Otras prioridades

Por: Rodrígo Saenz

Columnista invitado

En el 2020 la naturaleza humana empezó a ser modificada de forma obligada, los vínculos humanos quedaron expuestos ante la realidad. Las relaciones humanas quedaron sin capacidad de responder a las prioridades de sus ciudadanos, por causa de la pandemia del Covid-19. Los ciudadanos quedaron reducidos solamente a un número, a una estadística, que escuchamos en la cotidianidad de los medios de comunicación, 20 muertos, 30 recuperados, solamente circulan los números terminados en cero…

Con los números de la incertidumbre presentados a la colectividad, parecen ser cifras llenas de temor, que inundan hasta los pensamientos, sentimientos y la conducta humana. Toda actividad humana está controlada, restringida sin ningún orden de carácter lógico. Como actividad podemos visitar supermercados y farmacias porque son una necesidad “prioritaria” de la población y las demás actividades de la vida están en espera debido a que carecen de utilidad para sus ciudadanos.

Por eso, miles de infantes ausentes de los centros escolares, las bibliotecas, de los libros que cuentan la vida; parece ser números no necesarios para alimentar el espíritu y combatir el estado de inconsciencia de los niños, jóvenes y los adultos; son necesarios, pero no importantes en tiempos de pandemia. Así, quedaremos esperando nuevamente a que miles de niños empiecen a recibir el arte de pensar y reflexionar desde las escuelas.

Las actividades de las escuelas y universidades están cerradas, los libros llenos de polvo y abandonados en los rincones de las bibliotecas o en las mesas de noche de las casas. ¡Será porque dejaron de ser centros que forman pensamiento humano! En esta época vale más un banco abierto, una ferretería que vende hierro, una fábrica que produce camisas y un televisor encendido dentro de la sala de las viviendas.

El hecho que la educación no sea una cifra prioritaria, hace recordar una reflexión del filósofo Nuccio Ordine, en referencia al discurso del Nobel en literatura Víctor Hugo, en 1848 ante la asamblea constituyente francesa la cual parafraseamos: “En tiempos crisis una nación es más necesario que nunca duplicar los cifras destinados a los saberes y a la educación de los niños y jóvenes, para evitar que la sociedad caiga en el abismo de la ignorancia ¿Cuál es el gran peligro de la situación actual? La ignorancia.

La ignorancia aún más que la miseria y el hambre. ¡Y en un momento como éste, ante un peligro tal, se piensa en atacar, mutilar, socavar todas las instituciones que tienen como objetivo expreso perseguir, combatir, destruir la ignorancia! A la enseñanza pública le incumbe la delicada tarea de apartar a miles de ciudadanos y ciudadanas de las miserias del utilitarismo y educarlo en el amor por el desinterés y por lo bello: hay que levantar el espíritu del hombre, volverlo hacia Dios, hacia la Conciencia, hacia lo bello, lo justo, lo verdadero, hacia lo desinteresado y lo grande”.

Cuanta verdad en estas frases, que sigue vigentes hasta nuestro tiempo. Las cifras que en realidad hay que atacar para reducir el hambre, aumentar la educación, y desaparecer la inconsciencia que sufren los ciudadanos y ciudadanas. Se llama ignorancia.  En tiempos donde nos interesa más las cifras de muerte, la magnificación de los sufrimientos y padecimientos humanos que aumentar las esperanzas de otro mundo posible para sus ciudadanos y ciudadanas.

*Los artículos publicados en nuestra sección de opinión, no necesariamente refleja la línea editorial de CRITERIO.HN, su contenido es responsabilidad del autor

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