Día 23 de la cuarentena. 7 de abril. Semana Santa

 

A 312 sube el número de pacientes contagiados por Covid-19, de estos 76 están hospitalizados estables, 12 graves y 5 en cuidados intensivos. No hubo muertes que reportar por Covid-19.

Por: Fernando Destéphen

redaccion@criterio.hn

Tegucigalpa.- Otra vez Carlos, el dueño del puesto de frutas frente a unos de los supermercados «La Colonia» me dijo que solo tiene tamarindos para jugo, “esto está difícil, no se puede comprar mucho, no podemos entrar” cuenta en referencia a que ya no puede entrar a comprar como antes al mercado Zonal Belén de Comayagüela.

Carlos pidió no ser fotografiado y tampoco su pequeño negocio. Criterio.hn respeta esa decisión por esa razón no hay fotos de él ni de su puesto de trabajo.

Es 7 de abril, desde hace 23 días el gobierno de Honduras decretó una emergencia sanitaria nacional, ¿por qué? El nuevo Coronavirus, el Sars-Cov-19 que causa la enfermedad Covid-19.

Este caliente martes de Semana Santa (31°) no pierde su fuerza al golpear. Las calles están vacías, pocas personas se buscan la vida, el pan de este día, la sal para el huevo. De acuerdo con las medidas del gobierno, solo los lunes, miércoles y viernes, esto de acuerdo a la terminación de la cédula de identidad.

El puesto de Carlos es una casa de dos pisos, con un porche como centro de negocios, unas canastas plásticas acumulan todo: tomates, chile verde, apio, cebollas, bananos maduros, verdes, repollo, lechugas, a veces maracuyás, moras y medicamentos, según los años de estudio de enfermería de Carlos. Medicinas de base: acetaminofén, ibuprofeno, rábano yodado, y otras de dudosa procedencia. Carlos no es médico, pero las pastillas se venden, o bueno, se vendían bien, antes de la crisis sanitaria.

En las calles los carros se pueden contar con los dedos de una mano: bomberos, cruz roja, Hondutel, SANAA, varias motos (de servicio a domicilio no, esas empresas no vienen a Comayagüela). Son las 12 del día un hombre empuja una carreta de paletas, suena la campana, nadie sale, dos palomas saltan desde la terraza de una casa, unos tres metros hacia abajo. La sombra del vendedor de helados no se ve bien, es la hora del zenit. El sol golpea muy fuerte. Del pavimento, a lo lejos se puede ver una distorsión: la temperatura se muestra como una capa de gas.

Doña Juanita de 92 años murió hace dos semanas, tenía más de un mes entre hospitalizaciones, operaciones y reposo. Hace tres semanas la cuarentena evitó que los vecinos se enteran del mal estado de doña Juanita. Al final murió, en su casa colgaron un rótulo que advertía que no se iba a velar el cuerpo, por las medidas de seguridad debido al Covid-19, esta señora era la mamá de Carlos, murió y fue de los primeros velorios vacíos. Pocos, muy pocos familiares, la caravana al cementerio, el ritual y de regreso al encierro. Carlos intenta ocultar el dolor, lo hace bien, continua con la venta, lamentando no poder vender más.

Como es costumbre, ante un escenario como el que el Covid-19 ha creado el miedo se manifiesta en totalitarismo, como las medidas del gobierno y los casi 83,230 millones de lempiras aprobados para enfrentar la crisis por el Covid-19.

El primer desglose del presupuesto de emergencia es así:

Hasta el 20 de marzo se habían asignado 697,2 millones de lempiras asignados a la Secretaría de Salud, la Comisión Permanente de Contingencias (Copeco) y a Invest-H, este primer desembolso fue de 3,800 millones de lempiras.

Luego en sesión en el Congreso Nacional se aprobaron 2,500 millones de lempiras más. Según la información oficial los gastos fueron en compras de equipo de protección, gel antibacterial, equipo médico (sin especificar) y hospitales móviles, sin nombre de proveedores, solo montos unitarios y totales.

Las alarmas de la Sociedad Civil se encendieron, porque compras de emergencia, proveedores desconocidos y mucho dinero en manos de los mismos políticos acusados por la Misión de Apoyo contra la Corrupción y la Impunidad en Honduras (MACCIH), cuestionados y con juicios abiertos por corrupción.

Copeco registró un gasto de 48.2 millones de lempiras en la compra del gel antibacterial base alcohol: dos lotes de 24 millones de unidades. Una de las compras fue en presentaciones de 4 onzas valoradas en 24 lempiras cada una.

La otra compra fue de 71,428 galones, costo por galón: 340 lempiras.

Otro renglón responde al gasto en hospitales móviles por un monto de 5.5 millones de lempiras, hospitales que por cierto nadie conoce o al menos no han sido inaugurados por la maquinaria propagandística del gobierno. Esto en los primeros reembolsos.

En el puesto de Carlos la crisis aún no se nota, pero se notará porque el acceso al mercado Zonal Belén continuará cerrado, o abierto a medias, las compras serán rápidas, de lejos.

Para el analista, Hugo Noe Pino, es importante frenar el contagio y el colapso de un colapsado sistema de salud, pero también deben de existir políticas económicas de recuperación “La proyección del BCH para 2020 es entre 1.5% y 2.5%, aunque lo más probable es que sea menor al límite inferior, y dependiendo de la severidad de la crisis, aún negativo.”

Mientras todo esto ocurre en un primer plano, en segundo plano incuban otras crisis, unas personales: ansiedad, depresión, aburrimiento, para las que tampoco existe un plan de contingencia porque no tienen una forma física, como el Covid-19.

La hora entre las 7 y las 8:00 p.m se ha institucionalizado como la hora oficial de las estadísticas diarias del gobierno, Francis Contreras aparece en un espacio blanco, atrás una pantalla gigante con el logotipo del gobierno de Juan Orlando Hernández, un militar con los brazos cruzados a la altura de la pelvis, siempre con su cara inflexible y ojos abiertos y anuncia los números que muchos no quieren oír, hoy: siete casos positivos de 65 pruebas practicadas.

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