Reactivación económica en la pandemia

Fin de la MACCIH

Por: Efraín Bu Figueroa

A siete meses de pandemia, cinco en Honduras, es claro que, no hay hasta ahora, ningún tratamiento farmacológico preventivo ni curativo que elimine contundentemente la infección con el virus SARS-CoV-2 causante de la enfermedad COVID-19. Hasta la fecha se han producido en el mundo 16,341, 920 casos con una tasa de letalidad de 3,9%.

En Honduras han ocurrido hasta el 4 de agosto 43,794 casos con 1384 defunciones.

Solamente el 0,4% de la población hondureña se ha visto afectada basado en los casos informados por el SINAGER, la cuales como es bien sabido, no son completos, ya que hay subregistro de enfermos y desconocimiento de la prevalencia de portadores asintomáticos.  

La pandemia ya compromete a los 18 departamentos del país; los casos brotan por doquier al igual que su fatalidad en virtud del decadente sistema de salud, cuya oportunidad de rescatarlo en esta crisis sanitaria se está perdiendo, debido a la incapacidad técnica y carencia de liderazgo en la secretaría de salud,  más la brutal y descarada corrupción de funcionarios del gobierno que decidieron hacer jugosas ganancias con los fondos asignados para enfrentar esta tragedia nacional, motivados por la protección que les otorga la débil institucionalidad y un oportuno nuevo código penal garantizador de impunidad.

Se ha iniciado la reactivación económica en fases, siguiendo algunos patrones ensayados en muchos países del mundo. Ello ocurre en el momento en que el número de casos se incrementa exponencialmente, lo que es inadecuado, pero no queda de otra, es consecuencia del mal manejo de la pandemia estos meses pasados.  Es de esperar que el número de casos y fatalidades se incrementará aún más en relación directa a las distintas fases escalatorias de la reactivación económica. La pandemia continuará su camino, pues la mayoría de los hondureños (99%) son susceptibles, es decir carecen de inmunidad contra el virus. En la medida que tengamos más personas incorporándose a sus actividades laborales y de otra índole, el virus encontrará “población virgen” para continuar propagándose, lo cual se potencia con el 35% de individuos asintomáticos que lo andan diseminando en todas las latitudes de la nación. 

La reapertura económica en fases y con medidas de bioseguridad, busca atenuar el surgimiento de nuevos enfermos y evitar que los servicios de salud se vean sobrepasados y eventualmente colapsados, pero no detendrá la pandemia; lo que si ocurrirá cuando se tenga a disposición la vacuna o cuando el 70% de la población se infecte y se genere así la inmunidad colectiva, esto último, si ocurriera, tendría un costo altísimo en miles de enfermos y fallecidos.

El desenfoque de este problema por las autoridades de salud, continúa observándose al no poder utilizar correctamente los exámenes serológicos para el estudio de la seroprevalencia de la infección y con ello decidir políticas públicas para incorporar metódicamente a los trabajadores a sus centros laborales y adicionalmente continuar detectando enfermos y seguimiento de contactos para focalizar y organizar mejor las medidas de mitigación, adoptando, entre otras,  estrategias descentralizadas y mayor participación local comunitaria en la contención de los casos. Los hondureños deben prepararse para convivir y sobrevivir al letal virus hasta tanto se obtenga una vacuna eficaz y segura; esto último parece estar a la vuelta de la esquina.

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