
Por: Giovani Funa
La serie de televisión Lawmen: Bass Reeves presenta la historia de uno de los primeros alguaciles federales afroamericanos de Estados Unidos. La producción tiene el mérito de rescatar del olvido a una figura histórica que desafió el racismo institucional de la segunda mitad del siglo XIX. Sin embargo, observada desde una perspectiva filosófica, la serie también revela las limitaciones de una narrativa que privilegia al héroe individual por encima de las estructuras de poder que hicieron posible la opresión que Bass Reeves enfrentó.
Uno de los problemas centrales de la serie es su adhesión al mito liberal de la justicia. Bass Reeves aparece como un hombre excepcional que, mediante valentía, disciplina y rectitud moral, logra abrirse paso en una sociedad profundamente racista. Aunque esto refleja aspectos reales de su biografía, la narrativa corre el riesgo de transmitir la idea de que la emancipación depende principalmente de individuos extraordinarios y no de luchas colectivas. Desde una perspectiva marxista, la historia no avanza gracias a héroes aislados sino mediante conflictos sociales protagonizados por clases, movimientos y comunidades enteras.
La serie reconoce la brutalidad de la esclavitud y del racismo posterior a la Guerra Civil, pero rara vez explora con suficiente profundidad las bases económicas de esa opresión. La esclavitud aparece principalmente como una tragedia moral, cuando en realidad constituyó un sistema económico destinado a maximizar la acumulación de riqueza para las élites terratenientes del Sur. La explotación racial no fue un accidente de la historia estadounidense, sino una pieza fundamental de su desarrollo capitalista. Al centrar la atención en el crimen y el castigo, la serie deja en segundo plano la relación entre propiedad, poder y violencia.
También resulta significativo el papel que la producción asigna al Estado federal. Los alguaciles aparecen como instrumentos de la ley y del orden, casi siempre asociados a la defensa de la civilización frente al caos. Sin embargo, desde una lectura crítica, el mismo Estado que empleó a Bass Reeves era también el Estado que permitió la segregación racial, la expropiación de tierras indígenas y la consolidación del capitalismo industrial sobre bases profundamente desiguales. La serie tiende a presentar las instituciones federales como espacios reformables y esencialmente justos, cuando la tradición crítica ha señalado que dichas instituciones suelen reproducir las relaciones de poder existentes.
Otro aspecto relevante es la representación de los pueblos indígenas. Aunque la serie muestra la convivencia de Bass Reeves con comunidades nativas y reconoce parcialmente la violencia ejercida contra ellas, no desarrolla plenamente la dimensión colonial de la expansión estadounidense. El Oeste aparece como un territorio de frontera donde la ley debe imponerse, una visión heredera de la mitología del western clásico. Desde una perspectiva anticolonial, el problema no era la ausencia de ley, sino la imposición de un orden construido sobre el despojo de pueblos enteros.
La figura de Bass Reeves contiene una contradicción especialmente interesante para el análisis filosófico. Como hombre negro que sufrió la esclavitud, representa una resistencia genuina frente a la supremacía blanca. Sin embargo, como agente del Estado, también participa en mecanismos institucionales que contribuyeron a consolidar un orden social desigual. Esta tensión convierte a Reeves en un personaje mucho más complejo de lo que suele admitir la narrativa heroica. Su historia invita a preguntarse si es posible alcanzar la justicia dentro de estructuras construidas históricamente sobre la dominación.
Desde la filosofía política de autores como Karl Marx, Antonio Gramsci o Frantz Fanon, la serie puede interpretarse como una expresión de la hegemonía cultural liberal estadounidense. Se denuncia el racismo individual y se celebra la inclusión de sujetos históricamente excluidos, pero se evita cuestionar de manera radical las estructuras económicas y políticas que producen desigualdad. La victoria de Bass Reeves se convierte así en una historia de integración al sistema más que de transformación del sistema.
Esto no significa que Lawmen: Bass Reeves carezca de valor. Por el contrario, su recuperación de una figura afroamericana históricamente marginada constituye una intervención importante contra el olvido. Sin embargo, la serie deja abierta una pregunta fundamental: ¿es suficiente que algunos individuos oprimidos logren ascender dentro de las instituciones existentes, o la verdadera justicia exige transformar las estructuras que generan la opresión?
Desde una perspectiva filosófica, esa pregunta es el núcleo más interesante de la obra. La historia de Bass Reeves no solo habla de coraje personal; también revela las contradicciones de una sociedad que puede celebrar a un héroe negro mientras mantiene intactas muchas de las relaciones de poder que hicieron necesaria su lucha.




