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El anticomunismo hondureño del siglo XXI como estrategia del Partido Nacional y Liberal

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Por: Josué Sevilla

En las últimas semanas de cara al proceso electoral del 28 de noviembre del 2021, el Partido Nacional y Liberal pusieron en marcha una campaña enfocada en estigmatizar de comunistas a Libertad y Refundación (LIBRE) y su candidata Xiomara Castro de Zelaya. Algunos eslogan son: «No volverán», «votar por Xiomara es permitir el aborto y el comunismo».

En esta ocasión analizaré el histórico anticomunismo que abanderaron el Partido Nacional y Liberal durante el siglo XX y como resucitaron el fantasma del comunismo en pleno siglo XXI.  

¿Cómo y por qué las élites políticas hondureñas asumieron el anticomunismo? Para responder debemos retroceder a las décadas de 1920 y 1930, cuando apareció el primer Partido Comunista de Honduras (1928-35). La primera generación de comunistas presentó ante la opinión pública hondureña, una agenda social enfocada en promover los derechos laborales, políticas de sanidad y sindicatos dentro de las compañías bananeras, en esas décadas

Promovieron una tipo de prensa obrerista que cuestionó fuertemente a los actores detentores del poder de esos años. El discurso de los comunistas fue chocante pues a través de los periódicos que manejaron – El Forjador (1927), El Martillo (1928), El Trabajador hondureño (1929-30), y Justicia (1932)– señalaron como vende patrias a las élites políticas ligadas al Partido Liberal y Partido Nacional, como Bestia Bananera (primer boletín de la FSH escrito  por Juan Pablo Wainwright en 1930) a las transnacionales norteamericanas, y representantes del imperialismo a los cónsules de la embajada de EUA (Sevilla, 2021).

Su discurso también chocó con el fundamentalismo religioso de la Iglesia Católica. En las semanas santas de 1931 y 1932 el Arzobispo de Tegucigalpa  Agustín Hombach publicó unos panfletos anticomunistas. En el primero (1931), acusó a Graciela García (1895-1995) de promover el comunismo en una escuela nocturna que manejaba la Sociedad Cultura Femenina. En el segundo (1932) manifestó que “El monstruo está a las puertas Sí; Monstruo escapado de los antros infernales; no otro cosa es el odioso socialismo (Posas, 2017, pág. 244)”. La táctica de utilizar el fervor religioso para injuriar a los comunistas fue recurrente durante todo el siglo XX.

Para neutralizar el comunismo en Honduras se promovieron distintas leyes para ilegalizar su accionar político. Liberales y Nacionalistas fueron los autores intelectuales de este tipo de legislación anticomunista.

La primera Ley anticomunista fue publicada el 7 de Marzo de 1946, bajo el Decreto 95 (se conoció como Ley Fernanda ya que fue redactada por el diputado Fernando Zepeda Durón) al final de la dictadura de Tiburcio Carías. Anteriormente a esta ley, Rómulo E. Durón propuso un anteproyecto en 1931, como canciller del Liberal Vicente Mejía Colindres. Este anteproyecto fue desestimado por la Corte Suprema de Justicia (Villars, 2010).

La segunda Ley anticomunista se publicó el 3 de febrero de 1956 y se llamó Ley de Defensa del Régimen Democrático (Decreto 206), durante el gobierno del Nacionalista Julio Lozano Díaz (1954-56) (Alvarado, 1963, págs. 37-43).

La tercera Ley Anticomunista fue publicada el 26 de julio de 1959, con el nombre de Decreto 183, durante el gobierno del liberal Ramón Villeda Morales (Cid, 1983, pág. 151). Este personaje promovió varias acciones anticomunistas.

Desde el punto vista arqueológico –pensando en la génesis de un fenómeno– las oligarquías asumieron como propio el anticomunismo pues no compaginó con la ideología liberal y conservadora que profesaron durante el siglo XX. En este sentido, el anticomunismo de las élites y diferentes actores ligados al poder se volvió antropológicamente cultural. De allí de que fueron activos en la promoción de este tipo de leyes en el país y en su afán anticomunista.

El anticomunismo en el ambiente hondureño se llevó a la superestructura hondureña y fue fomentado a través de la educación, la religión, la ideología, y los medios de comunicación (radio, la TV, y la prensa escrita). A la gente humilde e iletrada se le infundió el temor del peligro que representaba el comunismo.

A pesar de este ambiente hostil los comunistas hondureños lograron incidir en varios espacios de la vida nacional, durante la segunda mitad del siglo XX. Los comunistas se reagruparon en las décadas de 1940 y 1950, alrededor del Partido Democrático Revolucionario Hondureño (PDRH), de tendencia social demócrata. El PDRH, estuvo integrado por jóvenes profesionales de San Pedro Sula y Tegucigalpa, quienes cansados del encierro, entierro y destierro de don Tiburcio Carías comenzaron a cuestionar el régimen cachureco a través de un Periódico llamado Vanguardia Revolucionaria.

