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El tercer estado en Honduras

Desde la antigüedad occidental, las sociedades han convivido con sectores privilegiados, como la Iglesia y la aristocracia, encargados de administrar el poder económico, físico y moral. Hoy en día, Honduras replica ese modelo estructural: una minoría ostenta las prerrogativas mientras el pueblo, que constituye la gran mayoría, padece la desigualdad. Evocando el espíritu de la Revolución Francesa, en este artículo llamaremos a esa mayoría desfavorecida «el Tercer Estado».

En este sentido, intentaré desmontar algunas ideas colectivas que, de alguna manera u otra, considero nos han hecho estancarnos frente a las causas sociales:

  1. El gobierno, a pesar de ser el gran responsable de mitigar los problemas estructurales del país —como la migración, el desempleo y la falta de acceso a salud, educación y vivienda—, carece de los recursos económicos, técnicos y humanos para lograrlo. Es decir, en el plano pragmático, la política es el escudo que usan los verdaderos poderes para diluir la exigencia popular, transfiriendo ese grito de auxilio de nuestra población a un aparato estatal que es prácticamente un cadáver; un ente inerte que solo aparenta cobrar vida cada cuatro años para vender falsas esperanzas.

A continuación, analicemos la distribución real del PIB; es decir, veamos quién tiene verdaderamente el dinero en Honduras:

                          Fuente: BCH                                                                                                         

  • Entonces, si en este mundo globalizado y de mercado necesitamos recursos económicos para todo, ¿por qué caemos en la trampa de exigirle respuestas a un gobierno minúsculo (en términos de inversión) y en decadencia (en términos de corrupción), en lugar de diseñar mecanismos reales para construir soluciones conjuntas con el sector privado en una sociedad como la hondureña? Después de todo, en toda la región centroamericana han sido, en gran medida, el sector privado y los capitales extranjeros los que han mejorado las condiciones económicas, elevando los índices de desarrollo humano y financiero en países como Costa Rica, Guatemala, Panamá o en el singular caso de El Salvador.
  • En Honduras, la mayor parte del PIB se sostiene en los ingresos generados por los principales productos del país. Específicamente, nuestras industrias líderes son:  

                                                                                                        Fuente: COHEP            

El aporte fiscal que estas industrias brindan al país cubre el 50 % del presupuesto del tesoro nacional, es decir, la empresa privada es el principal aportante del presupuesto del gobierno.

  • En Honduras, el sector privado genera el 83% de los empleos. Toda esta dinámica productiva es la que crea la riqueza sobre la cual el Estado calcula y recauda los recursos para financiar su presupuesto. Desde luego, el sector público devuelve parte de estos fondos a la empresa privada mediante la adquisición de los bienes y servicios necesarios para la gestión gubernamental.
  • La empresa pública no es una agencia de colocación laboral. Sin embargo, vemos cómo los activistas de todos los partidos políticos ocupan, sin mérito alguno, puestos clave con el único fin de asegurarse un empleo bien remunerado durante cuatro años. En realidad, nuestra aspiración social debería ser que la empresa privada sea la que genere y brinde empleos dignos.
  • Como ya hemos argumentado, los pocos fondos con los que cuenta el gobierno para, en teoría, solucionar los grandes problemas de la nación son, en gran medida, malversados; es decir, se desvían cerca de 65,000 millones de lempiras cada año a causa de la corrupción según el CNA.
  • Aun, en el año 2026, un sector de la “izquierda hondureña (entretenimiento para ignorantes)” sigue pensando que la única forma de llegar el poder es a través de la fuerza de las armas y una revolución al estilo Cuba, siguen pensando que la culpa de todos los males que nos aquejan como sociedad es por la culpa de una cúpula económica a la que no le importamos (como si de un padre irresponsable se tratara) y nosotros los pobres vendríamos siendo las eternas víctimas del sistema.
  • Aun en el año 2026, un sector de la “Derecha hondureña (matrimonio por conveniencia)” sigue pensando que la única forma de llegar al poder es a través de la fuerza del dinero y un contubernio obsceno con la empresa privada que solo quiere cuidar su estatus (como si de un padre responsable se tratara) y nosotros los pobres vendríamos siendo las eternas victimas del trabajo mal remunerado.  
  • Cada cuatro años, la mayoría de nosotros, los hondureños, nos dejamos polarizar por políticos inescrupulosos —salvo honrosas excepciones— que nos repiten que la derecha es el enemigo y, al turno siguiente, que la izquierda es la culpable. En realidad, el comportamiento de ambos espectros ha sido errático y lesivo para los grandes intereses de la población; por ello, no deberíamos permitir que nos utilicen como carne de cañón facciones malintencionadas cuyo único fin es sembrar más violencia en nuestra sociedad.
  1. Honduras es un país abrumado por tantos problemas sociales que, en apariencia, carecen de solución. Sin embargo, este panorama se ve agravado porque, como sociedad, apostamos por una estrategia errónea: creer que la clase política tiene las respuestas, cuando carece tanto de las buenas intenciones como del capital necesario para transformar una realidad asfixiada por la violencia, la injusticia social y la corrupción.

Conclusión:

La mejor arma para la revolución en la actualidad es nuestra capacidad adquisitiva. Aunque limitada, son nuestros hábitos de consumo —cómo y qué compramos en el día a día— los que verdaderamente podrían modificar nuestra realidad. En esa medida, a menudo me pregunto: ¿qué pasaría si la empresa privada (los grandes contribuyentes) tuviera a su cargo el desarrollo de un municipio o región y dicha inversión les fuera deducida de sus impuestos y supervisada por el gobierno? ¿Qué pasaría si, en lugar de manifestarnos solo en contra de un gobierno endeble y desprovisto de recursos, protestáramos mediante el no consumo de los productos de una gran corporación? ¿O si, a través de las redes sociales, todo Honduras se pusiera de acuerdo para suspender el uso de los servicios financieros de un banco hasta que este contribuya a la construcción de un hospital en una comunidad necesitada del país?

El tercer estado somos todos los pobres que podríamos transformar, con nuestros hábitos de consumo, una realidad obtusa y abrasiva que tan solo reproduce la miseria; somos todos los que, a diario y como pájaros en medio de la tempestad, volamos buscando un poco de tranquilidad y paz.

  • Periodismo Amplio e Incluyente, nace el 1 de mayo del 2015
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