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Entre 2014 a 2022 han deportado 96 mil niñas, niños y adolescentes de Honduras

Entre 2014 a 2022 han deportado 96 mil niñas

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Redacción: Viena Hernández

Tegucigalpa. – Del 2014 a la fecha deportaron cerca de 96 mil niñas, niños y adolescentes, mientras que tan solo en 2022 han sido retornados 8, 121.

Estos infantes ya sufrieron o estuvieron expuestos a todo tipo de peligros, y continuarán así debido al constante deseo de emprender un viaje a su suerte por la ruta migratoria, pues en Honduras no ven la forma de tener mejores oportunidades y ayudar a su familia.

Al comparar esos datos con los de 2021, encontramos que hay un incremento de al menos 55% de deportados actualmente, señaló el Director Ejecutivo de la Coordinadora de Instituciones Privadas Pro las Niñas, Niños, Adolescentes, Jóvenes y sus Derechos (Coiproden), Wilmer Vásquez.

“Esto evidencia que el pueblo hondureño sigue huyendo del país pese a los esfuerzos que pueda estar haciendo el nuevo gobierno, la sociedad civil y la cooperación internacional”, manifestó Vásquez.

Un reciente estudio de la Oficina Regional para América Latina y el Caribe donde participaron 122 niños y adolescentes entre los 13 y 19 años de Guatemala, Honduras y El Salvador, en su mayoría mostraron su deseo por migrar.

Sin embargo, su decisión por optar por abandonar su país de origen depende de sus familias, aunque señalaron que sus familiares respetarían sus impulsos por migrar si tuvieran que decidirlo por sí mismos.

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¿POR QUÉ ALGUNOS NIÑOS Y ADOLESCENTES QUIEREN QUEDARSE?

Entre los resultados clave del estudio indicaron que de los niños que participaron, tres de cada cuatro niñas, niños y adolescentes han considerado permanecer en su país de origen o no haber decidido migrar.

La mayoría de las niñas, niños y adolescentes que manifestaron que prefieren quedarse en su país, explicaron que se debe a que desean mantener las conexiones familiares y con su comunidad. De igual forma, consideraron que las áreas donde viven están bien y que creen que pueden lograr su actividad académica y metas laborales en sus países de origen.

Cabe destacar que los hallazgos muestran diferencias en las decisiones de migración de niñas y adolescentes, puesto que siete de cada 10 niñas prefieren irse o no están seguras de permanecer en sus países.

Los países con las mayores tendencias de niñas y adolescentes que quieren migrar o han pensado en hacerlo, son siete de cada diez 10 en Guatemala y ocho de cada 10 en El Salvador.

Lo anterior, según destacaron, evidencia que el deseo de migrar es limitado por roles de género y otras circunstancias. Además, tres de cada cinco adolescentes encuestados prefieren irse o no están seguros de quedarse.

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¿POR QUÉ ABANDONAR SU PAÍS?

Cuando se les pregunto por qué querían abandonar su país de origen pese a conocer los riesgos de la ruta migratoria, los entrevistados respondieron que se debe a las oportunidades de trabajo que ofrecen en otros países, debido a la violencia de género, a causa de la violencia y la inseguridad y para poder acceder a una educación y vida de mejor calidad.

Una de las adolescentes, dijo que si fuera posible conseguir un trabajo y ganar dinero no tomarían la decisión de mudarse a otra ciudad.

Una vez que deciden arriesgarse ante los peligros del camino hacia Estados Unidos, los infantes son los más indefensos y, a la vez, los más vulnerados por el Estado de Honduras.

Muchos emigran no acompañados, otros en compañía de un pariente o de terceras personas, guías o coyotes que los conducen al norte, de forma irregular y sin documentos, con la intención de buscarles un reencuentro familiar, oportunidades y una esperanza de progreso, comentó Vladimir López Recinos, doctor en Estudios del Desarrollo con especialidad en Migración y Desarrollo, para Criterio.hn.

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Lamentablemente, gran parte de esa niñez va perdiendo su inocencia y dignidad mientras intentan llegar a su destino, estos corren el riesgo de ser reclutados y obligados a convertirse en mulas, cargar y pasar drogas, mientras que las niñas pueden llegar a ser esclavizadas sexualmente.

“En el camino se caen, dejan una o dos piernas bajo las ruedas de un tren, y quedan lisiados de por vida, otros mueren o desaparecen., pocos llegan a su destino final para reencontrarse con sus familiares, además, una gran cantidad son detenidos en la frontera, y luego regresados al contexto de desesperanza del que un día salieron hastiados, y del que volverán a salir, mientras sus expectativas no sean mejoradas”, apuntó López Recinos.

No se trata de un fenómeno nada nuevo, desde finales del siglo pasado, existe registro de infantes centroamericanos, no acompañados y sin visas, que circulaban por territorio mexicano e iban a Estados Unidos de América.

Es preciso reiterar que no estamos frente a un problema nuevo, sin embargo, así parecen verlo algunos organismos internacionales y gobiernos de países de origen. Lo anterior, queda en evidencia dentro de diversos informes de organismos de derechos humanos de México, donde revelan que entre 1980-1995 existía preocupación por esos niños, y había desconfianza en que fueran a quedar desamparados, ser víctimas de tráfico o trata.

También, en esos mismos reportes, se hacen mención de las múltiples violaciones a los derechos humanos de los migrantes en la frontera sur de México, precisamente en Tapachula, Chiapas.

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