al preguntarles ¿de dónde sacan eso? ambos declararon que lo afirmaban los periódicos hondureños del momento. A lo cual hubo que señalarles que los diarios, todos, les pertenecían a dos promotores del golpe. Que no había manera de que Mel se quedara en el poder luego de las elecciones inminentes y que, aunque siempre hay idiotas ubicuos, los nativos entendíamos eso. Como debían entenderlo los expertos.

¿Tenían que volver a hacerse la pregunta, por qué? Una dama amiga, adicta a su lectura (vicio que he conseguido superar), me reclama que no crea yo lo que dicen los periódicos, por ejemplo, que ¡Mel organiza las caravanas! Y, asimismo reclama que, por otro lado, crea yo cosas que no han dicho los diarios, por ejemplo, que aquí hay represión de la libertad de expresión.

No soy yo. Un extenso reportaje publicado ayer por la Redacción de  Criterio.hn, lo más valioso en las redes, y titulado: El vía crucis de ser periodista en Honduras, asesinatos, despidos y una ley de secretos, explica que la brecha muy ampliada en los últimos once años, entre el contenido informativo y los editoriales de, por un lado, los medios de comunicación corporativos y, por otro, los medios independientes (también acosados en sus frecuencias y permisos) es enorme, tanto que ha conducido al rechazo amplio de las corporaciones mediáticas, que desinforman sistemática y deliberadamente a sus auditorios, ¡por el gusto y por la paga!

Para los conocedores, resulta obvio que la ley de canje (de las obligaciones fiscales de los medios corporativos, a cambio de servicios propagandísticos) promulgada por JOH en 2013,[1] vino a desnaturalizar y volvió pornográfica la relación -siempre demasiado íntima- entre los medios de prensa y el poder público y fáctico. Tanto es así que han solicitado la abolición de esa ley, varios organismos internacionales verbi gratia, la Unión Europea y la extinta MACCIH.

Nada de andar investigando cosas, para lo cual no se contrata a nadie, y menos las cosas del Estado, lo que -de todas formas- se toparía con la ley de secretos,[2] que ampara el accionar de los funcionarios contra la posible curiosidad ciudadana.

Tengo amigos entre los jóvenes profesionales que trabajan en los periódicos como reporteros, y me han confiado lo que sucede en las salas de redacción, las instrucciones de líneas a seguir que reciben de sus superiores, para hacer a un lado sus propias perspectivas. Ahora, invocando las pérdidas por la emergencia, los dueños, han recurrido más bien al expediente de los despidos, ¡más de cuatrocientos periodistas en cinco meses! de los más veteranos, críticos y profesionales, según testimonio de…Criterio y C Libre.

Con el tiempo, además, ha perdido importancia el periodismo escrito, ya que muy poca gente lee más qué tuits. Pero muchos comunicadores han logrado entrar a las audiencias locales en el interior (en Choluteca y Comayagua, Copán y La Ceiba, Tocoa y Cortés), con las nuevas tecnologías, aún sin el apoyo de los medios masivos y las cadenas. Sus enemigos variopintos persiguen sin clemencia, a estos -buenos y malos- comunicadores valiéndose de su profesionalización trunca, los acosan con procesos judiciales. Como hicieron con David Romero y hacen con el Perro Amarillo. Y con más frecuencia que en países decentes, los matan igual que en los años 70s mataban a los escritores, como mataron antier a Luis Almendares, y han matado a casi un centenar, 86 para ser exactos, desde 2001. De los cuales -bajo presión- fueron judicializados 16 casos y ¡solamente 5 culminaron en sentencias leves contra los gatilleros, porque no hay ningún autor intelectual acusado!

Terminaré por el principio. Me consta que, los diarios impresos hondureños –todos-, publican fabricaciones y propaganda para ocultar la realidad nacional y callan -por cábala-, opiniones que disgustan mucho a sus dueños. Hace casi veinte años se publicó, editado por Víctor Meza de CEDOH un libro titulado Prensa y poder [3] que lo documentaba ampliamente.

Hubo un tiempo en que resonaban. (No soy quién para quejarme, ni tampoco ya una sombra del que alguna vez fui.) Se han quejado algunos amigos de que no circulen ya impresos mis escritos. Sin duda me superan -en astucia y prudencia- una media docena de mis amigos a quienes, esos diarios, publican sus columnas. Aún así, nadie negará que sea yo un escritor, amigo de otros, informado sobre la realidad del país, sobre su historia, observador de sus estructuras. Y desde los 1960s, es decir, hace más de medio siglo, escribo sobre esa temática. Me tocó enfrentar en su momento más de un par de demandas judiciales, la última del finado R. L. Callejas. DLTSSG.

Quejándose a veces, publicaron mis escritos incómodos, primero La Prensa y después Tiempo, a veces con letra chica o con retraso…, durante décadas. (Aún durante los peligrosos 1970s en que un grupo de oficiales hablaron, frente a un testigo de matarme, como asesinaron pocos años después a un par de mis compañeros en la página editorial, a Moisés Landaverde y a Miguel A Pavón.) Y Tiempo siguió en 2009 publicándome hasta fines de julio, cuando, a raíz del envío de un texto sobre el papel que jugaron los empresarios en el golpe de junio 28, Carlos Rosenthal me informó que no lo publicaría porque agredía a sus mejores amigos y no lo toleraría. 

Pero era cierto lo que yo decía. Que habían conspirado, por supuesto, y colaborado y aplaudido el golpe, muchos empresarios indios, criollos y turcos. Que apoyaron la represión. Y si escribes por la historia en vez de la paga tienes que escribir la verdad. Justo ese era el lío. Que -a Tiempo- ya no le interesaba, sino proteger la conveniencia de sus amigos. A mi regreso en 2011, don Jaime instruyó que se publicara algún texto suelto, pero después que se enfermó, ya no se lo pedí más. No quiero deberle favores a nadie y peor ¡que se me nieguen!

El diario impreso sospecho está pasando a mejor vida, y –entretanto- no solo no he ganado un con qué, ni menos un premio, ¡ya nadie quiere imprimir lo que escribo! Divulgan mis pequeños ensayos que a muchos no-lectores les parecen demasiado largos, un par de periódicos digitales, Criterio.hn y a veces El Libertador. Felizmente, hay correo y ahora WhatsApp  y ahí, entre mis amigos, circulan estos escritos casi clandestinos. Aún si, ocasionalmente, alguien sube alguno a Facebook, y empiezan los insultos, incluyendo algunos que no son de los call centers y de las cuentas falsas de JOH. De repente, eso me salva Ya no cuento más. Ni inspiro respeto, ni amenazo ya a nadie. Nadie tampoco ya me hostiga ni amenaza. Pero tampoco nadie ni nada me inducirá a recurrir a semejantes pasquines.

[1] Por JOH y vigente desde junio, cinco meses antes de las elecciones de noviembre del 2013

[2]  Ley de Secretos oficiales y descalcificación… Publicada en marzo de 2013, ya en el primer gobierno ejecutivo de JOH

[3] Honduras, Prensa poder y democracia, V. Meza editor, CEDOH Tegucigalpa 2012

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