Estos actores de la oposición política (el PDRH y los comunistas) hicieron una agenda social que despertó el interés de la clase obrera de los centros urbanos de la costa norte y Tegucigalpa exigiendo 8 horas laborales, seguridad social, código de trabajo, vacaciones, derecho a la sindicalización y una denuncia continua contra las compañías bananeras y el estado en las décadas de 1940 y 1950. En Guatemala los trabajadores habían obtenido estos derechos después de la Revolución democrática de 1944-54. Honduras prestó su territorio durante la administración del nacionalista Juan Manuel Gálvez (1949-54) para que fuera defenestrado el gobierno democrático de Jacobo Árbenz (1951-54). Este hecho fue representado por Ramón Amaya Amador en su novela Destacamento rojo (Sevilla, 2021).

Los comunistas le imprimieron al PDRH el arte de organizar a las masas logrando fundar durante la década de 1950 varias plataformas obreras como el Comité Organizador Obrero (COO), el Comité de Unidad Sindical (CUS), y dos entes que incidieron en la huelga bananera como el Comité de Lucha Obrera (CLO) y el primer Comité Central de Huelga (CCH) de 1954 (Argueta, 2009).

El partido liberal siempre presumió que ellos le dieron al pueblo las mejores conquistas. No obstante, estas banderas de lucha fueron los reclamos que el PDRH, los comunistas y la clase trabajadora exigieron antes de la huelga bananera de 1954. Es decir, fueron ganados a pulso por medio de la protesta.

Durante la segunda mitad del siglo XX, el anticomunismo fue asumido por las Fuerzas Armadas y las iglesias protestantes. El golpe de estado de 1963, posicionó al militar Oswaldo López Arellano (OLA), quien tuvo dos facetas. La primera de intolerancia política (1963-69) y la segunda de apertura democrática (1972-75) en una etapa llamada por la historiografía como reformismo militar.

Durante la década de 1970, las expresiones comunistas hondureñas crecieron sustantivamente logrando introducir una agenda social en el sector obrero, estudiantil y el campesino que cosecho varios logros de contenido social para la sociedad hondureña.

Sin embargo, la actitud anticomunista de las fuerzas armadas fue retomada por Juan Alberto Melgar Castro (1975-78), quien diseñó según Mario Berríos la Doctrina de Seguridad Nacional (DSN). La DSN, justificó el desaparecimiento forzado y la represión contra todo aquello que proviniera de la izquierda. Bajo este pretexto asesinaron líderes estudiantiles, obreros, campesinos y revolucionarios. Durante la década de 1980, los gobiernos de los liberales  Roberto Suazo Córdova (1982-86) y José  Simón Azcona (1986-90) convirtieron a Honduras en la plataforma contrainsurgente y base militar de EUA, nuestro territorio para combatir los movimientos guerrilleros de Guatemala, El Salvador y la Revolución Sandinista en Nicaragua.

La caída del socialismo real de la Unión Soviética en 1991, colapsó el movimiento revolucionario momentáneamente. Los actores anticomunistas en Honduras pensaron que habían derrotado la amenaza roja en nuestro país.

En la década de 1990, los triunfantes anticomunistas hondureños se unieron a la implantación del fundamentalismo económico llamado por la academia crítica como neoliberalismo. Este modelo económico, destruyo las conquistas sociales que tanto le costaron al proletariado hondureño en el siglo XX. Privatizaron poco a poco las empresas estatales y sumergieron a Honduras a una etapa de desesperanza económica, y social la cual seguimos padeciendo, con los 12 años de gobiernos Nacionalistas –Porfirio Lobo Sosa y Juan Orlando Hernández– quienes han profundizado su agenda neoliberal y de narcoactividad.

Sin embargo, el gobierno de Manuel Zelaya Rosales (2006-2009) fue un retroceso a la agenda neoliberal en Honduras. Manuel Zelaya se ganó la simpatía del pueblo con un programa mínimo de reformas basado en recuperar la empresa ENEE (actualmente la EEH), bajos costos del combustible, regulación de la deuda externa con los Organismo de financiamiento Internacional (OFI), y el aumento al salario mínimo. Este último, causo el ataque de la empresa privada hondureña (COHEP) quienes utilizaron sus monopolios de la comunicación como la radio, la TV, y la prensa escrita (El Heraldo, La Prensa, La Tribuna, y el Tiempo), para desacreditar a Manuel Zelaya.

La efímera alianza con el gobierno de Hugo Chávez Frías (1999-2013), y la consulta popular de la Cuarta urna sentenció el progresista gobierno de Mel Zelaya a un golpe de estado perpetrado el 28 de junio del 2009. El Fantasma del comunismo y el anticomunismo resucitó en la cabeza de los actores detentores del poder en Honduras (Sevilla J. , 2020).

