El éxodo hondureño, Bruno Catalano y Emilio Fonseca Batres

 

Por: Marta Tomé

Miles de nuestros compatriotas, impulsados por la pobreza y la violencia que reina en nuestro país, han decidido emprender un éxodo hacia el norte y se han organizado en «caravanas». Su peregrinar, en su intento de alcanzar la frontera estadounidense, ha logrado atraer la atención de los medios de comunicación internacionales y a través de ellos la del mundo entero.

En Europa, esas imágenes han hecho recordar el éxodo, aún reciente (2015), de los sirios que llegaron hasta las puertas de este continente huyendo de la guerra en su país. Y como en ese entonces, ahora las caravanas de hondureños y centroamericanos han traído a la memoria de muchos el relato bíblico de la huida de Egipto del pueblo de Israel. El éxodo descrito en el segundo libro del Pentatueco.

Pero también los recuerdos que guardan en su memoria de sus propias emigraciones. Algunas causadas por las constantes guerras que se llevaron a cabo en su continente, otras por la represión política, por la pobreza o por las crisis económicas. Un buen ejemplo es el éxodo irlandés ocasionado por la hambruna (1845-1850) que hizo que buena parte de los habitantes de esa isla emigrasen hacia los Estados Unidos donde, sobre todo por ser católicos, fueron blanco de muchas discriminaciones durante mucho tiempo.

Los alemanes también tienen una larga historia migratoria, alrededor del 15% de la población actual de los Estados Unidos está formada por descendientes de alemanes. Además, en Brasil, Argentina, Chile y Canadá hay grandes colonias de inmigrantes alemanes. Todos emigraron huyendo de los problemas que había en su país y pueda que los paralelos con su propia experiencia migratoria hayan influido para que, a raíz del fenómeno de las caravanas, por primera vez la situación de Honduras sea tomada en serio en Alemania. País que es mi segunda patria ya que yo también soy migrante.

Una muestra de que la corrupción, la impunidad y la violación de los derechos humanos en Honduras está siendo tomada en serio en Alemania es que este año el jurado del premio «Solidaridad de Bremen», un galardón alemán que goza de prestigio internacional y que fue instituido por el Senado del estado federado de Bremen en 1988 para honrar a las personas y organizaciones que luchan en sus países por los derechos humanos y contra la injusticia, ha elegido, como merecedores de ese premio, a los hermanos Martín y Víctor Fernández Guzmán en representación de la organización fundada por ellos en Honduras: Movimiento Amplio por la Dignidad y la Justicia (MADJ).

Pero la migración no es un fenómeno social nuevo, ni iniciado por los europeos, sino que se viene repitiendo desde nuestros orígenes, así que la llevamos en nuestros genes. En África, la cuna de la humanidad, comenzó la diáspora que hizo que los humanos llegasen y poblasen todos los otros continentes.

La historia está llena de migraciones que los pueblos han llevado a cabo en todos los tiempos y por todas partes pues cuando el medio ambiente se vuelve desfavorable para los humanos y estos se dan cuenta que se encuentran en un callejón sin salida y que no pueden hacer nada para cambiar la situación que los afecta, para muchos, la única puerta que se les abre es la que los lleva a la emigración, esa puerta que les permite huir de los problemas que los agobian.

Siendo un fenómeno tan antiguo, no es de extrañar que la migración haya sido y siga siendo inspiración de escritores y artistas como lo fue de la famosa novela de Franz Kafka (1883-1924) que él quería llamar «El desaparecido» y que finalmente se publicó con el título de: „América“, continente que se convirtió en la tierra prometida para muchísimos emigrantes de otros continentes. Como para el abuelo paterno y la madre de Donald Turmp. También para los padres de Amy Tan (1952), la escritora china-estadounidense que en sus novelas analiza el significado de ser hija de inmigrantes y de crecer entre dos mundos tan diferentes.

El poema sobre la emigración que un compatriota escribió inspirado en la primera caravana de hondureños tiene una gran afinidad con las esculturas que un artista francés creó en honor a la migración. Y es que el arte, en cualquiera de sus expresiones, es la forma más sensible y delicada de tratar cualquier tema.

El poeta y el escultor a quienes me refiero son coetáneos. Además, contemporáneos nuestros.

Bruno Catalano (1960) es un famoso escultor francés. Nació en Marruecos, pero cuando tenía 10 años sus padres que eran sicilianos emigraron nuevamente, esta vez a Francia. A los 20 años decidió continuar con su vida nómada y se embarcó como marinero. El constante deambular por el mundo influyó en sus esculturas que él llama «Les Voyageurs» (Los viajeros). En ellas ha profundizado el tema de la migración que él conoce muy bien en su propia carne pero que también lo había percibido en sus padres.

En 2013, Marsella fue nombrada la capital cultural de Europa. Para su celebración, el ayuntamiento de la ciudad decidió adquirir algunas de las gigantescas esculturas de bronce de„Los viajeros “de Bruno Catalano pues se estimó que reflejaban la historia de la ciudad. Marsella es un puerto francés en el Mediterráneo que fue fundado por marineros griegos y cuya población ha estado siempre formada en más de un 50% por inmigrantes.

 

     

Muchas de las esculturas de «Los viajeros»  adornan ahora Marsella. Otras están en Venecia que también es un puerto, ya que son los lugares indicados para esas esculturas. Catalano quiso que algunas se colocaran en la costa para que la cercanía del mar les diera el toque final de migración.  Ya sea de partida o de llegada.

