La pandemia, el dengue, fuegos forestales y la corrupción

Por: Redacción CRITERIO.HN

foto portada: redeco.com.ar

Si la mezcla de un caldo de cultivo de enfermedades agudas y crónicas se podría imaginar, pues hoy contamos con un escenario propicio a mayores males debido a la naturaleza corrupta e ilegítima del régimen, sumado a 50 días de encierro del pueblo, como barrera ideal de contención al avance de la temible pandemia del patógeno COVID19 en el país.

Las estadísticas más recientes del Sistema Nacional de Gestión de Riesgos, (SINAGER), confirman más de 700 casos, más de 70 fallecidos Y 73 recuperados; así como muchos más sospechosos asintomáticos, encierro, aislamiento social, pérdidas económicas inmensas y cierre de miles de empleos en todo el país por el COVID19.

Unas pinceladas más y tenemos un cuadro penoso de pérdida de credibilidad, más pérdida de credibilidad, abuso, descaro, viejos y nuevos actores del “desgorre” del estanco de mala muerte con sus actores “azules” paseándose sin decoro alguno en los medios masivos, y reafirmando ante la ciudadanía que esta es la dictadura que hizo del vicio privado, virtud pública.

Marco Bográn, Gabriel Rubí, Lisandro Rosales, diputados liberales, COPECO, SINAGER, el Cohep, mancuernas de la dictadura Juan Hernández, Mauricio Oliva, los mílicos perniciosos y los 4 mil millones para la agricultura invisibilizados, son entre otros muchos, actores del desastre sobre otros desastres que sufre el pueblo hondureño. 

En esas condiciones el dengue, que golpeó con fuerza en 2019 con más de 107 mil casos y 175 muertes, más del triple del año anterior, de acuerdo a la Organización Panamericana de la Salud, OPS, reedita este año su presencia en el país.

El 3 de julio de 2019 el régimen declara emergencia nacional para atacar con todos los medios posibles el avance del dengue hemorrágico y el clásico.

Desde ese día hasta la llegada del COVID19 el 12 de marzo, la enfermedad que más preocupaba al país y al continente era la fiebre del dengue expresado en su máximo histórico y mayor avance exponencial de las últimas décadas en la región.

La ONU y pesquisas científicas alertan que el impacto del calentamiento global y de los incendios forestales propician una mayor supervivencia y proliferación más rápida de los mosquitos transmisores del dengue.

El estado de alerta abarca en 298 municipios de 18 departamentos del país con presencia del mosquito vector.  Al 7 de abril el deceso de dos menores de edad elevó a 11 las víctimas este año, confirmando su persistencia y grado de letalidad

Un caldo biológico que expande al dengue son los incendios forestales en más de 20 mil 142 hectáreas registrados el mismo día en que se confirmó el primer caso positivo de coronavirus en el país.

Desde el 1 de enero hasta el 13 de abril anterior el Instituto de Conservación Forestal reporta 334 incendios forestales con 13 mil 748 hectáreas quemadas en 16 departamentos, con las únicas excepciones de Islas de la Bahía y Colón.

El 13 de abril la capital contuvo el 28% del total de fuegos forestales, algo así como tres de cada 10 incendios forestales, intensifican la densa capa de humo que ya días cubre el cielo de la ciudad.

Además del daño al ambiente, el humo es altamente dañino para la salud de la población, especialmente la que padece enfermedades crónicas, pues duplica su vulnerabilidad a infectarse de Covid-19, al contener partículas de monóxido de carbono que reduce la cantidad de oxígeno disponible en las células.

Inhalado, el humo afecta la vía aérea y hace sobrereaccionar a los pulmones que se inflaman y hacen de la persona en alguien más susceptible de infectarse de COVID19, ha advertido Carlos Aguilar, neumólogo del Instituto Nacional del Tórax.

Males de una escena con un solo telón de fondo común que se agazapa en miles de casas que no tienen agua en centenares de barrios y colonias de la capital y el país, multiplicando en cada reservorio, balde, tina o pila los espacios donde el dengue cultiva miserias y desnuda corrupción y carencias que carga este país.

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