Como olvidar los anuncios que patrocinó el facho de Roberto Micheletti Bain (presidente de facto) a través del canal 8 del estado (recomiendo al lector el documental Quien dijo miedo para ver algunos de estos anuncios). El anticomunismo del siglo XXI, de los oligarcas hondureños lo inició el ala conservadora del Partido Liberal. Luego fue retomado por el Partido Nacional en las elecciones del 2013, y 2017.

En consonancia con el resurgimiento del anticomunismo del siglo XX ha llamado mi atención en estos días como el liberal Yani Rosenthal Oliva (ex convicto por narcotráfico), y el Partido Nacional de JOH (líder de cartel de los Hernández), y Nasry Asfura (señalado en los Panamá Papers y quien enfrenta 5 acusaciones por malversación y abuso de autoridad) mantienen el mismo discurso anticomunista en sus anuncios radiales, de TV, y las redes sociales.

El lector debe de entender que este tipo de reacción por parte de los partidos tradicionales, y los actores religiosos (evangélicos y católicos), económicos y militares es natural, dado que sus posiciones anticomunistas son históricas y responden a un patrón cultural. Sin embargo, resulta anacrónico que sigan sosteniendo está campaña cuando la Unión Soviética y el socialismo real ya no existen siendo parte de los restos de la historia política del siglo XX, aunque no la idea de una sociedad más justa.

Son tristes los debates en los que está un cachureco dado su pobreza cultural. Beatriz Valle (candidata a diputada de LIBRE) recientemente cuestionó a la diputada Lizzi Cano (Programa 30/30) y el presidente de la bancada del Partido Nacional Nelson Márquez (Programa La Entrevista de Canal 11) dejándolos en ridículo por sus inverosímiles argumentos. Este partido no ha evolucionado políticamente pues están utilizando el fundamentalismo religioso de los hondureños y una campaña sucia contra la oposición política que lidera LIBRE.

¿Quiénes representa generacionalmente al Partido Nacional? Para el caso tenemos una vieja generación de arribistas integrada por  personas como Oswaldo Ramos Soto (el abogado del mal e intelectual orgánico de la derecha), Antonio Rivera Callejas (su abuelo fue presidente del Congreso Nacional durante la dictadura de Tiburcio Carías), Fernando Anduray (Vocero mediático del Partido Nacional) y la nueva generación con personajes que no presentan una evolución política como David Chávez (acusado de actos de corrupción en el INFOP), y Kilvet Beltrán (un narrador deportivo y tonto útil coaptado por el Partido Nacional).

El señor David Chávez nos ha mostrado el tipo de persona que es en realidad con algunos episodios que circulan en las redes sociales: amenazó al Perro Amarillo (Milton Jiménez) a quien le ofreció sonarles las tapas, y vociferó en un programa con un joven diciendo que Marcos Bográn la cagó. Que terrible sería para los capitalinos que este tipo –que llegó con Toño Chocoyos repartiendo patadas en el CNE– tomará la alcaldía de Tegucigalpa. Sin duda, es la expresión de la mancha brava que formaron los cachurecos en la década de 1960. 

En conclusión, la campaña anticomunista del siglo XXI hay que entenderla como un recurso desesperado por parte del Partido Nacional (y del moribundo Partido Liberal), quienes en 12 años no le han dado una respuesta al pueblo hondureño. Corrupción, violencia, narcoactividad, las ZEDE, neoliberalismo es la herencia que nos han legado los históricos anticomunistas cachurecos y liberales. Tengo la esperanza que a partir de estas realidades la población hondureña decida de manera autónoma e independiente su voto en las elecciones del 28 de noviembre del 2009. Basta ya, del latrocinio e inicuo proceder de las cúpulas del poder en Honduras.

Referencias

Alvarado, R. J. (1963). Las fuerzas armadas, la democracia y el comunismo. Tegucigalpa.

Argueta, M. (2009). La gran huelga bananera. Los 69 días que estremecieron a Honduras . Tegucigalpa: Editorial Universitaria.

Cid, M. P. (1983). La construcción del sector público y del Estado Nacional de Honduras (1876-79). San José : EDUCA.

Posas, M. (2017). Las luchas de los trabajadores organizados (1880-1993). Tegucigalpa: Editorial Universitaria.

Sevilla, J. (2020). A una década del golpe de estado en Honduras: actores sociales y políticos, elites económicas, remilitarización y narcotización de Honduras. Revista de Centroamérica.

Sevilla, J. (2021). El primer Partido Comunista de Honduras (1927-35): organización, La Comintern, antiimperialismo y actores de la época por Josué Sevilla. Cuadernos de historia , 38-50.

Sevilla, J. (2021). Prisión Verde y Destacamento Rojo de Ramón Amaya Amador: Representación política, actores sociales y enclave bananero. Revista Perspectivas Sociales del departamento de Ciencias Sociales de UNAH-VS, 50-67.

Villars, R. (2010). Lealtad y rebeldía: la vida de Juan Pablo Wainwright. Tegucigalpa, Honduras: Guaymuras.

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