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De Francia a Siria: un nudo gordiano sistémico

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Por: Edgar Soriano Ortiz

A principios del siglo XIX Napoleón Bonaparte sacó con fuerza de espíritu y fusil los ideales de la “revolución” y hacia mediados de la misma centuria la dinámica expansiva del capital multinacional condujo el orden republicano-liberal como garante benéfico del mercado. Dicho proceso histórico de relaciones globales generó los complejos escenarios geopolíticos de la dominación financiera, donde los territorios nacionales son expuestos al extractivismo y los conflictos por el bien del sistema internacional.

La exportación de los ideales de la “libertad” y la “democracia”  han sido el baluarte hegemónico de las potencias industriales de occidente en el último pasado siglo, en las últimas décadas las fuerzas ideológicas de los medios corporativos han ratificado los valores del “bien” frente a los valores enemigos de la diversidad de Asía, África y otros lugares del planeta.

La expansión de las fuerzas capitalistas occidentales en el próximo oriente  ha generado en los últimos 100 años una dinámica compleja donde se mezclan elementos étnicos, imperialistas y dictaduras nacionalistas. El abusivo diseño colonialista de las potencias occidentales se comenzó a manifestar con fuerza luego de la firma  del tratado Sykes-Picot de 1916  entre Inglaterra y Francia. Tanto los nacionalismos árabes como los pactos de explotación económica – un ejemplo, en 1937 la monarquía saudita negocio con EEUU una alianza de beneficio petrolero- han profundizado en los últimos años una compleja situación de relaciones de dominación en el próximo oriente.

Las argucias diplomáticas del poderoso lobby estadounidense y sus aliados han entendido que solo la “guerra focalizada” puede legitimar el intervencionismo y el equilibrio de dominación económica en la zona, región puente hacia la expansión sobre el lejano oriente.

 En la actual coyuntura la guerra en Siria es el fatídico ejemplo de las nuevas guerras frías-calientes de la hegemonía sistémica en el planeta, provocantes de jugosas ganancias al capital especulativo ramificadas en poderosos consorcios (banca, armas, fármacos, patentes….) y lesionadoras de garantías socio-culturales de miles de millones de seres humanos.

Las presiones de una economía corporativa más multipolar desde los BRICS y el creciente descontento poblacional contra el modelo neoliberal son ingredientes para que las potencias aliadas de occidente lideradas por grupos corporativos (anglosajones-germanos-galos-judíos) lance una ofensiva estratégica en todas las regiones. El contener la alianza entre Moscú  y Pekin asusta a los sectores más tradicionales de la dominación corporativa, ante ellos la guerra es el camino para mantener las relaciones hegemónicas de occidente en su lógica expansiva colonizadora.

Finalmente es importante comprender las formas de actuar de las estructuras ideológicas del sistema, desde la aplicación de Facebook hasta las grandes cadenas televisoras constructoras de códigos del “bien” (la democracia occidental, además la moderna nacida en Francia por la razón civilizatoria) y el “mal” (el oriente barbárico y peligroso). Esta hegemonica concepción nacida en la soberbia de los expansionistas colonizadores sigue vigente en los discursos y acciones de occidente.

Francia se lanza con sus voces “civilizatorias” y sus misiles “democráticos” contra el mal manifestado en Isis (Daesh en el acrónimo árabe) y por “culpables” como el régimen sirio que dirige Bashar al-Asad. Muchas dudas le quedan a la ciudadanía mundial ante la violencia engendrada por las relaciones sistémicas capitalistas. Difícil camino tiene  la humanidad en la búsqueda de equilibrios inclusivos de convivencia.

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