Por: Edgardo Molina
Trabajar es lo que hacemos, no precisamente lo que somos o lo que nos define como seres humanos. Aun cuando empleamos gran parte de la vida en ello, el trabajo es nada más nuestra forma de subsistir. En un país como el nuestro, donde «buscarse la vida» es parte de la cultura del subempleo, rindo homenaje a todos mis hermanos que buscan honestamente el sustento familiar con los empleos más extraños y sacrificados de nuestra amada patria.
Debido a su gran diversidad, me vi en la necesidad de agrupar estos esfuerzos en pequeñas clasificaciones que nos permitan entender no solo el qué hacen, sino el porqué de su lucha diaria:
1. Servicios para el hogar
- Botadores de basura: Personas que recogen desechos en colonias donde el tren de aseo no llega.
- Afiladores: Recorren las calles con piedras y máquinas para afilar cuchillos, machetes, hachas y otras herramientas.
- Buceadores de langostas: Pescadores que se sumergen a grandes profundidades en La Mosquitia, a menudo sin equipo adecuado. Muchos son víctimas del «síndrome de descompresión», que los deja lisiados y en total vulnerabilidad.
- Chapiadores: Encargados de mantener la grama y la maleza cortada en los hogares.
- Deliveries: Servicios de envío y entrega de productos a domicilio.
- Buscadores de tesoros en tiendas de usados: Quienes seleccionan las mejores piezas entre la mercadería de segunda mano para su reventa o colección.
- Zapateros: Artesanos que reparan calzado roto y cambian las «chapitas» de los tacones.
2. Servicios para vehículos y transporte
- Lavadores de carros: Mantienen limpios los vehículos, operando muchas veces en parqueos públicos o centros comerciales.
- Despachadores de puntos de taxis: Organizan el flujo de pasajeros y unidades según su destino, gestionando el orden en los puntos de abordaje.
- Cobradores de buses: Encargados de recaudar la tarifa, ordenar a los pasajeros dentro de la unidad y anunciar a gritos la ruta.
- Cambiaparabrisas: Especialistas que reemplazan hules de puertas y, por supuesto, los parabrisas en la vía pública.
- Cuidacarros: Distribuidos en diversas calles, vigilan los vehículos para evitar robos de partes o de la unidad misma.
3. Entretenimiento, misticismo y ventas
- Músicos callejeros: Desde mariachis con trajes de charro hasta solistas que cantan en restaurantes o transporte público.
- Estatuas humanas: Artistas que permanecen inmóviles emulando esculturas en espacios públicos.
- Brujos y adivinos: Proveedores de esperanza y misticismo. Ofrecen «limpias», «amarres» y lectura de cartas o manos para quienes buscan soluciones sobrenaturales.
- Vendedores de «chica»: Distribuyen la lotería nacional u otras formas de lotería apuntada, ofreciendo la esperanza de un premio económico.
- Canillitas: Tradicionales distribuidores de la edición impresa de los diarios nacionales en los semáforos y calles.
4. Construcción, temporada y medio ambiente
- Recolectores de arena: Extraen arena fina de ríos y quebradas para su uso en la industria de la construcción.
- Vendedores ambulantes de temporada: Comerciantes que ofrecen agua, alimentos, ropa o artículos específicos según la época del año.
- Guardabosques: Protectores de la flora y fauna que vigilan contra incendios forestales y cazadores.
- Pepenadores: Eslabón clave del reciclaje que clasifica desechos y metales para su posterior venta, ayudando a mitigar el daño ambiental.
Conclusión
Al recorrer esta lista de oficios, queda claro que el ingenio del hondureño es tan vasto como su necesidad. Estos trabajos, muchas veces invisibles o estigmatizados, son el motor de una economía de miles de familias hondureñas que se resisten a la pobreza y a la falta de oportunidades.
Estos miles de trabajadores son la mejor forma que encontré de representar la dignidad inquebrantable: la capacidad de transformar el sacrificio físico y la precariedad en el sustento sagrado de una familia.
Finalmente, Honduras no solo se construye en las oficinas de los edificios altos, sino también en las esquinas de los semáforos, en las profundidades del mar y en el eco de los pregones callejeros de aquellos que, con honestidad, «se buscan la vida».
Me despido con un abrazo para todos los trabajadores de Honduras, a través de los versos de Alfonso Guillén Zelaya:
“Lo esencial no está en ser poeta, ni artista, ni filósofo. Lo esencial es que cada uno tenga la dignidad de su trabajo, la conciencia de su trabajo. El orgullo de hacer las cosas bien, el entusiasmo de sentirse transitoriamente satisfecho de su obra, de quererla, de admirarla, es la sana recompensa de los fuertes, de los que tienen el corazón robusto y el espíritu limpio”