 

  

Todas esas estatuas tienen algo en común: les falta una buena parte del cuerpo y llevan una pequeña maleta. Estos dos simples detalles les confieren un surrealismo que impresiona al observar.

Es muy cierto que viajar enriquece, pero también es cierto que emigrar fragmenta. Eso lo sabemos todos los que hemos vivido esa experiencia pues la migración nos despoja de parte de nuestra identidad, nos hace perder parte de nosotros mismos. Lo que Catalano ha sabido plasmar en sus estatuas porque él cree que esa parte no se puede recuperar, que siempre le faltará al migrante. Por eso sus esculturas están incompletas… representando a esos migrantes que se han desprendido de parte de su historia: familia, amores, amistades, experiencias y emociones vividas. Que han abandonado su patria, su cultura, su ambiente, sus raíces.

La maleta contiene toda su vida: los recuerdos y sueños del pasado, pero también los temores, las esperanzas, los retos, las expectativas y la incertidumbre del futuro que puede contener aceptación, pero también discriminación y rechazo. Que puede traer éxito, pero también fracasó. Un futuro que a veces impone otras costumbres, otro clima, otro idioma.

Nota relacionada El éxodo hondureño, un campanazo para los estados neoliberales

Una maleta que permite que la figura alegórica del migrante no se desplome y que se vuelva un símbolo de lo que cantaba Facundo Cabral“No soy de aquí ni soy de allá”

Esas enigmáticas pero originales esculturas impresionan a todo aquel que las observa pues al mezclarse con el entorno que las rodea, no se sabe si están apareciendo o desapareciendo del ambiente. Como son muy altas, lo primero que llama la atención son sus rostros pensativos y melancólicos que reflejan la angustia de la migración, pero a medida que el observador se acerca a ellas sólo le quedan a la vista las piernas y la maleta de ese migrante que no se sabe si acaba de llegar o está por partir. El migrante experimenta siempre la escisión entre emigrante e inmigrante

Como en esta vida tarde o temprano todos somos migrantes, pues no sólo se migra entre países sino también entre ciudades, entre domicilios y hasta entre situaciones, no es difícil comprender el sentimiento que Catalano quiere transmitir en esas esculturas.

Emilio Fonseca Batres (1961) nació y vive en Tegucigalpa, así que es nuestro compatriota. Hace más de 30 años hizo su presentación en la televisión nacional como moderador y coproductor de „Campeonísimos“ y desde hace más de 15 años se ha dedicado a producir el programa de radio y televisión „La otra Honduras“ que también podemos encontrar en Facebook  donde expone, de forma detallada y amena, como su nombre lo indica, datos totalmente desconocidos que no se encuentran ni en los programas educativos ni en los textos de historia tradicional.

Es un poeta, abogado e historiador o un abogado, historiador y poeta o quizás un historiador, poeta y abogado… al final da lo mismo ya que esas tres profesiones contienen algo que las identifica, las tres buscan, o deberían buscar, la verdad y la justicia. Algo que con seguridad se puede decir de Emilio Fonseca. Un compatriota que ha luchado y lucha por la conservación de nuestras raíces históricas como fundamento de nuestra identidad y cultura. A lo que, en Honduras, desgraciadamente, no se le da mucho valor pero que para él no es un impedimento para seguir adelante con su admirable tarea de motivarnos a «los otros hondureños» a interesarnos por nuestra propia historia.

Emilio ha dedicado buena parte de su vida a investigar, analizar y recopilar documentos y datos históricos de nuestra biografía colectiva, por lo que personalmente le estoy muy agradecida pues ha sido su página en Facebook, a pesar de la distancia, la que me ha permitido formar parte de „los otros hondureños“ y encontrar nuevamente ese lazo vernáculo que la migración había fragmentado.

Inspirado en la desesperante situación de nuestros compatriotas y su decisión de huir de ella, Emilio les escribió este poema tan melancólico como sus rostros y los de todos los emigrantes. Melancolía que Catalano ha sabido plasmar en los rostros de sus migrantes figuras.

Tanto la poesía como las bellas artes tienen el don de transmitirnos delicadamente las emociones, sentimientos, ideas y la manera que sus autores ven el mundo…  como es el caso de esta melancólica apología del éxodo de nuestros compatriotas:

——

Se van

porque sus sueños no incluían a la muerte

porque con hambre no se inventan nuevas mentes

porque la risa no se arma con dolor.

Se van

porque la nada no es abrigo ni juguete

porque la rabia no disfraza la intemperie

porque su sangre ya no aguanta para más.

Se van

por un camino que no lleva hacia adelante

porque no hay forma de volver a lo de antes

porque las sombras le ganaron a su sol.

Y se van

hacia una hondura más profunda

hacia la enorme soledad que da el olvido

hacia un desierto de vacíos hecho norte

y que florece solamente por tenerlos.

Y se van

con los bolsillos rebosantes de horizontes

con ilusiones que se olvidan en los montes

con mil adioses que anticipan los dolores

de una esperanza que ya nunca floreció.

 

Emilio Fonseca, 28 de octubre de 2018.

Un comentario en “El éxodo hondureño, Bruno Catalano y Emilio Fonseca Batres

  • el mayo 10, 2019 a las 11:25 pm
    Permalink

    Gracias por tan interesante articulo, le saludo desde Francia..

    Respuesta

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.