
Por: Oscar Miguel Marroquín
Anécdota de la vida real
Por momento creí que se trataba de un villancico navideño, en sus temblorosas manos soportaba una pequeña computadora, su rostro denotaba el pasar de muchos veranos, la curiosidad fue tanta que al final le pregunté.
- Disculpe usted, quien canta ese villancico navideño.
La abuela me miro con ojos profundos, una sonrisa picaresca se dibujó en su rostro, ladeó su computadora hacia mí, en la pantalla se dejaba ver unos cuantos miles y miles de personas portando todo tipo de mensajes, a ojo de buen cubero comprendí que se trataba de una gigantesca manifestación, pero la duda aun rondaba mi cabeza.
De nuevo, volví la mirada hacia ella y, sin más pérdida de tiempo, abandone la pena y nuevamente lance la misma pregunta.
- Quien invento o canta ese villancico.
Su mirada esta vez se clavó contra la mía, sus ojos entonces parecían hablar, los segundos se convirtieron en siglos, agache la mirada como buscando escapar, sin lograrlo, escuche que ella dijo.
- Me llamo Leonor, soy catracha y un poco revolucionaria.
Ambos guardamos silencio por unos instantes, pero cuando estaba a punto de hacerle otra pregunta, ella dejo escapar de sus labios.
- No es ningún villancico el que canto, es una consigna política.
Toparse en un aeropuerto con una anciana que ya pasa los 70 años, no es cosa del otro mundo, pero si lo es cuando esta persona te dice en un par de palabras.
- Hace años salí huyendo de mi país, por falta de trabajo; ahora la corrupción y la impunidad es el pan nuestro de cada día.
Sus palabras me invitaron como buen periodista a hacer nuevas preguntas.
- ¿Entonces si en su país no hay trabajo, pero si mucha corrupción e impunidad, porque vuelve?
Cerró su computadora, dejo escapar unos cuantos suspiros y, el silencio sepulcral de aquella anciana me dejo sin más preguntas; queriendo retomar mi propia situación de pasajero opte por la lectura, al poco rato Leonor posó su mano sobre mi hombro y dijo.
- Vuelvo a mi país por dos cosas, la primera es para visitar la tumba de Berta Cáceres y, la segunda es para demostrar que muchas veces las mujeres tenemos más «guevos» que los hombres.
Un corto suspiro se produjo, nuevamente dijo.
- Mi país está siendo gobernado por ladrones, narcotraficantes y corruptos, pero ahora regreso a Honduras para luchar por mis nietos y nietas.
Además, añadió.
- Mire señor, este no es momentos para villancicos navideños, pero si para decir: JOH, JOH, JOH es pa’ fuera que vas.
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