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Hondureños: ¡No dejéis que nos roben la utopía!

Por: Irma Becerra

Aunque somos dueños de nuestro propio destino no dependemos sólo de nosotros mismos, sino también y además, de todos los seres amigos cercanos y lejanos, incluso los enemigos y las circunstancias y situaciones con las que nos topemos en el camino de la vida, que es algo tanto necesario como casual.

La utopía relacional enseña a lidiar con esas circunstancias diversas y distintas, sean estas adversas o protectoras de nuestra identidad personal y de nosotros mismos. He allí su función pedagógica. El maestro siempre aprende. Lo contrario sucede con la distopía, que es lo opuesto a la utopía y no constituye su complemento dialéctico porque aprueba y avala los totalitarismos de ultraderecha y de ultraizquierda con su nefasta violencia y coloca obstáculos y peñas en nuestro proceso autónomo de aprendizaje.

La utopía construye totalidad dialéctica; la distopía destruye totalitariamente lo generosamente creado por manos firmes y suaves en la historia. En el recorrido por la vida nos vamos labrando el destino propio con el ejemplo, el legado y la huella de nuestros antecesores, ejemplo que vamos trazando y en el camino se nos unen compañeros de viaje que nos animan unos a seguir adelante, mientras que otros, enemigos ellos, desean impedirnos volar y que nos desviemos del camino y el cambio hacia el Bien. Esos últimos son los distópicos, los misántropos de la Humanidad, si nuestro ejemplo, huella y legado han seguido incorruptiblemente el sendero del Bien en la vida.

La verdadera potencia pensante de la Humanidad, la nación de Honduras no reside en la distopía del Bloque de Coalición Opositora de los corruptos organizados para fulminar y acabar con la utopía, sino que se encuentra en la luz brillante del potente amanecer del Centro organizado como utopía relacional dialógica lumínica de toda la Humanidad: ¡Coalición del Mundo Para el Mundo!

No son aquellos que cambian de partido político como veletas que lleva el viento y según sean sus intereses personales los vencedores del combate, sino los que se mantienen firmes e inclaudicables en su postura política y su ética, aceptando la crítica constructiva y practicando la autocrítica sana y suavemente condicionada.

La distopía quiere negar y destruir a la utopía de la Humanidad Internacionalmente Relacionada pero su vuelo es corto y poco duradero porque trabaja con la mentira, la manipulación y el abuso de poder.

En esta potencia pensante que es Honduras, dependemos de nosotros mismos y de la ayuda y cooperación de los verdaderos amigos en todo el mundo que desean que la utopía relacional lumínica se vuelva real faro de luz de la Humanidad realizada gloriosamente. Esos amigos están en todas partes, pero su faz es invisible y su camino silencioso para que la revolución mundial proletaria e intelectual alcance su más grande éxito de acero luminoso.

Solo existe una única moral interiorizada en las morales de las distintas personas, pero no existen muchas morales sin fundamento. Los verdaderos amigos son los que no ponen en duda nuestra moral y nuestros principios y nos influencian positivamente y los falsos amigos son los que nos quieren desviar del camino del Bien. Por eso hay que estar atentos a los tres caminos y los retos que se nos presenten en la vida.

Cerremos filas ante un posible golpe de Estado porque nos quieren robar la utopía de una Honduras pensante potencialmente. Las fuerzas ultraderechistas y los fundamentalistas religiosos y militares del Bloque de Coalición Opositora no representan a las fuerzas lumínicas de la Coalición Política Ético-Científica del Centro; son más bien fuerzas oscuras, opacas y distópicas que atentan contra el árbol de la vida y su utopía relacional y dialógica. Así pues, un partido se defeca a sí mismo (entleiben) cuando se une con la escoria política y corrupta de una nación.

¡hondureños!: No os dejéis engañar por la distopía que es siempre un totalitarismo de derecha o de izquierda. ¡No votéis por Salvador Nasralla! La formación y la experiencia de locutor de fútbol y de saltimbanqui de la televisión no son suficientes para dirigir los destinos de la nación hondureña y mundial del siglo XXI. Se necesita más que eso. ¡Se precisa de la mente potencial y filosófica, así como de la moral incorruptible del acero!

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