Entre Luces y Golpes

 

Por: Daysi Flores, JASS

Daysi Flores

Hace seis años,  los aviones surcaron los cielos de nuestra Honduras y juntaron todas nuestras resistencias, acumuladas en tantos años, frente a una casa presidencial militarizada y manchada con la sangre de todo un pueblo.

 

Pudimos experimentar en carne propia el significado de lo que solo habíamos escuchado en tímidas clases de historia y en los cuentos de las abuelas: Golpe de Estado.

Para quienes crecimos en la llama encendida de la democracia,  un Golpe de Estado estaba fuera de cualquier posibilidad y la instalación de una dictadura era un horizonte impensable.

Pero pasó y nos pesó tanto que salimos a las calles sin saber las consecuencias y sin que nos importara. Aprendimos a caminar por las calles con “los otros” y “las otras” y nos convertimos en La Resistencia y fue así como enfrentamos la brutal represión que se nos vino encima con todo su aparataje de armas, descredito, división y muerte.

Nos convertimos en el país más violento del mundo y la dictadura sigue apostando la vida, nuestra vida, en juegos cada vez más perversos. Sin embargo, les fallaron los cálculos, la precisión de sus mediciones y pulsos políticos pasaron por algo algunas variables como el amor y la indignación. Y es que es difícil ver lo que se desconoce.

El desfalco del Instituto Hondureño de Seguridad Social,  ha sido el detonante que enciende la llama de otra forma de resistir: ¡La Indignación!. Las calles nuevamente retumban con el pasó de un pueblo que se indigna, resiste y en un acto sincrético enciende el fuego de una antorcha que se convierte en miles para gritar ¡ESTA  NO ES LA VIDA QUE QUEREMOS! Y ESTAMOS DISPUESTAS Y DISPUESTOS A CAMBIARLO.

Esta hermosa chispa ha encendido esperanzas en distintos corazones que hacen frente a esa indiferencia con la que tanto han contado aquellos criminales que se han organizado para robarnos a todas y a todos.

Esos que nunca han experimentado un golpe de arco, que no conocen la sensación de los pies descalzos, sostenidos por una roca,  en la frescura de un cristalino rio, que no entienden por qué alguien podría ponerse en huelga de hambre contra la corrupción o por pura indignación,  cuando ellos quieren devorarlo todo, esos que no conocen la melodía callejera y que no han escuchado el latir de su corazón al ritmo de un tambor ancestral, esos que creen que la brutalidad, la mentira y la muerte podrán borrar el anhelo de un buen vivir.

Esos que no solo se metieron con la generación equivocada,  sino con el pueblo equivocado.

El pueblo que tiene conciencia de que están ahí porque son parte de la dictadura, que aunque no conoce sus artimañas sabe que siempre tienen un as bajo la manga y que el único diálogo que conocen es el de la trampa. Que tiene la certeza de que si siguen en el poder acabaran con todo.

Que por eso quiere poderes del Estado independientes y sin cola. Que entiende que “El león no mata con las garras o con los colmillos, sino que mata mirando” y ya no soportaremos su mirada. El pueblo que entiende que debemos reparar el tejido social y que solo se puede hacer con la construcción de un nuevo pacto donde estemos todas y todos y donde la guía de las mujeres es fundamental para hacerlo de manera pacífica.

El pueblo que sabe que se golpeó la democracia solo por consultarle. Y que gracias a ese Golpe descubrió que la democracia en estas condiciones no le basta, que quiere comunidad, que quiere vida: una buena vida, que quiere igualdad de derechos, que quiere respeto, que quiere un futuro que ofrecer, que sabe que una nueva Honduras es necesaria.

Una Honduras que matará a este León,  sabiendo donde mirar.

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